martes. 12.12.2017 |
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El ‘Titanic’ de los palitos de helado

El ‘Titanic’ de los palitos de helado

Cuatro estudiantes de Ingeniería Mecánica del Campus Viriato participan por primera vez en el Concurso de Puentes organizado por la Universidad Miguel Hernández de Elche. 

Despacito. Palito a palito. Así han construido cuatro alumnos de la Escuela Politécnica Superior de Zamora este peculiar puente. Sus materiales de obra: 3.500 palitos de helado y 800 gramos de cola

A través de un compañero de otra escuela, este grupo de estudiantes capitaneado por Miguel Clemente conoció el certamen organizado por la UHM de Elche. “Lo vimos práctico, nos gustó y decidimos apuntarnos por hacer algo diferente del día a día de estudio, apuntes y ejercicios”, resume el capataz. 

El concurso se divide en tres categorías: estética, movilidad y peso. Según explica Clemente, la modalidad de diseño está más orientada a arquitectos y la sección de movilidad a ingenieros más curiosos con ganas de “divertirse más”. Por eso, ellos se decantaron por la prueba ‘reina’: la de peso. “Es la que goza de mayor prestigio, participación y exigencia a nivel de ingeniería”, exponen.

Según indican las bases del concurso, el objetivo es que esta estructura sea capaz de aguantar el mayor peso posible. De hecho, en la última edición, la maqueta ganadora logró soportar más de una tonelada sobre su tercio central. 

Ellos estudian Ingeniería Mecánica, por lo que la madera no es, precisamente, su ‘fuerte’. “No es una estructura al uso, los elementos que utilizas están muy lejos de ser elementos constructivos habituales y la ejecución es muy manual, puede haber pequeños fallos que hasta que no lleguemos allí no lo vamos a ver”, comentan. 

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Su experiencia comenzó a primeros de marzo. Puerta a puerta de los despachos, pidieron consejo a los profesores de la Escuela, quienes les facilitaron bibliografía para ahondar en los conceptos teóricos. Solicitaron permiso para utilizar el laboratorio de la facultad y allí montaron el rocambolesco estudio. Previamente, habían pasado por la ferretería más cercana para hacer acopio de los materiales y herramientas esenciales: un par de lijas, una sierra, varios pinceles y unos pesos, además de la cola y los palitos aportados por la organización del concurso.

Así, durante un mes, los cuatro ingenieros se embarcaron de lleno en la construcción del singular puente salvando los escollos que iban surgiendo durante la travesía. “En primer lugar, a la hora del diseño, no puedes afrontar los cálculos de la manera que te enseñan en clase porque se escapa mucho de lo que nosotros vemos por ejemplo en la asignatura de Metales”, argumentan. “También tienes que ceñirte a los palitos, la unión no la puedes calcular bien porque con la cola, sin hacer ensayos, tampoco puedes saber cuánto puede aguantar”, prosiguen.

“Después, a la hora de construir, te encuentras con que el palo tiene una longitud máxima y tú lo puedes acortar pero nunca alargar, entonces tienes que ir teniendo cuidado de dónde coincide cada cosa. También, cuando te coinciden varios palitos en un punto, el proceso es como un laminado, vas haciendo una lámina, encima otra, encima otra, entonces todo lo que esté en el mismo plano no puede ocuparte luego otro plano”, añaden, no sin olvidarse de la complejidad de cuadrar horarios para reunir a todos los integrantes del equipo de trabajo.

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Pese a todo ello, aseguran que la experiencia ha sido buena. El resultado: un puente de 1,5 metros de anchura, 90 centímetros de alto y la luz (distancia entre los dos pilares) de 65 centímetros de alto por 95 de largo. El concepto empleado: el de “funicular de carga”. “El palito está formado por fibras, tienen una dirección, entonces trabajan mucho peor la flexión de lo que trabajarían a presión o compresión, y lo que buscas es que la máxima cantidad de material esté trabajando precisamente en la dirección de la fibra, a tracción o compresión”, explica Clemente. “Encima como estás limitado por peso, ya que no puede superar los 3,5 kilos, te ves obligado a maximizar la eficiencia del material que estás utilizando: con el mínimo, generar la máxima resistencia posible”, concluye.

La final tendrá lugar el próximo jueves 6 de abril en la localidad ilicitana. Tras descartar su primer nombre (‘Lo más importante es participar’), finalmente se han decantado por un título más sutil a la par que premonitorio: ‘Titanic’. “En la Escuela se ve todo a nivel teórico y queríamos salir de esa monotonía, probar qué tal a ver qué de buenos éramos, qué es lo que sabemos hacer, qué no, cómo trabajamos en equipo… enfrentarnos a cosas más prácticas y curiosas. En esta primera edición estamos lejos de tener el conocimiento y la experiencia de otros que han participado, entonces el objetivo es muy humilde: entrar en las bases del concurso y ver en qué hemos fallado”, concluyen. 

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