martes. 12.12.2017 |
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¿Cómo se vive con esclerosis múltiple?

¿Cómo se vive con esclerosis múltiple?

La esclerosis múltiple es una enfermedad neurodegenerativa que se suele diagnosticar entre los 20 y los 40 años generalmente. Se desconocen las causas y la cura y se le suele llamar la enfermedad de las mil caras puesto que afecta a una masa de población muy heterogénea. Desde AZDEM, la asociación local de este trastorno, han querido enseñar a los ciudadanos cómo es meterse en la piel de un enfermo de esclerosis. A través de un circuito sensorial instalado en la Plaza de la Marina, se podía comprobar la manera de realizar tareas cotidianas con síntomas propios de la enfermedad.

Los síntomas más comunes de la esclerosis múltiple son: alteración en la movilidad, problemas sensitivos de visión que implican dolor, pérdida de coordinación y equilibrio, falta de energía y resistencia muscular y déficits en las funciones cognitivas. El circuito mostraba los síntomas relacionados con la pérdida de coordinación, visión borrosa, disminución de la fuerza, desconocimiento de la profundidad espacial y falta de movilidad. El primero de los ejercicios instalados consistió en un recorrido metálico a recorrer con un círculo de metal sin llegar a tocar la vía principal. Fácil, ¿no? La dificultad residía en que se debía realizar con unas gafas de visión borrosa y unos lastres en las muñecas.

Estos accesorios transmitían al usuario la visión borrosa que padecen los enfermos de esclerosis en algunos momentos de la enfermedad y la pesadez muscular que dificulta mucho la vida de los afectados. Realizar una columna de latas sobre una plataforma poco estable  con unas lentas que distorsionaban la profundidad era el segundo de los ejercicios. En el cual, la alteración de la visión propia de la afección mostró cómo los participantes eran incapaces de llevar a cabo una tarea dentro de la normalidad.

Por último, se le entregaba al usuario un guante que simulaba la pérdida de movilidad y de fuerza que se padecen durante el trascurso de la enfermedad. Atarse los cordones, subirse la cremallera del abrigo o abrir unas pinzas, fueron acciones imposibles para algunos de los participantes en el tercer y último planteamiento del circuito sensorial.

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