El zamorano Agustín Remesal presenta en la Seminci un documental sobre León Felipe: “Es difícil producir documentales de calidad”

El periodista Agustín Remesal (Gema, Zamora, 1947) dirige el documental ‘León Felipe. El poeta peregrino’, uno de los puntales de la conmemoración del cincuentenario de la muerte del vate, y que forma parte de la programación de la Seminci.

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El trabajo analiza la figura de Felipe Camino Galicia de la Rosa (Tábara, Zamora, 1884-Ciudad de México, 1968), mundialmente conocido como León Felipe, como una figura literaria de primer nivel y cuya vida estuvo marcada por su carácter errante, lo que justifica el propio título del trabajo.

El Ateneo de Madrid acogió el pasado 21 de febrero, a escasas semanas del primer confinamiento a causa del coronavirus, el preestreno del documental, producido Producciones Carrera y que contó con la colaboración de la Fundación León Felipe, el Ayuntamiento de Zamora, la Junta de Castilla y León y Caja Rural de Zamora.

Si le cuentan cuando hizo el preestreno del documental, antes del estado de alarma, que el mundo iba a estar así, no se lo cree.

La verdad es que no. En aquel momento, estábamos terminando la edición del documental, en Madrid, trabajando de una forma frenética para llegar a tiempo a presentarnos a la Seminci. Cuando llegó lo que llegó, nos cogió en postproducción. Fue una experiencia extraña por no tener la relación directa con el equipo que te apetece tener en los últimos retoques.

¿Qué es lo que le obsesionaba de León Felipe para hacer este trabajo?

El personaje me había atraído desde siempre, desde que yo cantaba en París el ‘Como tú, piedra pequeña; como tú, piedra ligera’, en algunas noches de vino y calor, con Paco Ibáñez. Él, a la guitarra y yo, haciendo lo que podía. Ya tenía ese granito en mi memoria, que fue creciendo con el tiempo y que encontraba en otras partes, lejanas, como en México y, sobre todo, en Zamora. León Felipe nació en Tábara, aunque él decía ‘nací en un pueblo del que no recuerdo nada’. Pero bueno, algo le quedó en el espíritu. Cuando empecé a leerle de una forma más profunda, me trajo todavía más.

La vida errante de León Felipe tiene un aire a la de un corresponsal.

Qué más quisiera yo que llegarle a la suela del zapato… Creo que de los personajes que he llegado a conocer bien, como Unamuno y León Felipe, la grandeza de los dos es la misma. Aparte de la obra, cuenta el personaje. En algunos sentidos, eran contrapuestos, porque Unamuno era casero y León Felipe, que ‘siempre se presentaba llegando desde un lugar desde donde no se le esperaba’, como dijo Alberti. De ahí, el título del documental. No hay agenda para cada día ni itinerario de la jornada pero sí muchas ganas de descubrir algo. Un peregrino.

¿Cree que León Felipe no ha alcanzado la popularidad que merece?

Bueno, creo que a León Felipe se le lee muchísimo, sobre todo la gente que lee sistemáticamente poesía. Sí es verdad que poetas como él no son tan populares como otros de esa época, plagadas de buenísimos poetas pero, aun así, se le lee mucho. Aunque ahora parezca tener menor popularidad, en un momento determinado del franquismo, sorprendió por su mensaje personal y político y atrajo a muchos lectores del momento, entre 1898 y 1927 porque, realmente, no está colocado en ninguna de esas generaciones, como su propia forma de ser.

¿Cómo organizó el trabajo?

Yo pertenezco a una escuela de producción de documentales. Aprendí en la BBC, cuando estuve casi un año en Londres, cuando era un pipiolo periodista. Para este trabajo, me empapé de lecturas de todo lo que había, decidí cómo lo iba a contar y me di cuenta de que debía hacerlo escuchándolo a él porque buena parte de su poesía es autobiográfica.

Con el carácter errante del poeta, ¿cómo escogió los exteriores?

Eso fue más complicado porque se movió mucho. León Felipe nació en Zamora, estuvo en Sequeros (Salamanca), fue a Santander y a Madrid. Después estuvo en Guinea Ecuatorial, México, Estados Unidos, volvió a Méjico, vino a España, fue a Panamá. Cuando estuvo en Méjico, recorrió toda Sudamérica. Era imposible llevarlo de una forma completa y había que escoger los lugares. Para empezar, el puerto de Europa desde donde salió, desesperado y triste, que fue Burdeos. Después, Ithaca, donde enseñó español durante tres años; Nueva York, donde estuvo con García Lorca, y la venida a España durante la Guerra y la vuelta definitiva a México. Luego busqué a la gente que sabe y que comunica.

