El Holocausto no solo es la historia de verdugos y víctimas, sino que también es la historia de muchos ciudadanos anónimos y no tan anónimos que se jugaron su vida por salvar la de miles de otras personas perseguidas por el régimen nazi.

Muchos diplomáticos españoles pudieron salvar a miles de judíos del Holocausto facilitándoles casas y alojamientos donde poder esconderse o hasta le proporcionaban pasaportes falsos para que pudiesen huir.  Otra de las fórmulas que utilizaron fue la de asegurar que esos judíos trabajaban en sus casas como mayordomos o amos de llaves.

A estos diplomáticos se les reconocía como los "justos de las naciones", personas que no eran judías pero que ayudaron a miles de judíos durante la II Guerra Mundial y que por ello han recibido un reconocimiento merecido por parte de Israel y del Museo del Holocausto.

Ángel Sanz Briz "Ángel de Budapest", Sebastián  Romero Radigales en Salónica, Bernardo Rolland y Eduardo Propper de Callejón en Paris, Julio Palencia y Tabau en Sofía, Jose Rojas y Moreno en Bucarest o Jose Ruiz Santaella y Carmen Shrader en Berlín son algunos de los "justos de las naciones" que arriesgaron sus vidas por salvar las vidas de muchos judíos que eran perseguidos por el mero hecho de profesar esa religión. 

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