La S.I Catedral de Zamora acogió en la noche del Sábado Santo la Vigilia Pascual en la que se celebra la Resurrección de Jesús. Durante esta celebración, la Iglesia espera  la Resurrección del Señor y la celebra con los sacramentos de la Iniciación Cristiana. La celebración, presidida por el obispo diocesano, comenzó con el lucernario a las 23:00 horas en el atrio del primer templo diocesano.

La hoguera se prepara para la bendición del fuego nuevo, cuyo resplandor debe ser tal que disipe las tinieblas e ilumine la noche. El cirio pascual, para la veracidad del signo, ha de ser de cera, nuevo cada año, único, relativamente grande, nunca ficticio, para que pueda evocar realmente que Cristo es la luz del mundo.

Tras el encendido del cirio pascual, los fieles acceden al templo portando velas y tras ellos el obispo, el deán y algunos miembros del cabildo. Una vez en el interior de la catedral, todos encienden sus velas. Este momento culmina con el canto del pregón pascual.

Durante la segunda parte de la vigilia se pronuncian las siete lecturas del Antiguo Testamento, la Epístola y el Evangelio. Para culminar con el solemne canto del Aleluya y el salmo 117.

En la homilía, monseñor Fernando Valera pidió a los presentes que mantuvieran la fe en el Señor, a pesar de que en ocasiones parezca “un delirio” como les sucedió a los discípulos en aquel momento.

“Hoy en esta Pascua en Zamora se nos vuelve a decir: no busques entre los muertos al que está vivo, no te quedes en la desesperanza y centrado en tu dolor. Recuerda tu vida y tu fondo de fe, trae a este pueblo zamorano el mensaje de esas mujeres que amaban a Jesús. Ellas anunciaron esto a los once. Ellas siguen siendo las testigos privilegiadas del Señor. Hoy se nos recuerda que no caminamos solos por la historia, somos los hijos de Dios”, predicó el obispo.

Por último, pidió a la comunidad presente en la catedral: “anímate y anúncialo a los demás, Cristo ha resucitado” y finalizó deseando a todos una “feliz Pascua”.

En la tercera parte de la vigilia, tuvo lugar la liturgia bautismal o la renovación de las promesas del bautismo y la profesión de fe. Tras ello dio comienzo la eucaristía que finalizó con el cántico del Regina Coeli (Reina Alégrate). Se da la circunstancia que  la catedral de Zamora es sede canónica de la Hermandad Penitencial de Nuestra Señor Jesús de Luz y Vida y, por ello, se celebra una procesión con la imagen titular hasta un mirador de la ciudad desde el que se observa el cementerio San Atilano. Una imagen que simboliza el mensaje de esperanza de Jesús resucitado a los fallecidos.


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