jueves. 23.11.2017 |
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Sonia Calvo planta la seña bermeja en el ‘maratón de los sueños’

Sonia Calvo planta la seña bermeja en el ‘maratón de los sueños’

La concejala del Ayuntamiento de Zamora Sonia Calvo participaba hace una semana en el mítico maratón de Nueva York. Era el primer maratón que corría en su vida y quiso que fuera en un escenario irrepetible, la Gran Manzana. Calvo rememora para zamora24horas los preparativos, las sensaciones y los recuerdos que quedarán imborrables en su memoria para siempre.

Es domingo. El reloj de la Plaza Mayor marca la una en punto. El cielo despejado permite que el sol eleve la sensación térmica en pleno noviembre. Pese a la pérdida hemorrágica de habitantes, la ciudad sigue teniendo vida. Parejas aprovechan los rayos solares para salir con sus bebés, ciudadanos con sus perros pasean por el centro de la ciudad, turistas visitan el casco antiguo de la capital del románico.

Un domingo más para casi todos, menos para ella. Zamora24horas cita a Sonia Calvo en una cafetería de la Plaza Mayor. Esta vez no es para hablar de política, y es que ocupa uno de los sillones del Salón de Plenos del Ayuntamiento de Zamora como concejala. En esta ocasión se habla de vida, de retos, de deseos y de sueños cumplidos.

Puntual a su cita, la edil popular aparece con pantalones blancos impecables, camiseta casual de una conocida marca de vaqueros, y una cazadora negra de cuero. Como complemento, un bolso no especialmente grande pero muy pesado. Y es que dentro está el objeto que ilustra sus desvelos en los últimos meses y el motivo por el que ha sentido tanto orgullo en los últimos días, la medalla de ‘finisher’ de la maratón de Nueva York.

Hace apenas unas horas que aterrizaba en el aeropuerto de Barajas de Madrid procedente de la Gran Manzana. Ni el desfase horario, que no desea ni a su peor enemigo, ensombrece su rostro. Pocas horas de sueño pero una cara luminosa y sobre todo una sonrisa infinita. Hace escasos días cumplía dos deseos, de los siete que se planteó conseguir al alcanzar los cuarenta años.

“Solo me quedaban dos deseos por cumplir y los cumplí a la vez: visitar Nueva York y completar una maratón”, explica satisfecha Sonia Calvo mientras pide al camarero un verdejo de la tierra. “Es el primer vino que tomo para celebrarlo”, desvela la concejala zamorana, que durante más de tres meses ha llevado un entrenamiento pautado y una alimentación controlada para poder participar en la maratón más famosa del mundo.

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“Ha sido un periodo de mucha exigencia para mí, de demostrar la fuerza de voluntad que soy capaz de tener”, reconoce Sonia Calvo, que explica su preparación para llegar en la mejor forma posible al maratón neoyorquino: “Entrenaba tres días por semana corriendo, dos con los compañeros de Triatlón Duero y otro, los sábados, por mi cuenta. En esa jornada de sábado utilizaba la carretera de Almaraz para salir a correr porque es una zona con subidas, bajadas y partes de asfalto muy pegajosas, como las que me dijeron que me iba a encontrar en Nueva York. Además, entrenaba un cuarto día de pilates y un quinto de natación para completar un entrenamiento cruzado”.

Su presencia en la maratón de Nueva York era un sueño. Estrenarse en la larga distancia y hacerlo en la prueba más mediática del mundo. Además, hacerlo por su cuadragésimo cumpleaños y con el respaldo de su familia. “Fueron mis padres los que me regalaron el viaje por mi cumpleaños. Les estaré eternamente agradecida y por eso durante muchos tramos de la carrera pensé en ellos”, recuerda. No obstante, cuarenta y dos kilómetros y ciento noventa y cinco metros dan para pensar muchas cosas. “Pensé en mis padres, en los vecinos de mi pueblo, Riego del Camino, que me animaron mucho cuando fui, en los compañero del Triatlón Duero y en todos los zamoranos que desde que se enteraron que iba a acudir a la maratón me daban ánimos tanto antes de acudir como durante mi estancia allí”, expone, a la vez que confiesa “para irme motivando, en mi mente dedicaba cada kilómetro a alguien en concreto”.

En este sentido, Sonia Calvo reconoce sentirse abrumada por las muestras de cariño recibidas y por la presencia mediática que está teniendo. “Hay muchísima gente que corre maratones”, espeta, aunque la realidad es que es de las pocas mujeres zamoranas que ha tenido la valentía de participar en la maratón de Nueva York desde que se inaugurase en 1970. Y es que atreverse a aseverar que es la única, es demasiado aventurarse.

Su historia también ha resultado llamativa a nivel nacional, de hecho, fue una de las elegidas por el programa ‘tribus viajeras’ para participar en un reportaje que será emitido el año próximo en La2 de Televisión Española. Siete retos cumplidos antes de los cuarenta años y entre ellos el debut en maratones en la Gran Manzana llamaron la atención de Francine Gálvez, que conduce un programa en el que los espectadores descubrirán rutas y lugares emblemáticos de otros países, entre ellos el Maratón de Nueva York.

