La ciencia también se escribe en femenino
Cada 11 de febrero se celebra el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia.
Según recoge Naciones Unidas, la ciencia y la igualdad de género son vitales para realizar los Objetivos de Desarrollo Sostenible, incluidos en la Agenda 2030. En los últimos 15 años, la comunidad internacional ha hecho un gran esfuerzo inspirando y promoviendo la participación de las mujeres y las niñas en la ciencia. Desafortunadamente, ellas siguen enfrentándose a barreras que les impiden participar plenamente en esta disciplina.
De acuerdo con un estudio realizado en 14 países, la probabilidad de que las estudiantes terminen una licenciatura, una maestría y un doctorado en alguna materia relacionada con la ciencia es del 18%, 8% y 2%, respectivamente, mientras que la probabilidad para los estudiantes masculinos es del 37%, 18% y 6%.
Con el fin de lograr el acceso y la participación plena y equitativa en la ciencia para las mujeres y las niñas, y además para lograr la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres y las niñas, la Asamblea General de las Naciones Unidas decidió proclamar el 11 de febrero como el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia.
Asimismo, la exposición ’30 pioneras y Zamora’ celebrada en la capital en los últimos meses, reivindicó “el lugar que nunca debieron dejar en nuestra memoria” muchas mujeres pioneras que el tiempo y las circunstancias arrinconaron al olvido.
La muestra, exhibida en el Antiguo Palacio de la Diputación Provincial, supuso el desembarco de la Fundación Ortega-Marañón en Zamora y, por ello, desde la institución también quisieron rendir homenaje a zamoranas que destacaron en la ciencia y otros campos como Carlota Rodríguez de Robles Junquera, Cándida Cadenas Campo, Delfina Matilla, Josefa Casaseca o Laura Iglesias.
Carlota nació en San Cebrián de Castro en 1907. Se licenció en Químicas por la Universidad Central de Madrid con Premio Extraordinario y publicó cuatro artículos científicos mientras investigaba en el Instituto Nacional de Física y Química. Más tarde, terminó su carrera docente como profesora de Física y Química del Instituto Complutense de Alcalá de Henares.
Cándida era natural de Villaquejida (León) y fue médica y profesora de Educación Física. Fue becada para estudiar en el St. Catherine’s College (Minnesota) en el curso 1922/1923 y allí recibió el encargo de organizar los estudios de Educación Física en Argentina pero prefirió volver a España para residir con sus padres en Zamora. En 1926 le fue denegada su petición de título de profesora de Educación Física en la Escuela Central de Gimnasia de Toledo por entender el tribunal que era “elemento de distorsión la presencia de una mujer en la escuela”.
Como respuesta a esta negativa, Cándida organizó en Zamora, en 1927, un curso de perfeccionamiento sobre Educación Física femenina que se aprobó por Real Orden en el mes de mayo y, poco después, se licenció en Medicina por la Universidad de Salamanca. Fue condecorada con las órdenes de Alfonso X (1940) y Alfonso XII (1927) y recibió la medalla al Mérito Deportivo por la Delegación Nacional de Educación Física (1963) premiando sus méritos contraídos en los campos de la educación, la ciencia, la cultura, la docencia y la investigación.
Por su parte, Delfina se licenció en Medicina y fue médica encargada de la sección de bateriología de la provincia de Zamora. Josefa impartió conferencias divulgativas sobre inmunidad y representó al colegio oficial de Zamora en la XV Asamblea de la Unión Farmecéutica celebrada en Barcelona en 1927 mientras que Laura fue profesora de investigación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas.
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