IU Zamora homenajea el 95 aniversario de la proclamación de la Segunda República española
Como cada año se ha realizado una ofrenda floral en la Plaza del Mercado
Izquierda Unida homenajea como cada 14 de abril el aniversario de la proclamación de la Segunda República española. El acto ha contado con la presencia de sociedad civil que muestran así su apoyo a los representantes del partido político de Zamora y juntos evocan la lucha que consiguió dar derechos al pueblo.
El acto ha empezado con la ofrenda floral en el monolito como recuerdo vivo "esta piedra es el presente y el futuro de nuestra tierra" y posteriormente se ha leído un comunicado:
Gracias por asistir a este acto, conmemorando la Segunda República tal día como hoy 14 de abril, se ponía fin a una monarquía corrupta, apoyaba a los resultados de la justicia. Un ejército que tomó el poder, cuando la dictadura de Primo de Rivera apoyada por el propio rey. Una monarquía sustentada en una iglesia opresora, que creía más que en Dios, en sus privilegios y en la tierra por encima de los del pueblo. Una monarquía sustentada en una aristocracia que acumulaba la tierra, sumiendo a los jornaleros, en un sistema de producción feudal.
Una monarquía sustentada por el poder económico, por la banca o una colaboración financiera, entre la corona y las grandes entidades, o un acuerdo mutuo para la creación de empresas y infraestructuras, de las que se enriquecían mutuamente, olvidando los derechos de la clase trabajadora. En definitiva, una monarquía que respondía a sus propios intereses y a los del poder económico, militar y eclesiástico, y para que el pueblo tan solo era una fuente de recursos inadoptable, basada en la explotación.
Ante esta situación, la llegada de la Segunda República trajo la esperanza a ese pueblo olvidado y oprimido, que significó el intento más importante del siglo XX español por cambiar desde la izquierda la sociedad y el Estado, por realizar transformaciones populares y democráticas. Las reformas políticas, educativas, económicas, agrarias, militares, civiles, que la República puso en marcha a toda prisa, sacaron de retraso a este país. Llegó el divorcio, los convenios colectivos, el voto femenino, las escuelas en los pueblos. La República creía en el desarrollo del pueblo y de la nación a través de la educación pública, de la cultura y de la justicia social.
Una República que se vio abocada a una guerra civil, ante un golpe de Estado promovido y apoyado por quienes veían cómo perdían sus privilegios, por la propia monarquía, por los aristócratas y los terratenientes, por quienes dominaban la industria, por la Iglesia y por la misma banca que ya había apoyado y financiado la dictadura de Primo de Rivera.
Una guerra que fue una sangría humana, que arrasó el país y que desembocó en una dictadura que nos llevó a la miseria económica y cultural durante décadas, a la falta de libertades, a la represión, a los trabajos forzados y los fusilamientos. Los últimos, el 17 de septiembre de 1975, poco antes de un mes de la muerte del dictador, para que el sonido de los fusiles que recorrieron España y Europa quede para siempre en la memoria colectiva como el doblar las campanas de su funeral.
Para que el sonido de los fusiles quede para siempre unido a quienes provocaron la guerra y la instabilidad.
Hoy que vuelven a sonar los sonidos de la guerra bajo los mismos intereses económicos y de privilegios de siempre, surgen grupos que intentan recuperar el franquismo. Grupos de extrema derecha que lanzan consignas que blanquean un régimen represor. Consignas políticas que buscan hacerse retroceder en los derechos de la clase trabajadora, de los jóvenes, de los jubilados, de las mujeres. Consignas basadas en el odio y que buscan archivos expiatorios en la inmigración para justificar sus intereses reales.
Consignas basadas en la mentira que está calando en una sociedad cada vez más desinformada, más despolitizada y más desorganizada en la defensa de los derechos colectivos. No es verdad que los inmigrantes en nuestro país generen como colectivo problemas de seguridad, sanitarios, religiosos, culturales, económicos o de desempleo. No es verdad que la inmigración irregular viva de las arcas del Estado. Igual que no es verdad que los inmigrantes españoles se fueron con contratos de trabajo.
Los propios datos del Ministerio del Trabajo e Inmigración del franquismo revelan que entre el 40 y el 50% de los españoles emigraron de forma irregular y cruzaban ilegalmente las fronteras de Europa para buscarse la vida y un trabajo que aquí no encontraban. Eso sin contar a los exiliados que tuvieron que huir ante la represión para ganarse también la vida en otros países, igual que hoy llegan a nuestras fronteras quienes sufren las guerras y sus consecuencias en otros lugares del mundo.
Por eso hoy estamos aquí, frente a este humilde monolito sacado con la piedra del esfuerzo del trabajo de nuestra tierra. Una humilde piedra que no es piedra de un palacio, ni de una iglesia, ni de un ambiente. Una humilde de piedra que sin embargo representa lo mejor del pueblo, el pueblo que cree en el pueblo, el pueblo que defiende a costa de sus propias vidas la justicia social y la igualdad. El pueblo que es la suma de sus gentes, trabajadores, campesinos, maestras, poetas, músicos, madres y padres, hijos e hijas del sudor por su propio destino.
Esta humilde piedra representa y recuerda a quienes lucharon y murieron, a los que lucharon y perdieron, a quienes lucharon y condenaron, a quienes lucharon y sufrieron el miedo y la persecución, a los que lucharon y no tienen ningún lugar donde recordar sus vidas y su lucha. Esta humilde piedra representa, recuerda y hace eterna su lucha por los derechos colectivos.
Esta humilde piedra es el presente y el futuro para que sigamos defendiendo y luchando por un mundo mejor, sin destrucciones sociales, de cuna, raza, sexo o religión Esta humilde piedra nos evoca a seguir luchando contra las guerras, contra quienes las provocan y contra los intereses que hay detrás de cada bala que se dispara, intereses de unos pocos a costa de la mayoría social.
Esta humilde piedra representa la búsqueda de un modelo de Estado estrictamente democrático, donde un hombre o una mujer representen un voto, donde no exista ninguna persona con privilegios (6:50) de cuna o cuenta bancaria.
Un Estado con un modelo económico de reparto de la riqueza, donde todas las personas puedan trabajar para vivir con dignidad, con acceso a la vivienda, con salarios y pensiones justos, con educación y sanidad públicas de calidad. Un Estado con un sistema financiero no especulativo, con un sistema energético que responda (7:16) a los intereses de la población y un sistema de producción y distribución alimentaria que no esté basado en los vaivenes del mercado y sí en las necesidades de las personas. Esta humilde piedra representa que no debemos olvidar el objetivo de nuestra lucha.
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