martes. 21.11.2017 |
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La Virgen de Belén regresa al Museo Catedralicio tras cuatro meses de restauración

La Virgen de Belén regresa al Museo Catedralicio tras cuatro meses de restauración

El Cabildo de la Catedral de Zamora presentaba este martes la restauración de la Virgen de Belén. Una pieza del patrimonio artístico diocesano que se encuentra en el Museo Catedralicio y cuya autoría se atribuye a Sebastián Ducete. El deán de la Catedral y delegado diocesano de Patrimonio, José Ángel Rivera, explicaba que varios expertos han estudiado esta obra perteneciente a la Escuela de maestros de Toro: “Navarro Talegón apuntó a que podría ser de Sebastián Ducete y de Esteban Rueda, pero más adelante Luis Vasallo dice en su libro que es en exclusiva de Ducete”. Por tanto, con total certeza se atribuye finalmente a este último maestro.

En cuanto a la época de realización, Rivera ha asegurado que pertenece al periodo Protobarroco, en concreto entre los años 1613 y 1615. “Se realizó en el primer decenio del siglo XVII, en la etapa de transición entre el Renacimiento y el Barroco”. El delegado diocesano de Patrimonio explicó que la pieza se expuso en la primera edición de las Edades del Hombre en Valladolid en el año 1988; y salió de la Diócesis, por segunda y última vez, para viajar hasta Nueva York donde formó parte de la muestra “Tiempo de Esperanza” en 2002. Tras su restauración, que comenzó en noviembre del 2015, volverá al Museo Catedralicio.

Por su parte, la restauradora de la obra, Patricia Ganado, explicaba que la pieza habría sufrido varias alteraciones a lo largo de los años debido a la exacerbada devoción que se le procesaba a la Virgen. “Lo primero que observamos es que estaba muy oscurecida por la cantidad de capas de aceite que se habían dado para refrescar la obra. Estas aplicaciones provocaron que los estofados se hubieran rozado. La peana estaba recubierta con papel de latón que tapaba los dorados originales y también hubo que eliminarlo. En cuanto a la carnación, se ha eliminado la añadida y se ha conservado la original”.

El sacerdote responsable del Taller Diocesano de Restauración, Bernando Medina, apuntó que lo importante a la hora de intervenir la talla eran “la conservación y la restauración”. Por ese motivo los colores no son miméticos, sino diferenciados para que al acercarse pueda distinguirse el original: “cualquier experto podrá saber que no está falseada”. Además, explicaba que se añadieron tres dedos que faltaban al Niño y dos a la Virgen, respetando la dirección que marcaba la pieza.

También incidió en la idea de que las abrasiones que sufría la talla son productos del “exceso de culto”, especialmente de las mujeres embarazadas o que acababan de dar a luz. Tal era la devoción hacia la imagen que durante la restauración se han apreciado multitud de agujeros que se atribuyen a la colocación de relicarios o exvotos que llevaban los fieles. Otra curiosidad que también indicó es que en la zona del cuello de la Virgen se observaron rozaduras, posiblemente provocadas por los pendientes largos, “como los que usaban las toresanas”, que luciría la Virgen.

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