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“Ha sido una experiencia inolvidable, de las mejores de mi vida”, relata emocionada Sonia Calvo, que reprime alguna lágrima, a la vez que rememora el día de la carrera: “Teníamos que estar cuatro horas antes en la zona de salida, buscar nuestro color y nuestra letra de dorsal para acudir a unos corrales que dividían a los miles de participantes. Hacía frío, lloviznaba y a falta de dos horas nos hicieron pasar el primer filtro. Yo dejé mi sudadera y mis pantalones en una caja, que iba destinada a los más necesitados, y estuvimos dos horas en una explanada de cemento con la ropa de competir, helados de frío. Pero entonces se dio la salida de los élites y el resto nos quedamos allí, contemplando cómo una cantante interpretaba a capela el himno de Estados Unidos, tres helicópteros de policías hacían un vuelo rasante y luego Sinatra. Fue una sensación indescriptible. Solo con eso ya sabía que el viaje había merecido la pena”.

La prueba en sí resultó exigente para Sonia Calvo, no obstante era su primera maratón. Le habían contado que los primeros veinte kilómetros se corrían con la cabeza, los siguientes veinte kilómetros con las piernas, los siguientes dos con el corazón y los últimos 195 metros con lágrimas. “Fue tal cual me lo habían dicho. En la primera parte tuve que regularme mucho porque empecé muy rápido con la adrenalina a tope, disfrutando de todo. En los siguientes noté muchos calambres, pero no me importó, porque tenía claro que mi objetivo no era hacer una buena marca, sino disfrutar de todo lo que veía”, relata Calvo.

Y es que correr por distritos como Staten Island, Brooklyn, Queens, Bronx y Manhattan está al alcance de muy pocos. “Corría a un ritmo tranquilo, escuchaba las bandas de música que estaban colocadas a lo largo del recorrido, disfrutaba con el ánimo de la gente y cada vez que veía españoles me pedían que parase para saludarme, chocarme la mano o abrazarme. De hecho, hubo momentos en los que retrocedía porque me llamaban al verme en la espalda la bandera de Zamora y de España”, sonríe.

Nueva York se paraliza con la maratón y los neoyorkinos se echan a la calle para disfrutar del evento del año, pero entre tanta algarabía, los atletas tienen unos kilómetros para sí mismos: “Cuando atraviesas el puente de Queensboro no hay personas en las aceras. Es el momento en el que reflexionas, piensas. Es el momento de atleta. Yo aproveché para pararme un instante, agacharme e intentar calmar el dolor de estómago fruto del frío que había cogido al inicio de la carrera. Tras recuperarme enfilé la parte final con más motivación”.

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La parte final con las verdes praderas de Central Park terminan de inyectar moral a los corredores, que ya ven el tramo final y corren escoltados por las banderas de todos los países. “Yo no quería que se acabara. Quería seguir disfrutando de aquello. Tenía localizadas las banderas de España porque el día anterior estuvimos entrenando por Central Park”, reconoce Sonia Calvo. Pero alcanzaba la meta y entonces llegaba el momento de recibir la medalla de ‘finisher’. “Ahí me derrumbé de emoción y una voluntaria vino a abrazarme y a darme la enhorabuena. Fue reconfortante”, recuerda.

Tras eso, una bolsa generosa de comida, un poncho para evitar perder todo el calor de golpe y regreso al hotel, tras once horas en la calle, junto al resto de españoles que habían compuesto una amplia expedición de la mano de Marathinez, una empresa que funciona a modo de tour operador de las principales maratones internacionales. Entre la expedición, otro zamorano que también completó la prueba, Jesús Barrigón, que resultó ser un gran apoyo para la concejala zamorana. “La organización de la maratón es exquisita y el hecho de acudir con un viaje organizado te facilita muchísimo las cosas, porque si no, sería casi imposible tener todo en cuenta”, reconoce.

Parte de esa expedición regresó a España horas después de la maratón, pero otro nutrido grupo de españoles, entre ellos la propia Sonia Calvo, se quedaron cuatro jornadas más en la Gran Manzana. Hubo tiempo para hacer turismo, para ver un partido de los Knicks de la NBA y sobre todo para lucir la medalla de ‘finisher’. Y es que la tradición manda que quien termina la maratón debe portar la medalla durante los siguientes días por la ciudad para recibir los parabienes de los ciudadanos. “Allí el maratoniano es un héroe y es tradición que se lleve la medalla por la calle. Te paran, te dan la enhorabuena, te hacen descuentos en tiendas. Te hacen vivir un sueño, de ahí que se denomine ‘el maratón de los sueños'”, zanja Sonia Calvo; que añade un nuevo reto antes de los cincuenta: completar los seis maratones más importantes del planeta, denominados World Marathon Majors: Boston, Londres, Berlín, Chicago, Tokio y Nueva York.

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