El Cristo de Valderrey, la romería que une historia, fe y tradición a las puertas de Zamora
La ciudad vuelve cada segundo Domingo de Pascua a uno de sus enclaves más simbólicos, entre Valorio y La Hiniesta, en una cita marcada por siglos de devoción
Cada primavera, cuando llega el segundo Domingo de Pascua, Zamora mira hacia Valderrey. Allí, a las afueras del bosque de Valorio y camino de La Hiniesta, se celebra una de las romerías con más arraigo de la provincia, en torno a la ermita del Cristo de Valderrey, un enclave donde la historia y la tradición se entrelazan desde hace siglos.
La imagen que centra la devoción es un crucificado gótico tardío, reconocible por su característico faldón rojo, convertido en símbolo popular de esta celebración. Una talla cargada de historia que, generación tras generación, ha sido llevada incluso por un solo devoto, manteniendo viva una tradición singular que en los últimos años se ha adaptado con el uso de pequeñas andas.
Pero Valderrey es mucho más que una romería. Es un lugar documentado desde el siglo XIII, con referencias como el testamento del obispo Pedro II en 1302, que ya menciona este espacio de culto. Un enclave que ha sobrevivido al paso del tiempo como testigo de la evolución de Zamora, desde sus orígenes medievales hasta la actualidad.
La actual ermita, levantada a partir del siglo XVII, forma parte hoy de la parroquia del Espíritu Santo, aunque su propiedad corresponde a la cofradía fundada en 1722. A su alrededor, la pradera y los elementos que la acompañan —como el crucero o las cruces del entorno— completan una estampa reconocible para cualquier zamorano.
Además, el lugar mantiene vínculos con otras tradiciones clave del calendario local. Durante la romería de La Hiniesta, la Virgen de la Concha hace parada en este punto, donde se cumple un antiguo ritual: la imagen es apoyada sobre un montículo de romero frente al Cristo, en un gesto cargado de simbolismo y devoción popular.
No es casualidad que Valderrey haya sido también un punto de referencia histórica en la vida económica de la ciudad. Sus viñedos formaron parte de las primeras dotaciones vinculadas a Zamora desde la llegada de Alfonso III al Duero en el año 893, consolidando este espacio como un enclave estratégico y simbólico.
El día grande llega con la romería. La imagen del Cristo es trasladada en procesión hasta las inmediaciones del puente de Croix, en pleno Valorio, donde se realiza la tradicional bendición de los campos. A partir de ahí, la jornada se transforma en convivencia: familias, grupos de amigos y peñas llenan la pradera en una celebración que mezcla fe y encuentro.
Una cita que es, en esencia, memoria colectiva de Zamora, aunque no siempre acompañada por el buen tiempo. El pasado año, la lluvia impidió disfrutar plenamente de la jornada, dejando a muchos con ganas de regresar. Este año, la ciudad espera reencontrarse con una de sus tradiciones más queridas.
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