Entre mundillos, acericos y alfileres, alrededor de trescientas personas llegadas de Pola de Siero (Asturias), de Móstoles (Madrid) o de Basauri (Vizcaya), se han congregado esta mañana en el claustro del Colegio Universitario de la capital. El motivo: el XV Encuentro de Encajeras ‘Ciudad de Zamora’. 

Tras la exposición de labores en la Cofradía del Santo Entierro, las participantes (en su inmensa mayoría mujeres) ha compartido una nueva jornada en torno al encaje de bolillos. Una minuciosa técnica textil aprehendida por distintas generaciones para confeccionar manteles, abanicos, gargantillas, puñetas y un sinfín de prendas y accesorios. 

Así veíamos a Juana Mari, de 67 años y procedente de Venta de Baños, elaborando un pañuelo o a Ana, de 30, realizando un marcapáginas de encaje danés. “Aprendí a los 12 años gracias a mi tía francesa y es una tarea con la que desconectas, te relaja y te sirve como hobby al igual que otros leen o ven la tele. Lo peor es empezar y rematar la labor así como equivocarte con algún hilo pero al final es todo de lógica ya que te vas guiando por la plantilla que tienes debajo, es cogerle la mecánica”, apuntaba la joven. 

En la misma línea, uno de los pocos participantes varones, Jesús, de Tudela de Duero, afirmaba sentirse entretenido con el encaje de bolillos al mismo tiempo que le servía como una “ejercitación de memoria” cuanto trataba de solventar algún error de hilos. 

Tras la puesta en valor de esta minuciosa tarea, el intercambio de conocimientos y la adquisición de nuevas herramientas de trabajo, el encuentro llegaba a su fin con el sorteo de obsequios y regalos, donados por colaboradores y patrocinadores, así como de una toalla realizada por Pilar Macías, presidenta de la Asociación de Encajeras de Zamora. Una vez finalizado el encuentro, una comida de hermandad en el Hotel Restaurante Casa Aurelia clausuró la decimoquinta edición del evento.

 


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