martes. 21.11.2017 |
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Los testimonios de los seminaristas mayores de la diócesis de Zamora

Los testimonios de los seminaristas mayores de la diócesis de Zamora

El Día del Seminario se celebra el día de san José, 19 de marzo, y en las diócesis en las que no se celebra esta festividad, el domingo más cercano. En esta ocasión,  la celebración se adelanta al 13 de marzo para que no coincida con el domingo de Ramos, que es el domingo más próximo. Aprovechando este día, el Seminario Mayor San Atilano publicaba la semana pasada algunos de los testimonios de los seminaristas de la diócesis de Zamora.

Agustín Crespo
¿A quién buscas? ¿Qué pretendes en la vida? Yo busco a Dios, y lo que quiero es hacer su voluntad. Buscar la voluntad de Dios: esa es mi meta, y te la propongo a ti también.
Sé que es una propuesta inmensa y difícil al mismo tiempo: ¿Qué quiere Dios de mí? Buscando una respuesta a esta pregunta entré en el Seminario de Zamora.
Y en esta tarea de búsqueda, me inquietaba pensar que me faltaba una sensibilidad especial para detectar, sentir, descubrir y ver claramente lo que Dios quiere que haga. Pero he descubierto que no se trata de tener línea directa con Dios para que, con claridad, te diga: “Ahora haz esto” y “ahora lo otro”. En realidad no es tan explícito.
Además tenemos una gran suerte, porque, en cierta medida, ya tenemos definida la vocación: Dios quiere y sueña para nuestra vida la capacidad de vivir conforme al Evangelio. Luego cada uno, en función de su vida lo debe ir concretando, descubriendo cual es la opción en la que puede vivir esa vocación con una plenitud mayor. Y para ello, debemos dejarnos guiar por lo que el Espíritu suscita en nosotros. Pero… ¿Cómo sé lo que Dios ha pensado para mí de forma particular? Es aquí donde intervienen la capacidad de buscar y de arriesgar, nuestra disposición de escuchar, tratando de ver qué sentimientos y pensamientos se despiertan en nuestro corazón.
Yo siento, y cada vez con más fuerza, que el plan que Dios ha pensado para mí es el sacerdocio. Creo que Dios me llama a vivir el Evangelio, como sacerdote, sirviendo a su Iglesia.

Millán Núñez
Sentí la llamada al sacerdocio hace cinco veranos, en torno a la JMJ de Madrid. Sentí que algo en mi interior, el Señor me estaba llamando a dar un paso más en mi vida e iniciar el camino para ser sacerdote. Me costó dar este paso y tardé un tiempo en hablar con un sacerdote lo que sentía, porque no es fácil, no sabía cómo explicar que quería entrar al seminario, ni sabía si dejar la carrera de historia que estaba realizando, era todo un reto, ya que se tienen unos planes de futuro que el Señor cambia por completo.
Poco a poco Dios me fue ganando terreno, hasta que en mi cabeza no cabía otra idea para mi futuro que la de ser sacerdote. Una vez que respondes sí a Cristo sientes la alegría de seguir y servir a Jesús. Ya que el Señor nos llama a predicar su Palabra y a servir a nuestros hermanos, porque como decía Juan Pablo II: ¡Merece la pena dar la vida por el Evangelio y por los hermanos!
Este es mi cuarto curso en el seminario, durante este tiempo, el Señor se ha hecho presente en mi vida y poco a poco me ha ido transformando, pero quiero que me siga haciendo conforme a Él, para que en un futuro pueda ser un fiel servidor suyo siendo un pastor misericordioso a modelo del Buen Pastor.
Pregúntate: ¿Qué quiere Dios de mí?, pues Cristo no merece la pena, sino que ¡merece la vida!

Juanjo Carbajo
OBRAS (DE MISERICORDIA) SON AMORES Y NO BUENAS RAZONES
Un día, un buen amigo, no sé si movido por la curiosidad o por un verdadero deseo interior, me preguntó: “¿cuándo sentiste la llamada a ser cura? ¿Qué cambió en ti? ¿Fue algo progresivo o de repente?”, “la verdad… es que no sé cuándo me llamó, debía de estar durmiendo como Samuel o José” le respondí. “Pero sí sé lo que me dijo: ¡Para siempre!”
Ante esto mi amigo se quedó un poco trastocado y me dijo: “¿Y ya está?”. “Sí” le dije, “pero no creas que es nada fácil, hay “para siempre” que duran mientras se pronuncian las dos palabras, los hay que duran lo que un verano y los hay para toda la vida, bueno para más de toda la vida, los hay para siempre”. “¿Y eso en que se traduce en la vida, en ser bueno?” Rápidamente respondí: “No, no basta solo ser, hay que hacer. No basta dar razones, hay que vivir esas razones. No basta dar razones para ayudar a los pobres, hay que ayudarlos, no basta decir que hay enseñar aquel que no sabe, hay que hacerlo”.
Aquel amigo me miró sonriente y me dice: “o sea que consiste en ser como Jesús: decir y hacer, poner tus huellas en sus huellas para que no se borren si no que cada vez dejen más marcada la tierra”. “Eso es” respondí. “Tienes razón, no es nada fácil ese ‘para siempre’ pero si es apasionante.

