martes. 12.12.2017 |
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Agustín Crespo, un nuevo diácono para la Iglesia

Agustín Crespo, un nuevo diácono para la Iglesia

No había sitio para más en la iglesia de San Andrés, el templo de nuestro Seminario. La Iglesia diocesana asistió el pasado domingo 18 de diciembre a un acontecimiento de gran trascendencia: la ordenación diaconal de uno de sus seminaristas mayores, Agustín.

Agustín Crespo Casado (Villalube, 1992) actualmente está finalizando sus estudios en la Universidad Pontificia de Salamanca, vive en el Teologado de Ávila –en la capital salmantina–, y los sábados y domingos acude a la parroquia de San Juan (Benavente) para completar su formación pastoral. Primero estuvo 6 años en el Seminario Menor San Atilano, donde maduró su vocación antes de pasar al Seminario Mayor.

En la homilía de la ordenación, el obispo subrayó tres cosas “de las que tienes que estar adornado”, tal como le dijo. La primera de ellas, la fe. “Eres apóstol elegido por el Señor. Sé hombre de fe, siempre. Primero, Dios. Y siempre, Dios. No es importante lo que tú hagas por Dios, sino lo que él hace contigo y en ti”. El segundo subrayado fue la misión: “sé alegre. Que tu juventud rezume optimismo y esperanza”. Por último, el servicio, porque “como el Señor, no has venido a que te sirvan, sino a servir y dar la vida”.

También se dirigió a los padres de Agustín para agradecer la entrega al Señor de su único hijo, y pidió a todos los presentes que “tengáis un corazón generoso para suplicarle a Dios por Agustín, pidiendo para él la fidelidad, perseverancia, responsabilidad... todo lo que necesita para ser un sacerdote santo”. Porque el diaconado es el primer grado del sacramento del orden, antes del sacerdocio y del episcopado.

Desde ahora, y hasta la fecha de su esperada ordenación sacerdotal, Agustín, hecho diácono por la imposición de manos del obispo y la plegaria de ordenación, unido a Jesucristo servidor de todos, sirve en la liturgia y en la caridad, y por ello puede bautizar, presidir la celebración del matrimonio, celebrar las exequias, proclamar el Evangelio y predicar en la Eucaristía, distribuir la comunión y dar la bendición con el Santísimo Sacramento.

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