miércoles. 13.12.2017 |
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Fallece el párroco zamorano Miguel Hernández Martín tras una vida de dedicación en Paraguay

Fallece el párroco zamorano Miguel Hernández Martín tras una vida de dedicación en Paraguay

Nació el 5 de septiembre de 1945 en Arcenillas (Zamora). Es el primer y único hijo de sus padres Salvador Miguel y Bibiana, (en varios escritos aparece como Viviana) quien se quedó viuda muy joven formalizando otro matrimonio de quien Miguel tiene dos hermanos -Rosalía e Isidoro.

Fue bautizado once días después de haber nacido y confirmado el 6 de mayo de 1947 (ya tenía año y medio y parece que fue caminando a recibir el “cachete” del obispo).


En 1958 ingresó en el colegio de Coreses donde cursó el bachillerato. Miguel había perdido a su padre cuando apenas tenía un añito y su madre murió de parto cuando él contaba once años de edad quedando al cuidado de su abuelo. Nunca le faltó el cariño de la familia, su tía Gliceria que vive en Zamora y tiene 98 años es quien más lo ha acompañado.


El 8 de septiembre de 1965 ingresó en el Noviciado de la Congregación del Verbo Divino en Dueñas, terminado el primer año el “seminario” se trasladó a Cizur Menor (Navarra) donde Miguel completó los estudios de Filosofía y Teología después de haber emitido los primeros votos el 29 de septiembre del año 1967. Los votos perpetuos los profesa también el día de los santos arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael de 1972.


El 29 de abril de 1973 en la Capilla del colegio misionero de Cizur recibía la ordenación sacerdotal juntamente con el finado compañero José Silvestre Eguizabal de manos del Obispo José Mª Larrauri. Habiendo recibido destino para Paraguay donde ha permanecido hasta hoy. En Radio Popular de Pamplona en cuanto ellos eran ordenados sonaba aquella canción de Ricardo Cantalapiedra “no queremos a los grandes palabreros” y así ha sido él, pocas palabras y mucho trabajo y acción en beneficio de los demás, con los que siempre ha estado preocupado y ocupado.


Nos consta que ha sido un solícito cumplidor de su deber y amante de su vocación misionera y sacerdotal hasta entregar sus días en las manos del buen Dios. Miguel quiso vivir y morir como Paí en el Paraguay. Nuestro deseo es que tenga un feliz viaje a la Eternidad donde le espera nuestro Salvador. 

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