martes. 17.10.2017 |
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Diana Crespo: “Sorprende el alto grado de generosidad de la gente aun no teniendo para ellos”

Diana Crespo: “Sorprende el alto grado de generosidad de la gente aun no teniendo para ellos”

¿Qué le llevó a querer vivir esta experiencia como voluntaria?
Es el primer año que he podido vivir esta experiencia. Dos compañeros míos de las Siervas de San José, que son las encargadas de esta ONG,  me metieron el gusanillo en el cuerpo. Siempre me había atraído el tema del voluntariado, este año me metí en el comité y empezó a sonar con más fuerza la idea. Me puse en contacto con ellos, hice varias entrevistas y por mi experiencia como maestra daba el perfil para el proyecto de CANAT en Perú.

¿En qué aspectos se centra CANAT en Perú?
Esta asociación se centra en ayuda a niños y adolescentes trabajadores. Los niños y los jóvenes de allí van a la escuela y el resto de su tiempo lo emplean en ayudar a sus padres. Lo que se busca, sobre todo, es que puedan vivir su infancia y encuentren motivación para no dejar los estudios. Tiene diferentes programas en función de la edad. Desarrolla ‘Manitos Jugando’ dedicados a los niños más pequeños y también a las madres. ‘Manitos Creciendo’ enfocado a que los adolescentes aprendan mecánica, cocina, peluquería… y por último ‘Manitos Trabajando’ que fue donde más cooperé.

¿Cuál ha sido su labor allí?
Dentro de ‘Manitos Trabajando’ apoyábamos a los niños escolarmente. El aspecto más positivo de este programa es que los niños podían bañarse y se les daba de comer, para muchos era la única comida del día. Yo, junto con otra voluntaria, María, les presentamos el proyecto ‘Bibliotecas’, con esta propuesta queríamos que gestionaran mejor los espacios de los que disponían y desarrollamos actividades para que pudiesen llevarse a cabo durante todo el curso escolar.

A nivel persona, ¿Qué se lleva de esta experiencia?
Me ha aportado muchísimo, suena a tópico, pero es verdad. Conoces otras realidades, crees que vas con todo sabido y te encuentras con cosas que nunca imaginabas. Sorprende como ellos, que no tienen nada, te ven trabajando y te ofrecen fruta, chicha-bebida típica de Perú-… es alucinante su nivel de gratitud y la sonrisa con la que siempre te reciben.

Tras dos meses viviendo allí, ¿Cuál es el hecho que más le ha impactado?
Cuando trabajas con los niños en las escuelas, ves lo desgastado que está su uniforme, llevan zapatos grandes, etc. Realmente la realidad te impacta cuando haces las visitas familiares. Ver que viven con muy poco, y con casas hechas con materiales muy pobres y en condiciones higiénicas muy pocos favorables. Ser testigo de su realidad fuera de las paredes de la escuela es muy duro.

Trabaja como maestra, ¿Qué diferencia ha notado entre sus alumnos de Zamora y los niños de allí?
Allí los niños no lloran. Debido a sus condiciones de vida, tienen que enfrentarse a problemas propios de los adultos y no les verás llorar. Se enfadaban como todo niño, que es lo normal, pero nunca lloraban. Pese a esa madurez, que no es propia de su edad, eran niños muy cariñosos, te abrazaban, te besa, se reían. Lo más bonito de esta experiencia es que les ayudas a ser lo que son, niños.

¿Con ganas de volver a vivir esta experiencia?
¡Sí!, yo encantadísima. Lo que pasa es que me gustaría conocer otros proyectos distintos a este, una vez que conoces algún caso es un sentimiento de querer volver con ellos, pero a la vez de cooperar con otras causas. Se agradece la confianza que depositaban en los voluntarios desde el primer día. Estoy deseando volver al cole y contarles a mis alumnos la experiencia y que conozcan otras realidades.

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