Del árabe bab al ras, “puerta de la cabeza”, Balborraz constituía el acceso a la ciudad de los comerciantes y visitantes de fuera de Zamora tras cruzar el puente de piedra. Los artesanos quedaron prendados del encanto de su incesante trajín así como de su atractiva arquitectura y decidieron instalarse en la rúa. Prueba de ello es el nombre actual de las calles adyacentes: Caldereros, Zapatería, del Oro o Plata. Sin embargo, poco o nada queda en la actualidad de aquella agitada actividad comercial y del mimado acabado de sus edificios. 

Cristales rotos, puertas carcomidas, negocios abandonados y carteles de “Se vende” o “Se alquila” caracterizan hoy en día la emblemática calle. Eso, por no citar el desagradable olor a orín de los fines de semana o los centenares de pintadas sobre las fachadas, de las que no se libran ni las casas diseñadas por el arquitecto Francisco Ferriol, incluidas en la Ruta del Modernismo.

Pese a la rehabilitación realizada a mediados de los años noventa (por la que obtuvo el Premio Europa Nostra en 1997), y pese a algunas actividades realizadas de forma aislada para intentar dinamizar la zona, Balborraz pide más. Una tienda de productos típicos zamoranos, varios bares y una papelería son algunos de los negocios que continúan abiertos hoy en día. Los responsables de estos locales coinciden en la lentitud de los trámites burocráticos, las trabas impuestas para realizar alguna modificación en las fachadas por motivos de patrimonio (como letreros o banderines) o las estrictas exigencias demandadas por la administración como baños adaptados para personas en sillas de ruedas. 

Aunque aseguran que los alquileres no son demasiado elevados debido al tamaño reducido de los locales, varios de ellos ponen en duda la rentabilidad del negocio. Todos eligieron la ubicación por tratarse, a priori, de una de las calles más turísticas de la ciudad. Una afirmación que es en parte cierta, tal y como explica Rogelio, de la tienda de productos típicos zamoranos Balborraz 3: “Sí que vienen turistas, hacen la foto y se quedan arriba porque no tienen ningún motivo por el que bajar. Es triste que venga mucha gente y te diga: Uy, qué calle más bonita. Sí, ¿y qué? Si lo bonito o lo feo te lo da la vida de la gente y esta calle no tiene vida. Es una auténtica pena”. 

Una afirmación que se certifica en un pequeño detalle apreciado en la mayoría de imágenes tomadas de la calle: “Hay miles de fotos pero si nos fijamos, en todas siempre sale la calle vacía porque no hay gente”, apunta Rogelio, quien añade: “Esta calle la pillan en la Toscana en Italia o en algún pueblo francés y estaría llena de comercios, pero en Zamora está vacía”.

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