Entrevista | Fernando Valera, obispo de Zamora: “Quiero servir a la sociedad zamorana y a su cultura”

El obispo de Zamora, Fernando Valera, atiende a zamora24horas en una amplia entrevista concedida a este periódico digital. Una entrevista que trata de dar a conocer un poco más los orígenes del que es, desde este pasado fin de semana, máximo responsable de la Diócesis de Zamora. Valera no esquiva ningún tema y habla sobre Semana Santa, eutanasia, Ley de Educación o la ausencia de representantes institucionales en la celebración de su toma de posesión el pasado sábado en La Catedral.

 Obispo zamora valera 01
Obispo zamora valera 01

Nombre completo, edad y lugar de nacimiento
Fernando Valera Sánchez, tengo 60 años, nací en un pueblo de unos 12.000 habitantes que es Bullas, de la provincia de Murcia.

¿Cómo recuerda sus primeros años de la infancia?
Mis padres eran José y Catalina. Mi padre era agricultor y mi madre modista. Tengo dos hermanos, los dos mayores que yo. Nací en una familia normal y recuerdo una infancia feliz. Digo que el Señor siempre me ha regalado la alegría, el ir a la escuela, la casa de mis abuelos, el jugar, los vecinos… En mi calle éramos una docena de niños todos de la misma edad. En definitiva, el Señor me dio la alegría de vivir esa edad.

Como cualquier niño, iba al colegio, tenía su grupo de amigos. ¿Qué hacía cuando terminaba el colegio y los deberes?
Hay dos periodos. Soy del último curso del antiguo Bachiller, entonces el Bachiller lo empezábamos con diez años. Hasta los diez años fui a la escuela en mi pueblo. Era un tipo de enseñanza muy distinto a ahora, estábamos más horas en la escuela, era jugar en la calle, al fútbol, pelearnos con los niños de la calle de al lado, lo normal de esa edad. Con diez años ya empiezo el Bachiller y en mi pueblo no había instituto, y tenía que ir al pueblo de al lado que estaba a 18 kilómetros. Eso cambió todo. Teníamos que salir muy temprano, a las siete de la mañana salía el autobús, volvía a las siete de la tarde y estábamos en una situación dura, porque estudiar era difícil por eso, porque estábamos todo el día fuera de casa. Pero del grupo del instituto, como estuvimos siete años juntos, tengo amigos entrañables, que nos seguimos viendo, nos juntamos a comer… es gente que es casi de mi familia.

¿Tiene alguna anécdota, alguna historia concreta, un recuerdo que guarde con especial cariño de esa etapa de infancia?
Recuerdo siempre con mucho cariño a mi abuela Rosario. Ella se quedó viuda y se centró en los tres nietos menores. Nos llevaba a Madrid, a la playa, a los baños termales… Fue el encanto de compartir con mis primas y ella esos momentos de la infancia. Se me ocurre ese porque mi abuela era muy entrañable para mí.

¿Era un estudiante aplicado?
La primera etapa sí, pero en la adolescencia cuando uno se pone tonto, se pone tonto... (risas) Todos hemos sido adolescentes y dejé de ser un alumno aplicado y tuve problemas de conducta y en los estudios. La adolescencia la viví así. Luego cuando empecé la carrera ya cambió todo, otra vez.

¿Más de ciencias o de letras?
Yo he sido de ciencias y sobre todo la rama de Geología, Biología y Química porque me gustaba el mundo del campo, de la tierra. Yo hubiese hecho Agronomía, que es lo que hice en COU en ese marco de estudios.

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Van pasando los años, ¿en qué momento le llega la vocación?
La vocación me llegó haciendo COU y era ya un cristiano comprometido como joven. Tenía clara esa experiencia de sed de Cristo. Planteándome el futuro me vino la pregunta, de por qué no. Y esa pregunta me fue embargando y esa manera de atraerte el Señor hacia el sacerdocio. No tenía muchas respuestas, pero fui muy bien acompañado por los sacerdotes de mi parroquia, por la religiosa que estaba con nosotros y así me fui al Seminario.

¿Qué papel juega su familia desde ese momento hasta ahora?
He sido de familia religiosa, sobre todo mi madre. Para mis padres fue una alegría que yo fuese al Seminario y que fuese sacerdote. Y mientras vivieron yo me sentí muy acompañado de ellos. Mi padre ya estaba jubilado desde que fui sacerdote, iban y venían a mi casa cada semana o cada quince días. La última etapa con mi madre, ya viuda, se vino a vivir conmigo. La relación ha sido muy estrecha con mis padres. Y con mis hermanos también, sobre todo con el que vive en Bullas. Con mi hermano que vive en Cuenca, tengo otro tipo de relación, pero también muy entrañable.

Pasan los años y llega a Zamora. ¿Cuándo y cómo recibe la noticia de que se va a convertir en obispo de Zamora?
El día 13 de octubre de este 2020 por la tarde, sobre las 16.20 horas habíamos rezado el rosario en el seminario recibí una llamada del Nuncio. Primero me pareció increíble y una vez superados los nervios y el shock inicial, me senté, lo hablé con José Manuel y pedí permiso para hacer mis consultas de conciencia. Luego tuve el atrevimiento de aceptar (sonrisa), porque luego me he preguntado cómo he tenido el atrevimiento de aceptar. Pero he querido buscar la voluntad de Dios, no por merecimiento, pero buscando ponerme en las manos de Dios.