¿Con qué lugares de peregrinaje se queda?

Hay dos emblemáticos, donde todavía el entorno es el que el vio. El primero, fue la farmacia de Almonacid de Zorita (Guadalajara), donde estuvo de boticario durante algo más de un año, que fue donde escribió ‘Versos y oraciones de caminante’, su primer poemario. Una farmacia pobre de una ciudad pobre y en la que estaba solo. Era poeta desde antes pero ahí se demostró poeta. El segundo lugar es la Biblioteca de la Universidad Cornell (Ithaca, Nueva York), donde encontró a Walt Whitman. Después, el Palacio de Zabálburu, en Madrid, donde pasó tres meses terribles en la Guerra, con los bombardeos. A él le encargaron contar muertos de los bombardeos. Es una cosa tremenda que él cuenta. Y también, su sepultura, en el Panteón Español de Ciudad de México, donde hay unos 30.000 españoles. Allí está, en una tumba de la que te dan la parcela y el número para buscarla, que fue muy difícil. Estaba con la cruz rota, todo tirado y no se veía ni su nombre, hasta que el cámara se fijó en que había una placa de ocho centímetros por cuatro, en la que se podía leer ‘León Felipe Galicia’. Por allí subían las hormigas y eso lo tenemos rodado. Es una sepultura olvidada y, por cierto, nadie había pagado los derechos desde el año 2000 y tuve que pagarlos para poder rodar. Eso marca el abandono en el que se ha tenido a León Felipe desde el punto de vista institucional. Esos son algunos de los lugares emblemáticos en los que está León Felipe.

¿Es rentable hacer documentales como el de León Felipe?

Hacer un trabajo como este no es rentable para nadie. Quienes hacemos esto, trabajamos gratis y la gente que vive de esto cobra poquito. Es muy difícil producir documentales de calidad sin tomarlo como una especie de plus intelectual o de creación. Hay una desidia total desde el punto de vista total de estos trabajos. Es más, ahora llega el momento en el que va a haber que empezar a pagar por que los emitan. La crisis vine de una forma tan bestial que va a repercutir en una supresión de la función pública y de los medios de comunicación del Estado para hacer que esto continúe haciéndose de un modo de calidad. Están apareciendo documentales de una calidad ínfima, sobre todo por una ínfima capacidad de financiación. Hay que empezar a pensar de otra manera. Le digo a mis productores que el día que tengamos a Netflix para nosotros, a lo mejor empezamos a sobrevivir. Va a ser la única manera de hacerlo. Hay que inventar un sistema para que tengan audiencias suficientes y sea rentable hacer trabajos de calidad. Esta crisis va a dejar planchado todo ese sistema de financiación y la única opción será lo privado y conseguir pequeñas audiencias en medios de difusión no tradicionales. Pasar un trabajo como este por un festival da un poco de publicidad y de amor propio pero nada más. El que quiera ganar dinero, que no haga documentales históricos, desde luego.

¿Cómo lleva usted la pandemia?

Yo creo que no debemos ponernos excesivamente dramáticos. Esta generación posfranquista se ha acostumbrado a vivir a llenar la caja vacía porque teníamos posibilidades de vivir en un consumo constante, de hoy para dentro de diez segundos. Eso se ha acabado. En mi caso, soy de alto riesgo, así que me puedo permitir ciertos lujos. Espero que los contables solucionen los problemas de deuda y que nosotros seamos capaces de relativizar y no pensar que el fin del mundo llega mañana. Lo que está claro es que esta situación nos enseña que consumir no es, en absoluto, el primer nivel de la felicidad en esta vida.

Habla de un cambio de mentalidad y de modelo productivo.

Por supuesto. Si no, dentro de 30 años, aunque yo no lo veré gracias al oráculo de Delfos, este mundo se habrá vuelto totalmente irrespirable. Lo demás, si Trump es malo o bueno, si Biden es estupendo y demócrata… Eso es la elegancia de la actualidad lejana. Es como si habláramos de Felipe V. Lo que interesan son las mentalidades y la forma de comportarse de la sociedad moderna, educada desde hace 30 años para un consumo ilimitado. Eso no puede ser.

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