El COOCYL celebra el éxito de un tratamiento personalizado para devolver la seguridad visual a una paciente tras años de baja visión

“Las luces me deslumbraban por completo. Llegué a tener que parar el coche por miedo. Sentía inseguridad, me temblaban las piernas”, recuerda

COOCYL Sonia paciente Zamora
COOCYL Sonia paciente Zamora

El Colegio de Ópticos-Optometristas de Castilla y León (COOCYL) continúa su campaña #COOCYLConLosPacientes con una nueva historia real que pone el foco en la importancia de los tratamientos visuales personalizados y en el papel del óptico-optometrista como profesional sanitario de referencia en la atención primaria visual.

La protagonista es Sonia Calvo Iglesias, enfermera y paciente con alta miopía hereditaria, astigmatismo y presbicia, que durante años convivió con una importante descompensación visual entre ambos ojos y con un deslumbramiento nocturno severo que llegó a condicionar su vida personal y profesional.

La miopía alta, especialmente cuando existe antecedente familiar, no solo dificulta la visión lejana, sino que incrementa el riesgo de desarrollar otros problemas oculares a lo largo de la vida. En estos casos, el seguimiento continuado y las soluciones individualizadas resultan esenciales para preservar la salud visual.

En el caso de Sonia Calvo, la descompensación entre ambos ojos provocaba que, aunque durante el día pudiera desenvolverse con relativa normalidad, conducir de noche se convirtiera en un auténtico suplicio, y era absolutamente necesario por su trabajo.

“Las luces me deslumbraban por completo. Llegué a tener que parar el coche por miedo. Sentía inseguridad, me temblaban las piernas”, recuerda.

El deslumbramiento nocturno, frecuente en personas con alteraciones visuales no compensadas de forma óptima, afecta directamente a la autonomía, incluso en pacientes que “ven aceptablemente” durante el día.

Un tratamiento a medida: una lente y unas gafas para volver a ver bien

Ante esta situación, Emma Laguna Martín, delegada de COOCYL en Zamora y óptica-optometrista responsable del caso, diseñó una solución totalmente personalizada, combinando una lente de contacto en uno de los ojos con gafas progresivas, con el objetivo de equilibrar ambos ojos y mejorar la calidad de la imagen retiniana.

En su caso, aunque presenta una miopía bilateral importante, la dificultad principal era la gran descompensación entre uno y otro lado, que superaba con creces el doble de graduación. Para corregirla, se optó por adaptar una lente de contacto esférica de –4,50 dioptrías en el ojo izquierdo, el de mayor potencia y el más difícil de compensar solo con gafas. De este modo, la diferencia entre ambos ojos se reduce notablemente y se completa la corrección con gafas progresivas, que compensan el resto de la graduación y el astigmatismo asociado, logrando así una visión más equilibrada, nítida y confortable.

“La diferencia de graduación entre un ojo y otro era muy elevada. Si intentábamos compensar solo con gafas, no conseguíamos una buena agudeza visual ni confort. Optamos por una solución mixta, adaptada a su día a día”, explica Emma Laguna.

La lente utilizada, mensual y de hidrogel de silicona, aporta mayor confort y estabilidad visual, especialmente en situaciones de baja visibilidad, conducción nocturna o condiciones meteorológicas adversas.

Me devolvió la independencia y la seguridad”

Para Sonia, el cambio fue inmediato: “El primer día que conduje de noche con la lentilla puesta sentí una seguridad que no te puedes imaginar. Para mí fue un cambio sustancial. No ver te convierte en una persona dependiente, y yo necesitaba volver a sentirme autónoma”.

Aunque el proceso de adaptación no fue sencillo al principio, el seguimiento cercano fue clave: “Emma me ayudó, me enseñó, me escuchó. Al final todo mereció la pena. Ahora me pongo la lentilla cuando la necesito y sé que puedo hacer mi vida con tranquilidad”.

A la alta miopía se sumaban, además, la presbicia, propia del envejecimiento ocular, y el astigmatismo, lo que hacía aún más necesaria una adaptación visual individualizada.

El objetivo no era solo “ver”, sino ver bien en todas las distancias, con confort y sin fatiga visual, especialmente en una profesión tan exigente como la enfermería.

El valor sanitario del óptico-optometrista

Este caso pone de relieve el papel crucial del óptico-optometrista como profesional sanitario, más allá de la venta de gafas.

“Escuchar al paciente, conocer su contexto personal y laboral y adaptar el tratamiento a su realidad es fundamental”, subraya Emma Laguna. “La formación especializada y la atención personalizada marcan la diferencia”, añade.

Sonia coincide y defiende la necesidad de integrar a los ópticos-optometristas en la sanidad pública: “Son accesibles, cercanos y saben cuándo derivar al oftalmólogo. Muchos problemas de salud general se evitarían con una buena revisión visual a tiempo”.

Además, destaca el trato recibido por su óptica-optometrista, a quien define como “clave” en todo el proceso: “Me he sentido escuchada en todo momento. No se ha tratado solo de graduar, sino de entender cómo era mi día a día, mis miedos y mis necesidades. Esa atención personalizada marca la diferencia, porque no todos los problemas visuales se solucionan igual”, subraya.

Por ello, lanza un mensaje claro a quienes no se revisan la vista con regularidad: “Muchas veces pensamos que vemos bien o que es normal ver peor con los años, y no es así. Yo animo a todo el mundo a hacerse revisiones periódicas y a no conformarse si no ve bien del todo. Cuidar la vista es cuidar tu calidad de vida”.

Una campaña que da voz a los pacientes

La historia de Sonia forma parte de #COOCYLConLosPacientes, una campaña impulsada por el Colegio castellanoleonés para dar voz a personas con problemas y soluciones reales, visibilizar la labor sanitaria del óptico-optometrista y concienciar sobre la importancia de las revisiones visuales periódicas y los tratamientos personalizados.

Bajo los hashtags #VocesCOOCYL, #HistoriasQueVen y #VocesConVisión, la iniciativa recoge testimonios reales que refuerzan la importancia de la prevención, las revisiones periódicas y la intervención temprana de los ópticos-optometristas.

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