viernes. 17.11.2017 |
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La suspicacia de Rafael Ángel García 'se merienda' el urbanismo de la ciudad

La suspicacia de Rafael Ángel García 'se merienda' el urbanismo de la ciudad

El antiguo alumno de la Escuela de Magisterio de Zamora, Rafael Ángel García Lozano, regresó este miércoles al Campus Viriato para hincarle el diente al urbanismo de la capital. Con la imagen de un plano aéreo de Zamora, en forma de jamón, García Lozano invitó a los asistentes a degustar el ordenamiento de la ciudad con un tenedor bifurcado en tres dientes “de oeste a este”. Así, el doctor en Historia del Arte de Valladolid (sobresaliente Cum Laude en su tesis) comenzó su simposio analizando la intervención integral realizada en el Castillo para finalizar en la construcción de la urbanización siglo XXI. 

“Hay que rehabilitar, sí, pero también conservar”. Con las imágenes del foso del Castillo repleto de maleza, la desacertada ubicación de los urinarios públicos y un desnivel en los jardines de hasta tres metros, el profesor inició así su paseo por el desarrollo urbanístico de Zamora como un ciudadano más “que va por la calle y se fija en las cosas”. Una lectura de la urbe y una crítica constructiva sin tintes políticos para defender el “no todo vale”. “Formamos una ciudad preciosa que aún puede serlo más, Zamora tiene muchas cualidades que aún no hemos explotado, no porque no la valoremos demasiado sino porque quizá no la conozcamos lo suficiente”, afirmaba. 

Una de las apreciaciones más comentadas fue la utilización de la piedra arenisca pura de las canteras del sur del Duero o de Salamanca en lugar del empleo de la típica piedra zamorana (conglomerado de pudinga). Una falta de cohesión y coherencia que sencillamente exige “sentido común”, según abogaba García Lozano. El estudioso también lamentó el estado de los solares abandonados del casco histórico al que tildó de “ruina”, pidiendo el fomento de políticas que adecenten la zona. El robo de las placas y adornos en bronce de lápidas o estatuas como la de Fray Luis Diego de Deza, el derribo de inmuebles catalogados o la demolición de la capilla del Hospital Provincial fueron otras de las denuncias ilustradas, cada una de ellas con su correspondiente fotografía. 

Pero hubo más, muchas más: la “alergia” de los zamoranos a los adoquines y su posterior pavimentación, las farolas “poligoneras” junto a la muralla, los árboles que tapan las iglesias, la falta de iluminación lateral y trasera de la iglesia de Santiago del Burgo, la rehabilitación del Ramos Carrión “sin palabras”, las pintadas que ensucian las fachadas de infinidad de edificios, la pasarela elevada de las Aceñas de Cabañales, los cuatro tipos de papeleras en la calle de San Torcuato…

En definitiva, un recorrido ‘gastrourbanístico’ que indigestó a más de un asistente con observación de estos detalles que, como se suele decir, finalmente marcan la diferencia aunque en este caso no sea para bien. “¿Han visto ustedes alguna ciudad en el mundo en la que los coches de Policía y los taxis estén aparcados en medio de su Plaza Mayor? Sí, Zamora”.

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