sábado. 18.11.2017 |
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La historia de los 'rebeldes de Requejo'

La historia de los 'rebeldes de Requejo'

Antes de que los llamados 'esclavos del Franquismo' continuaran, junto a otros trabajadores libres, con las obras del túnel de Padornelo y con la construcción de la vía para el ferrocarril, el proyecto se había iniciado a finales de 1929 con la puesta en marcha de las primeras perforaciones por la parte de Zamora. Estas labores siguieron desarrollándose con normalidad hasta el estallido de la Guerra Civil, el 18 de julio de 1936.

Para facilitar la presencia diaria de los obreros, el Estado levantó un poblado llamado Santa Bárbara o Nueva Puebla a un kilómetro de distancia de la boca del túnel, según recoge en su archivo la Asociación Ferroviaria Zamorana. El campamento contaba con todos los servicios de una localidad de la época y llegó a albergar a unas 1.500 personas.

Allí se encontraban unos 600 obreros que, en el momento del levantamiento militar, mostraron su disconformidad con el golpe y su apoyo a la República, y lo hicieron tomando las armas. En la noche del 21 de julio de 1936, los trabajadores del túnel se hicieron con diversos explosivos del polvorín de su campamento y atacaron el cuartel de la Guardia Civil de Santa Bárbara. 

En la refriega, resultaron muertos algunos agentes y se produjeron también varios heridos, algunos de ellos, los que intentaron mediar para evitar que la sangre llegara al río. La situación obligó a los guardias civiles que sobrevivieron a huir para salvar la vida y provocó que los mandos militares reaccionaran con una intervención por tierra y por aire que sofocó la resistencia a finales de julio.

El destino de los obreros fue dispar. Muchos de ellos murieron en el ataque militar, otros lograron huir a Portugal o integrarse en las guerrillas formadas en las zonas montañosas de León y Galicia. Otros fueron capturados, llevados a la prisión provincial, ubicada donde se encuentra la actual Subdelegación del Gobierno, y sometidos a un Consejo de Guerra que les condenó a morir a finales de diciembre de ese mismo año. Junto a ellos, cayeron en la tapia del cementerio de la capital los guardias civiles que habían intentado dialogar con los insurrectos.

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