martes. 12.12.2017 |
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Balonmano | Liga Asobal

Recital del MMT para derrocar a Irún

Recital del MMT para derrocar a Irún

El Balonmano Zamora MMT Seguros cuajó el encuentro más serio de toda la temporada y deleitó a la grada con una victoria (31-27) que vale su peso en oro, que le permite comprimir la zona baja de la tabla y demostrar a su hinchada y al resto de la liga que tiene mucho que decir en esta competición. Irún intentó de todo para frenar el ataque pistacho, con mixta a Octavio e incluso con doble mixta a Octavio y Jortos, pero los zamoranos aguantaron en el tramo final y consiguieron un triunfo vital. En una tarde en la que todo el equipo compitió a una altura superlativa, el portero Carlos Calle se erigió en uno de los héroes de la tarde.

Cuando parece que el Balonmano Zamora toca techo, siempre se supera. Parecía imposible superar la victoria ante Cangas, pero entonces llegó el duelo frente a Bidasoa, y el MMT Seguros dio un paso más. Y lo hizo en bloque, que es lo que mejor sabe hacer este equipo. Apoyados en un arquero sublime, los pupilos de García Valiente ofrecieron un recital a la hinchada, cuajando el mejor partido de la temporada y desarbolaron a un histórico como Bidasoa Irún, que sin ser uno de los favoritos de la categoría sí que tiene plantilla, nombre por nombre, para alcanzar cotas altas.

Pero en el Ángel Nieto hace tiempo que dejaron de valer los nombres. Los duelos en Zamora se ganan luchando. Los equipos saben que solo hay una forma de llevarse los puntos del Ángel Nieto, por K.O., tirando a la lona al MMT Seguros. Porque los zamoranos nunca huyen del choque, jamás renuncian a un contacto, y no dudan en jugarse el físico aunque el jugador que espera delante tenga una presencia imponente. La lucha siempre existe. Nadie se da por vencido hasta que no queda ni un gramo de fuerza. La consigna es clara, levantarse tantas veces como sea necesario hasta que el cuerpo aguante.

Y este sábado el cuerpo se sostuvo desde el inicio hasta el final. Bidasoa no fue capaz de hacer tambalear al gigante en el que se convirtió el MMT Seguros. No por calidad de plantilla. Fue un gigante porque se apoyó en una afición que volvió a insuflar ánimos alrededor de las doce cuerdas y porque el crecimiento en el juego es evidente. Poco a poco, las alternativas están apareciendo. Ya no es un equipo plano, que se agarra a la inspiración de Octavio. De un tiempo a esta parte, parece que el BM Zamora ha virado ligeramente en su juego. Todos los jugadores suman y eso lo nota el grupo.

Esta vez hubo pocos goles en primera oleada. Bidasoa quiso cortar los goles gratis que siempre intenta cazar el conjunto pistacho con sus veloces extremos. Pero en las últimas semanas, los recursos del Balonmano Zamora son mayores. Ya no solo golpea en carrera. También golpea en estático. La circulación rápida de balón fue la clave para encontrar espacios y alternar, por un lado, las penetraciones por la calle central, y por otro, la verticalidad de los hombres pegados a los costados. Además, apenas hubo pérdidas no forzadas. Todos atacaban, todos anotaban y todos defendían. La máquina estaba engrasada.

Todo funcionaba en ataque. El rival, como suele ser costumbre cuando el duelo se le tuerce, apostó por el abecé ante el MMT Seguros: mixta a Octavio. Los zamoranos se atascaron por momentos, pero el crecimiento también se demuestra en haber aprendido a caminar, aunque sea titubeante, sin el sostén que da Octavio en la dirección. Las defensas de Bidasoa variaban, probaban una doble mixta también sobre Jortos, pero ni así redujeron al oponente.

El Balonmano Zamora estaba embalado y siempre fue por delante en el marcador. Tres arriba al descanso (14-11), cinco arriba en el minuto 36 (17-12) y ocho arriba a falta de diez minutos para el final (27-19). El encuentro estaba encarrilado, y aunque hubo ligeros instantes de incertidumbre, los puntos se quedaron en casa (31-27). Puntos que permiten a los zamoranos salir, después de varias jornadas, de los puestos de descenso y saber que hasta cinco equipos en la zona baja están separados por un solo duelo de diferencia.

El objetivo sigue estando lejos, pero ya empieza a escampar. Ya llueve menos.

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