Antonio Rodríguez
¿Y POR QUÉ NO CURA?
Mucha gente me había hecho esta pregunta, la verdad que en esos momentos yo no sabía muy bien porque. Lo que si sabía es que la respuesta era siempre clara y rápida: NO. Yo no quería ser cura. Estaba estudiando magisterio y no quería complicaciones pues aunque siempre había estado muy cercano a la Iglesia, sobre todo en el ámbito de las cofradías y la parroquia, no era como para ser cura. Pero Dios parece ser que sí que quería, él había pensado en mí aunque a mí eso no me terminara de entrar en la cabeza.
Una noche de verano, allá por Septiembre de 2014 esa pregunta se volvía hacía mí y esta vez era de la mano de mis dos mejores amigos que tomando algo en un bar de repente me dicen “Antonio, y ¿tú por qué no cura? Y todo cambió. Mi respuesta ya no fue un “no”.
Después con el tiempo comprendí todo, como el Señor me había ido hablando desde hacía tiempo por boca de tantas personas, incluso mis padres me llegaron a plantear entrar en el seminario al acabar los estudios de primaria. Ellos ya oían la voz de Dios que para mí era sorda o si la oía pasaba de ella.
Y ahora estoy convencido que aquella noche Jesús me habló por su boca para decirme: ¿Y por qué no cura? Así de simple y así de grande a la vez. Pues es en lo cotidiano, en lo del día a día, en nuestros compañeros de camino donde Dios nos va hablando. Y es que a Jesús le gustan las cosas sencillas y ahí se hace presente. Y así es como di el paso de entrar en el seminario y encontré el lugar que Jesús había soñado para mi desde siempre, mi vocación: ser CURA para el mundo, misionero de la misericordia que Él ha tenido conmigo y que quiero compartir con cuantos más mejor.
Y tú, has dejado que, a través de lo cotidiano, Jesús te pregunte:
-“¿Y por qué no cura?”. Atrévete a escucharle, no te defraudará.

Enrique Alonso
Cuando tenía 15 años, en el verano de 2011, sentí en mi vida la experiencia de soledad profunda y tuve la necesidad de dar una respuesta que fuera más allá "del aquí y ahora".
Volviendo de Zamora, al llegar a Benavente y al pasar delante de una iglesia, sentí la necesidad de entrar en ella, no sé muy bien por qué y me costaría explicar la razón, pero entré, recé y estuve hablando con el sacerdote. A partir de ese momento, el sacerdote me fue ayudando y acompañando en mi vida. Tras este momento sentí alegría y una tranquilidad que no había encontrado hasta ese momento, y aún hoy puedo decir que todavía no me he encontrado con nada similar...
Tengo el convencimiento de que fue una experiencia de Dios... Dios utiliza todo lo que somos, lo bueno y lo malo para ayudarnos y guiar nuestra vida.
El camino no se me ha hecho fácil, pero uno tiene claro lo que Dios quiere en su vida y lo que uno personalmente quiere también, Dios no obliga a nada, solo propone, aunque bien es cierto que cuando uno se encuentra con Dios no puede más que decirle: "Vale, soy tuyo, haz de mi lo que quieras...".

Gaby Carlos Ramos
DE SER UN GUERRERO, A QUERER SER CURA (pero guerrero)
Ya sabéis quien soy, sabéis como me llamo y también sabéis que quiero ser cura, y que para ello me estoy preparando.
Si me preguntáis como descubrí mi vocación, os diría que es extraño de explicar, pues la verdad es que nunca he sido un chaval muy bueno (es cierto que ahora tampoco lo soy jejeje), no he sido ejemplar, y me parecía extraño que alguien se pudiera fijar en mí. Yo pensaba: ¡que chorrada eso de la vocación; simplemente unos pocos, que no tienen otra cosa que hacer, se meten para curas! Y fíjate por donde, el guerrero, que conocía más las baldosas del pasillo que las de la propia clase, dice que quiere ser Cura.
No se explicar cómo fue, algo dentro de mí me rondaba, y era como una idea de ser cura, a la que yo decía que no, que NO QUERO; pero Dios es un poco cabezón (más que yo, que ya es decir), y se empeñó en que me quería a mi… Y es que yo sé, que no soy la mejor persona, ni el más estudioso, ni el más bueno (tal vez sí el más guerrero), pero cuando sientes que tu corazón ya no te pertenece, que está lleno de alguien, no puedes por menos que dejarte llevar.
Dicen que la fe mueve montaña, yo no soy capaz de moverlas, pero, con mi poca fe, puedo día a día escalarlas, y llegar hasta la cumbre de esa montaña que es la vida, esa cumbre que es Dios; y quiero llegar arriba para lanzar cuerdas y así que otros puedan subir por ellas, eso es para mí la vocación, eso es para mí ser cura, ser escalador de la montaña de Dios...

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