Más de medio centenar de peregrinos de Zamora realizan el Camino de Santiago con otros 500 jóvenes de la región

Peregrinos de Zamora realizan el Camino de Santiago
Peregrinos de Zamora realizan el Camino de Santiago

La participación de 56 jóvenes en el Camino de Santiago y la PEJ 2022 (Peregrinación Europea de Jóvenes), junto a otro medio millar de peregrinos del resto de la región, hacen de esta experiencia una de las más relevantes del panorama pastoral del verano. Una iniciativa que la diócesis de Zamora ha canalizado desde la delegación de Pastoral Juvenil y que desde hace meses se viene preparando para que resulte una experiencia inolvidable.

El camino comenzó el 27 de julio en el Seminario San Atilano, donde a las 11:00 horas los participantes celebraron la misa de envío, presidida por el obispo, que invitó a los participantes a seguir los pasos de Santiago en la amistad con Jesús. Seguidamente los jóvenes cogieron un autobús hacia Vigo y, acogidos en el Colegio San José de Cluny, pudieron conocer a los otros 500 peregrinos de la región. Durante la tarde y la noche hubo ocasión para compartir, conocer a los compañeros y disfrutar de esta gran oportunidad.

El 28 de julio se pusieron a caminar. Bordearon la ría de Vigo y durante aproximadamente cinco horas recorrieron bosques, pueblos y caminos. No pocas fueron las cuestas que los chavales tuvieron que subir hasta alcanzar los 25 km que supuso la primera etapa. Allí se habilitó el pabellón A Montañeira (Arcade) que acogió como si del mejor hotel se tratara a los 600 peregrinos de la región. La tarde les permitió comer (por cierto, siendo una empresa zamorana la que se encargará de esta faceta a lo largo de estos días), descansar y reflexionar. El tema propuesto fue descubrir cómo Dios lleva grabados en el corazón los nombres de cada uno, detalle no menor que subraya que cada cual tiene un lugar predilecto en el seno de Dios, un espacio propio en el que sentirse mirado a los ojos, interpelado y amado profundamente por él. Por la noche llegó el tiempo de la diversión con una entetenida velada que, además, fue organizada por la diócesis de Zamora. Al finalizar la jornada hubo tiempo para revisar el día. Héctor, uno de los jóvenes participantes, apuntaba que “hoy he empezado el día con muchas expectativas, y la verdad que se han cumplido. He pasado por paisajes preciosos y caminado con gente con la que no pensaba que me podría llevar bien y que, al final, me han caído genial. Sinceramente no pensé que podría ser capaz de caminar tantos kilómetros y me siento orgulloso de haberlo cumplido. Mi conclusión es que tengo que dejar de fiarme de las apariencias y confiar más en mí mismo, porque me he demostrado que puedo más de lo que pienso". Por su parte Alicia, de Benavente, apuntaba que “esta primera etapa ha sido un poco dura. Aunque nos ha hecho reflexionar y valorar todo lo que tenemos y también, nos ha dado la oportunidad de conocer a otros peregrinos, tanto de España como de otros países".

La tercera jornada fue exigente: las subidas y las bajadas se sumaron a los kilómetros del día anterior, pero el grupo siempre ofrecía una mano amiga a la que agarrarse para continuar. Los paisajes empezaron a merecer la pena y la música, los bailes y la oración hicieron el resto, tampoco las lágrimas y el dolor que, sustituidos por ganas y fuerza de voluntad, hicieron de esta etapa un viaje inolvidable. Al llegar a destino, los jóvenes recargaron fuerzas y descansaron para luego ir al monasterio de San Juan de Poio, un monasterio con más de mil años de historia, donde celebraron la eucaristía. Con aún dolor y emoción por todo lo vivido los peregrinos dieron gracias a Dios por el regalo de esta experiencia que están viviendo. Claudia decía al final de la jornada que “ha sido una etapa complicada, pero lo hemos conseguido y llegando de los primeros. Lidia añadía que “es una gran satisfacción personal haber terminado esta etapa” y Héctor subrayaba que lo más importante era que en toda la jornada había observado que a ningún compañero, pese a las dificultades, “le había visto perder la sonrisa”.

Hoy continúan la marcha y las experiencias seguirán llenando la mochila de estos chavales que han secundado la propuesta de la diócesis. Solo quienes han hecho alguna vez el Camino de Santiago saben cuál es el potencial humanizador y evangelizador que estos días generan en los peregrinos. Ojalá también sirvan los esfuerzos de las diócesis de Castilla y León para que estos 600 chavales se encuentren consigo mismo, con los demás, con la naturaleza y con Dios para descubrir la llamada a ser testigos del evangelio en todo el mundo, particularmente en el que ellos viven, siendo fermento en la masa y colaboradores directos en la transformación del mundo según los criterios de Dios.


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