Fallece Andrés «el del París», uno de los puntales de la mejor gastronomía zamorana

La hostelería zamorana pierde este viernes a quien fuese uno de sus puntales, Andrés Pérez González, quien durante muchos años fuese alma mater y propietario del restaurante París

Hostelería en Zamora
09 ene 2026 - 19:25
Imagen de Andrés
Imagen de Andrés

Nacido el 22 de septiembre de 1951, Andrés dio sus primeros pasos en la hostelería en el bar del desaparecido restaurante Salamanca, en la calle de San Andrés. Fue en los Años 80 y 90 del siglo XX cuando Andrés consolidó en la Avenida de Portugal -donde hoy se encuentra un establecimiento de cocina india- un local exclusivo considerado uno de los puntales de la gastronomía zamorana.

El París se convirtió en sinónimo de alta cocina: verduras recién cogidas de la huerta, marisco fresco «de la plaza», pescados de la ría gallega, carne de Aliste, lechazo y tostón asado y deliciosos postres caseros de primer nivel, además de una espectacular carte de vinos, conformaban una oferta de primer nivel, aderezada con la simpatía y el buen hacer profesional de Andrés, siempre impecable en su uniforme, siempre sonriendo.

La calidad del producto, el servicio y el propio establecimiento hicieron del París punto de encuentro de la sociedad zamorana, tanto en su pequeña barra de la entrada como en el restaurante, que constaba de dos pisos. Bodas, pregones de Semana Santa, homenajes, celebraciones familiares… los muros del París guardan estampas y recuerdos de generaciones enteras de zamoranos que quedarán para siempre en la memoria.

Cantaor aficionado

Además de la hostelería, la otra gran pasión de Andrés ha sido el flamenco. No en vano Andrés Pérez ha sido un reconocido cantaor aficionado que ha formado parte de eventos culturales y encuentros flamencos en la provincia de Zamora, como los organizados por Liberalia o la AECC de Toro. Su apodo «el del París», como no podía ser de otra forma, provenía de su relación con el restaurante, que habla de una Zamora que ya sólo existe en el recuerdo de sus gentes.

Jubilado hace años y apartado de la hostelería, era frecuente ver a Andrés en sus paseos por el bosque de Valorio con su perrito o sentado en las casetas, siempre con su simpatía y su personal forma de entender la vida, o en cocidos con amigos y profesionales de la hostelería en Casa Mariano.

Descansa en paz, querido Andrés. Lleva tu alegría y tu saber a los restaurantes del cielo, en el paraíso de los flamencos cabales.

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