Carlos Adeva rompe con la tradición visual de la Semana Santa: “No es un cartel, es una obra. Siempre quiero contar algo con sentido”
Más que un cartel, una obra. El pintor toresano firma una propuesta intensa y simbólica que busca transmitir la esperanza de la Resurrección y el valor del arte barroco contemporáneo, sin miedo a las críticas ni a salirse de lo convencional
La Semana Santa de Zamora ya tiene su imagen para 2026: un cartel oficial diseñado por el pintor Carlos Adeva, cuya obra rompe con la cartelería tradicional y se plantea como un diálogo entre lo sagrado y lo humano. Presentado recientemente por la Junta Pro Semana Santa, el cartel ha generado interés por su intensidad visual, el rigor técnico y la profundidad conceptual de su propuesta.
Adeva explica que el proceso creativo fue uno de los retos más complejos: “Siempre quiero contar algo y busco que tenga un sentido”, comenta. Tras analizar otros carteles de años anteriores y de distintos autores a nivel nacional, decidió que su obra debía centrarse en la Resurrección, porque, en sus palabras, “si no existe la Resurrección no existe la Semana Santa; en la pasión, si hubieran matado a Cristo y no resucita, ahí se hubiera quedado”. El objetivo era transmitir el triunfo de la vida sobre la muerte y la esperanza que esta implica.
Para conseguirlo, Adeva se centró en humanizar la figura de Cristo Resucitado, inspirándose en la talla de Ramón Álvarez. Tomó fotografías desde ángulos bajos para recrear la sensación de elevación y mirada divina, a la vez que aplicó técnicas de luz y composición barroca, inspirándose en los marcos ornamentales y las mesas procesionales, elementos que suelen pasar desapercibidos en la Semana Santa, pero que el artista quiso poner en valor. El fondo rojo simboliza la pasión, mientras que el marco negro representa el luto y la muerte, creando un contraste que enfatiza la fuerza del mensaje.
“Si no existe la Resurrección, no existe la Semana Santa.”
El proceso creativo no fue rápido ni improvisado, de hecho, fueron varios meses de trabajo en los que el propio Adeva ha explicado que comenzó decidiendo la idea central, eliminando elementos hasta quedarse con lo esencial: la Resurrección como eje de la obra.
El cartel no busca ser meramente turístico ni decorativo. Adeva lo concibe como una obra que invita a detenerse y reflexionar, que puede impresionar al primer vistazo y que, al mismo tiempo, ofrece múltiples lecturas: “Yo la considero que no es un cartel, es una obra. Aunque hace función de cartel, funciona como obra que invita a no pasar desapercibido. Puede ser hasta un poco aberrante, pero si te fijas, puedes dialogar con él mirándolo”, asegura el artista.
Sobre la recepción y las críticas que suelen acompañar a cualquier propuesta artística vinculada a la Semana Santa, Adeva se muestra consciente y pragmático: “Siempre que sea una crítica constructiva, argumentada, pues bienvenida sea. Pero si es una crítica que no le gusta, bueno, pues no le gusta. Yo no pretendo gustarle a todo el mundo. A mí tampoco me gustan muchas cosas. Ya está. Es lo normal”. Para él, la autenticidad y la coherencia con su lenguaje plástico son más importantes que agradar a todos, y considera que su trabajo debe respetar su estilo y su compromiso con el arte, no con la polémica.
“Puede ser hasta un poco aberrante, pero si te fijas, puedes dialogar con él mirándolo.”
La técnica utilizada combina acrílico sobre lienzo con pinceladas sueltas, pensadas para que la obra funcione tanto de cerca, apreciando cada trazo y la textura orgánica de la pintura, como de lejos, captando la fuerza del conjunto. Adeva evita la precisión fotográfica y el acabado liso, porque lo que busca es resaltar la materia, lo orgánico y el carácter táctil de la obra, como explica: “No busco que quede como una foto. Busco la materia, lo orgánico, lo que es propio de mi trabajo normalmente”. Cada pincelada, suelta y visible, refleja su estilo habitual en murales y lienzos, pensado para que la obra dialogue con quien la contempla.
Además, ha cuidado con especial atención los detalles barrocos, desde las texturas hasta la composición del marco, incorporando guiños a las mesas procesionales y a los ornamentos de las imágenes, homenajeando la riqueza artística de las procesiones zamoranas y su patrimonio cultural. Sobre este punto, Adeva comenta: “A veces nos fijamos solo en las imágenes y pocas veces en los detalles de las mesas. Quise poner eso en valor”. Cada elemento, desde la iluminación hasta la perspectiva de Cristo, fue pensado para generar un diálogo visual con el espectador, transmitiendo profundidad, solemnidad y un sentido de elevación espiritual que va mucho más allá del simple cartel.
Con esta propuesta, Zamora incorpora al imaginario de su Semana Santa una obra que trasciende la cartelería, convirtiéndose en un símbolo de fe, arte y reflexión, capaz de generar debate, admiración y diálogo. Los 15.000 ejemplares impresos llegarán a diferentes puntos oficiales de la ciudad y serán un anticipo visual de la Semana Santa 2026, invitando a locales y visitantes a contemplar y reinterpretar la pasión, la muerte y la resurrección desde una perspectiva contemporánea.
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