¿Qué es lo primero que se le viene a la cabeza cuando le dicen: Zamora?
El Papa te ha elegido para Obispo, así que el primer pensamiento es lo que significa ser obispo. Y luego Zamora. Uno no piensa en Zamora. Nuestra realidad es por la zona sur, pero ese pensar que te vas al origen de esta nación, con esas raíces cristianas… Tenía esa imagen de Zamora, de ser raíz de esta nación e iglesia, una imagen bonita.

¿Conocía la ciudad, tenía referencias de la provincia y de su diócesis?
Muy poco. Hacía más de 20 años que no había venido a Zamora. Había estado en Toro y Zamora y tenía recuerdos de la Catedral. Solo conocía a Francisco García Martínez, ahora Decano de Teología en Salamanca, que fuimos compañeros en Roma. Era la referencia más cercana que tenía de Zamora.

La presentación que hace el administrador diocesano en su toma de posesión no es muy alentadora. Es evidente que tiene ante sí un reto muy difícil.
Es difícil que yo caiga en el desaliento en algún aspecto. Las dificultades hay que aceptarlas y son un reto apasionante para servir, entregarse, sembrar el evangelio y aquí hay raíz y mucha vida cristiana y evangélica. De eso voy a aprender. No solo das, sino que cuando das también recibes mucho.

Por cierto, en la ceremonia finalmente no hubo representación institucional, ¿qué opinión le merece?
A mí me resulta un poco extraño, sobre todo por la iglesia de Zamora. Me resulta extraño que sus instituciones nos excluyan… En cierta medida hay cierta marginación y me parece sorprendente.

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¿Es muy diferente la realidad social y eclesial de su tierra y Zamora?
Es distinta. Hoy la población está muy por el mediterráneo, por el sur, por el centro en la zona de Madrid y la zona norte. Es una realidad social, cultural, distinta y diferente, sí.

Uno de los problemas que enumeró el administrador diocesano es que viene a la denominada España Vaciada y con pocos curas, ¿le preocupa?
Trabajaremos vocacionalmente. No soy de la opinión de que hay pocos curas, creo que hay un buen grupo de curas para servir a esta iglesia y tenemos que trabajar vocacionalmente y tenemos que invitar a seguir a Cristo. Tenemos que trabajar en todas las vocaciones: la vocación al matrimonio, la vocación en la vida religiosa, la vocación sacerdotal y la vocación a los movimientos, grupos apostólicos…

¿Cuál es la agenda del obispo en su primera semana en Zamora?
Le dije al administrador diocesano que él se encargase de la agenda este primer mes. Este lunes he atendido a los medios de comunicación, por la tarde empiezo con los sacerdotes y el martes vamos a una reunión del Patronato de las Edades del Hombre y seguiré hablando con sacerdotes. El miércoles: colegio de consultores, consejo de economía; el jueves arciprestes… En fin, ya tenemos una agenda muy completa.

¿Le han hablado de la Semana Santa y todo lo que implica?
Estoy deseando ver las procesiones. Espero que este año puedan salir las procesiones y participar en todos los actos que pueda. Quiero estar cercano a esta realidad de religiosidad popular. Es una oportunidad para mostrar el evangelio y la junta directiva de la Junta Pro Semana Santa, con la que ya he estado, tiene muchas ganas de hacerlo bien y de anunciar a Jesucristo a través de esta realidad.

Los últimos obispos de Zamora han tenido caracteres diferentes. Todos han sido cercanos a los fieles pero no todos han sido cercanos a la sociedad. ¿En qué línea se posiciona usted?
Quiero servir a la sociedad zamorana y a su cultura. La iglesia tiene que poner su grano de arena y en todo lo que nos pidan colaboración vamos a estar. Lo nuestro es servir y vamos a servir y colaborar en todo lo que podamos. En todos los estamentos es más lo que nos une, siempre, que lo que nos separa y trabajaremos en ello.

La ley de educación y la de la eutanasia son dos de los grandes proyectos del gobierno, ¿qué opinión le merece?
Creo que nosotros en el tema de la educación debemos ir en la idea en la que ha insistido el Papa, nos está dando un modelo de implicación en toda la educación. Vamos a trabajar, a intentar que este sea un lugar común donde servir a esta sociedad.
En cuanto a la ley de eutanasia, la pena es que no se haga una ley seria de paliativos primero. El primer paso legislativo no puede ser provocar la muerte. Tiene que ser primero paliar el sufrimiento. Esos servicios paliativos son en los que hay que insistir. Es una pena que la cultura de la muerte se instale en nuestra sociedad.

Llevamos un buen rato hablando y no le hemos preguntado sobre la pandemia. Un último mensaje dedicado a los zamoranos en estos tiempos difíciles también a nivel sanitario.
Tenemos que poner todos los medios a nuestro alcance para evitar el contagio. Ahí la iglesia vamos a estar como hemos estado en primera línea, cuidando de que nuestras celebraciones y todo lo que hacemos evite cualquier tipo de contagio. Además, quiero lanzar un mensaje de cercanía a los que están enfermos, aislados y sufriendo de lleno esta enfermedad. En lo que podamos les serviremos, estaremos cerca y haciendo todo lo posible. Y a los familiares de los que han fallecido y están sufriendo ese dolor transmitirles nuestro cariño, nuestra cercanía y nuestra oración. La iglesia está a su lado.

En este sentido, ¿cómo valora el trabajo desarrollado por Cáritas?
Cáritas es el otro aspecto de la Covid-19, las familias que quedan en paro, que sufren problemas económicos, que tienen cualquier sufrimiento en esta realidad. Caritas lo está haciendo bien y seguiremos trabajando en todo lo que podamos.

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