La iglesia de San Andrés reúne al presbiterio zamorano en torno a la Misa Crismal
Se ha bendecido el óleo de los catecúmenos y el de los enfermos, y se ha consagrado el santo crisma, que serán utilizados a lo largo del año en la vida sacramental de la diócesis
La iglesia de San Andrés ha acogido en la mañana de este miércoles la celebración de la Misa Crismal de la Diócesis de Zamora, presidida por el obispo, Fernando Valera, en una de las liturgias más expresivas de la comunión eclesial en los días previos al Triduo Pascual. La eucaristía ha contado con la participación de más del 90% del presbiterio zamorano, que ha renovado junto a su obispo las promesas sacerdotales pronunciadas el día de su ordenación.
En la celebración ha estado presente también Mons. Ángel Francisco Simón Piorno, obispo emérito de Chimbote (Perú), cuya asistencia ha venido a subrayar el sentido de fraternidad eclesial de esta jornada.
Durante la Misa Crismal se han bendecido el óleo de los catecúmenos y el de los enfermos, y se ha consagrado el santo crisma, que serán utilizados a lo largo del año en la vida sacramental de la diócesis. Se trata de una celebración que manifiesta de manera singular la unidad de la Iglesia diocesana en torno a su obispo y la misión santificadora en la vida cristiana.
En su homilía, Fernando Valera tomó como hilo conductor el lema del papa León XIV, In illo uno unum —“En el único Cristo somos uno”—, para invitar a los sacerdotes a volver al centro de su vocación desde la humildad, la interioridad y la comunión. A la luz de san Agustín, el prelado advirtió del riesgo de una vida interior dispersa y exhortó a “recoger y centrar la mirada y el corazón” para no perderse en lo superficial.
El obispo reclamó una fidelidad sacerdotal silenciosa y fecunda, alejada de la búsqueda de reconocimiento y sostenida por la unión con Cristo. “La verdadera autoridad no se apoya en cargos, ni en títulos, sino en la libertad de servir”, afirmó. En esa misma línea, animó a los presbíteros a cuidar la verdad del corazón y a no dejarse vencer por la queja o el cansancio.
En uno de los pasajes centrales de la predicación, el prelado exhortó a renovar con hondura su entrega: “Vuelve al amor primero, escucha de nuevo su llamada, renueva tus promesas sacerdotales como un reto”. Y añadió una de las ideas clave: “La santidad se mide por la comunión”, una llamada directa a fortalecer la fraternidad sacramental.
La celebración deja así en la Iglesia de Zamora una renovada invitación a vivir el ministerio desde la interioridad, la humildad y la fraternidad, sabiendo que, como recordó el obispo, “todo es don, todo es gracia”.
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