Fallece el histórico empresario zamorano José Isidro Nates

El empresario zamorano fallecía esta madrugada tras varios años de lucha contra una cruel enfermedad

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José Isidro Nates
José Isidro Nates

Se nos ha ido de madrugada, al fin libre de la enfermedad que apresaba su alma indómita en el cuerpo, que lo mantenía atado a una silla, a la tierra. Con las primeras horas del día ha fallecido José Isidro Nates Merodio, historia del mundo empresarial zamorano y también del mundo periodístico y una de las mentes más brillantes que haya conocido quien esto escribe.

A menudo los amigos bromean pidiéndome que sea yo quien les escriba un bonito obituario. No se dan cuenta de que todo lo que escribo ya está hecho, dicho, vivido. A ti, José, no me faltó decirte un solo día lo mucho que te he querido y admirado, lo mucho que he disfrutado de las pequeñas cosas, lo bien que me enseñaste a abrir las puertas y los ojos, a contemplar el mundo con las ventanas del alma.

José Nates es parte de mi vida desde la infancia y la adolescencia, desde que entré con veinte años por la puerta del viejo Correo de Zamora. Él era uno de aquellos entusiastas empresarios comandados por Emilio RonceroPepe RegleroIldefonso Boizas Ángel Román, entre otros, que se hicieron cargo del rotativo al ser liberado de la Prensa del Movimiento y convertirse en una empresa propia, entonces zamorana en todo su ADN.

Nates, maestro, amigo, poseía el don de la clarividad, de la inteligencia, de la genialidad. Le encantaba provocarme, rascar a la fiera que entonces llevaba dentro, sacar la mirada felina que siempre decías que yo tenía («Gata!, me seguías llamando) , hacerme afilar las uñas, obligarme a pensar, sacarme de la burbuja feliz e irreal en que vivía inmersa en mis veinte años.

Supo guiarme bien los pasos, supo sacar lo peor y lo mejor de mí. Y, sobre todo, supo explicarme que para ser feliz en la vida existe un conjunto de armonías internas con uno mismo, con la tierra y con el cielo, que son la base para una experiencia plena en nuestro paso por la vida. La muerte no nos daba miedo.

Siempre vital, rotundo, lidiando siempre entre números, su empresa de muebles de oficina y sus presupuestos y contabilidades, no he conocido a nadie tan espiritual en un mundo tan despreocupado de todo. Nunca dejó de cultivar ese maravilloso yo interior que le ha permitido afrontar la dureza de la enfermedad con la entereza de un héroeSupo mirar a la vida de forma valiente, pero sobre todo supo mirar a la muerte de frente día a día desde que una maldita ELA vino a robarle de forma atroz lo que más amaba: sus salidas al campo, sus paseos y rutas de montaña, sus vinitos y tapeo, una buena mesa, un buen cocido, su independencia, su ir y venir al mar, su adorado mar, que siempre le llamaba; la libertad que presidía todos sus actos, de obra y de pensamiento.

Tuvo a su lado a los mejores amigos, su otra familia montañera y de senderos, y a su particular ángel de la guardaInésmujer, madre, amiga compañera eterna, su amor, su mitad, su espalda y su sombra. Una mujer tierna y fuerte ante la que me inclino sin reservas porque hasta para morir hay que tener suerte y Jose ha estado en los brazos de un ángel, en los brazos fuertes, irrompibles, del amor. Cuántas veces me lo decías tú a mí cuando la situación era la inversa, cuando era yo la que sostenía. Qué lección de amor, de entrega, de respeto, de generosidad nos dejáis.

Amanece triste este 13 de agosto que en mi casa es el día de la vida, el cumpleaños de mi madre, el cumpleaños también de nuestro querido Eugenio, ese periodista loco que se embarcó hace tiempo en batallas de papel imposible y que forma parte de la historia más bonita que vivió la prensa zamorana. Y la vivimos.

Vuela por fin, mi querido MAESTRO, mi querido AMIGO. Ya eres libre, como a ti te gustaba. Ya sin ataduras, sin ese dolor de no poder siquiera respirar, de no poder casi tirarme un beso hace unos días, en mi último santo, cuando mi teléfono se vistió de fiesta y emoción con el inmenso esfuerzo que era una simple llamada, ya apurando las bocanadas del último aire. Fue el regalo más bonito.

Arriba te esperan el duende Vicente, revoloteando, revoloteando, y César, que tenéis pendiente ir a comer un gallo a Portugal y una nueva ruta a Santiago por esos caminos locos que se alejan de las vías convencionales. Ya tenéis credencial de peregrinos en el cielo, ya lo habéis cumplido todo en la tierra. Ahora hay que ser generosos, dejarte ir, despedirte con la certeza de que regresas a tu lugar, a un paraíso que te espera.

Gracias por tanta vida, por tanta alegría, por despertarme cuando estaba dormida, por ayudarme a crecer, por ser parte de lo que poco a poco soy, en este camino siempre hacia la luz. Mi corazón está de luto, pero tan lleno…

Gracias por creer en mí, por darme la mano y guiarme por las luces y las sombras, por compartir lo bueno, por hablar sin dobleces de lo malo, por intentar protegerme del dolor, abrir mis cinco sentidos. De todo, en todo, me quedo con el inmenso privilegio de haber sido tu amiga, esta gata ya entrada en años y con menos fiereza en la mirada que hoy se retira al tejado a esperar una nueva estrella esta noche.

Luz en tu camino, mi querido Jose. Vuela, vuela, que todo es ya cielo.

(Todo mi amor para ti, Inés, y para Elisa. Sus grandes amores)

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