jueves. 23.11.2017 |
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El alma embotellada de los Arribes del Duero

El alma embotellada de los Arribes del Duero

Os habéis formado en Australia y Californa, dos lugares que distan de la situación actual en España, ¿no teníais un poco de reparo en meteros en un proyecto de estas características aquí?

Sí claro, pero queríamos volver a España. Si te quedas mucho tiempo fuera luego no encuentras el momento de volver. Nos daba miedo, pero con la experiencia y la formación que hemos adquirido creíamos que estábamos preparados para embarcarnos en la aventura. Y ya sabes, que la tierra tira y queremos apostar por ello.

¿En qué momento está la bodega actualmente?

Pues ahora mismo ya formamos parte de la Denominación de Origen, ha sido muy reciente nuestra incorporación. Además, ya tenemos un blanco en el mercado. Lo hemos realizado en conjunto con otra bodega, pero José ha sido el enólogo. Actualmente tenemos un vino tinto que saldrá en mayo y el resto saldrá en septiembre. Lo que pasa es que es un proceso largo y complicado.

Supongo que los procedimientos legales tendrán mucho que ver en ese camino largo y complicado…

Sí, los procesos legales son complicados. Lo que nosotros hacemos es vino ecológico y de momento no tenemos las certificaciones, porque llevará tiempo. Nosotros gestionamos todo el proceso, compramos muy poca uva y nos encargamos de llevar todo el viñedo. La viña tiene más de 80 años y consideramos que la forma de controlar la calidad es gestionándonos nosotros mismos, aunque sí que es cierto que contamos con mucho apoyo. La vendimia la hacemos nosotros.

 ¿Qué es lo que caracterizará a vuestro vino?

Creemos que es muy importante saber decir qué sensación es la que buscamos. Nosotros queremos un vino sencillo, elegante y que sea fácil de beber. Que tenga complejidad de aromas, pero fácil de beber. Queremos que la gente vea y saboree lo bien que hacemos el vino (ríen). El vino tiene que ser honesto, que transmita parte de la zona de la que proviene, y dentro de estos condicionantes queremos ser capaces de llegar a los paladares de la gente. Que sea capaz de transmitir la zona de la que viene es muy importante, porque es una zona muy singular y con mucha variedad de peculiaridades.

En la provincia de Zamora, en concreto, la competitividad en el sector es bastante alta, ¿cómo enfrentáis esta realidad?

Nosotros somos una bodega muy pequeña con una filosofía del sentido ecológico, por lo que creemos que esta característica tiene que aportar un valor añadido en cuanto a calidad, por lo que creemos que seremos diferentes. Está claro que no podemos competir con las grandes bodegas que hacen millones de botellas, es otro nivel, pero en cambio creemos que en el mercado internacional tenemos muchas posibilidades para desarrollarnos. Nacemos con bastante vocación de exportación.

Entonces, ¿en qué lugar se encuentra ‘El Hato y el Garabato’ dentro del sector del vino?

Consideramos que dentro de lo que es un sector súper competitivo y súper difícil, creemos que estamos en un momento en el que hay un nicho de mercado que para los que son muy pequeños como nosotros, cada vez hay más espacio porque la gente busca cosas distintas y la producción ecológica es una de ellas. Además que hacemos un vino con alma y con historia, están hechos con mimo, y eso a la gente le choca hoy en día.

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