El Museo Diocesano de Zamora expone catorce paños de ofrendas de Aliste

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 El Museo Diocesano de Zamora expone catorce paños de ofrendas de Aliste
El Museo Diocesano de Zamora expone catorce paños de ofrendas de Aliste
Hoy se ha presentado la cuarta exposición temporal del Museo Diocesano de Zamora, emplazado en la iglesia románica de Santo Tomé de la capital. En esta ocasión, al entrar en el templo podrá verse una selección de catoce paños de ofrendas de la comarca de Aliste de los siglos XIX y XX, acondicionados, lavados y planchados para la ocasión.

Es la primera vez que puede contemplarse en Zamora una muestra así, que recoge unos tejidos de lino con funciones religiosas de unos lugares muy concretos de la geografía diocesana. La exposición temporal, que permanecerá abierta seis meses, podrá visitarse durante el horario habitual de apertura del Museo Diocesano: de lunes a sábados de 10 a 14 y de 17 a 20 horas, y los domingos y festivos de 10 a 14 horas.

El director del Museo Diocesano de Zamora, José Ángel Rivera de las Heras ha explicado que los “paños de ofrendas” o “paños de ofrecer” son característicos y específicos de la comarca zamorana de Aliste. Se denominan de este modo porque antiguamente sirvieron para envolver o adornar y presentar un cesto con los dones (pan, roscas, velas, etc.) que los fieles ofrecían a la Virgen y a los santos como muestra de agradecimiento por los bienes y favores recibidos.

Están confeccionados en lienzo de lino de la tierra y adornados con bordados domésticos de tipo popular. El cultivo del lino y la obtención de su fibra fue una labor tradicional que pervivió en la zona alistana hasta época reciente. Su proceso, dilatado, arduo y minucioso, estuvo vinculado al mundo femenino, pues lo realizaban las mujeres campesinas de forma diestra y paciente. Tras ser arrancado de la tierra cuando estaba dorado, se maceraba, cocía, aclaraba, resecaba, majaba, refregaba y golpeaba; luego se pasaba por el rastrillo, y la fibra se hilaba con ayuda de la rueca y el huso, se aspaba y devanaba para formar madejas que posteriormente se cocían, lavaban y secaban, y finalmente se llevaban al telar.

El lienzo obtenido se bordaba a punto de cruz, “al pasado” (cuando el adorno es idéntico en el haz y el envés) y/u otras puntadas cortas debido a la irregularidad del tejido, con hebras de lino, previamente torcidas y teñidas artesanalmente de caparrosa, añil u otros colorantes naturales o artificiales, ofreciendo bordados en colores azul claro, meloso, negro y otros, combinados o alternando.

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