“No lo piensas, escuchas gritos y saltas”: la madrugada en la que todo se redujo a un grito de auxilio en Zamora

Tres agentes de la Policía Nacional rescataron el 27 de febrero a una mujer de 88 años de su casa en llamas en San Lázaro. Uno de ellos, Raúl Pérez Crespo, relata cómo vivieron una intervención al límite en Zamora.

Despliegue de medios en la zona
Despliegue de medios en la zona

La madrugada del 27 de febrero quedará grabada en la memoria del barrio de San Lázaro. La calle Luna amanecía con olor a humo y con la certeza de que la tragedia había pasado rozando el número 38. Una mujer de 88 años fue rescatada con vida de su vivienda en llamas gracias a la rápida intervención de tres agentes de la Policía Nacional, que accedieron al inmueble antes de la llegada de los bomberos. Los tres necesitaron después atención médica por inhalación de humo.

Uno de ellos es Raúl Pérez Crespo, zamorano y policía con 25 años de servicio a sus espaldas. Habla con serenidad, casi restando importancia a lo ocurrido. Pero su relato dibuja una escena de alto riesgo, decisiones en segundos y una carrera contrarreloj frente al fuego.

Raúl Pérez, uno de los Policía Nacionales implicados en el rescate
Raúl Pérez, uno de los Policía Nacionales implicados en el rescate

Una puerta caliente y humo por las juntas

Todo comenzó pasadas las seis de la mañana. El 112 Castilla y León recibió la llamada de una vecina que escuchaba gritos de auxilio y maullidos de gatos. El aviso movilizó a Policía Nacional, Policía Local, Bomberos y a Emergencias Sanitarias–Sacyl.

“Llegamos a la dirección que nos facilitaban, pero la vecina nos dijo que el origen estaba un poco más adelante”, recuerda Raúl. No era una vivienda desconocida para ellos. “Ya habíamos intervenido otras veces allí porque la señora se había caído”. Llamaron a la puerta. Y entonces lo vieron. “Por las juntas empezaba a salir humo. Tocamos y estaba caliente. Ahí ya sabes que algo serio está pasando”, relata.

Al mirar hacia arriba, confirmaron que el humo salía con intensidad. Una vecina les indicó que los gritos procedían del patio trasero. Les permitió acceder por su vivienda. Había un muro de unos tres metros que separaba ambos patios. Una escalera de obra fue la única opción. “No lo piensas. Estás oyendo a la señora pedir auxilio y saltas”.

Al asomarse, las llamas ya eran visibles por una ventana. El acceso al interior se hacía por una pequeña puerta desde el patio. La casa estaba prácticamente tomada por el humo. “Entramos por un pasillo y la vimos en el suelo. Estaba casi desgañitada de tanto gritar. No sabemos cuánto tiempo llevaba así”.

La agarraron y la sacaron al patio, donde el aire era más respirable. Tenía el rostro ennegrecido por el humo y las piernas enrojecidas por el calor. Pero el rescate no había terminado. La mujer apenas podía moverse y el único acceso implicaba volver a trepar el muro. Era inviable en ese momento. La colocaron en la zona más alejada posible del foco del incendio mientras pedían refuerzos urgentes.

Con una pequeña manguera del patio y un extintor facilitado por vecinos, comenzaron a refrescar la zona por la que salían las llamas. “Era ganar tiempo hasta que llegaran los bomberos”, explica.

“Si lo piensas, no entras”

Cuando los efectivos del parque de Zamora accedieron al inmueble, el humo era mucho más denso. Raúl había cerrado la puerta para evitar que entrara oxígeno y avivara el fuego.

“Luego algunos bomberos nos decían: ‘¿Cómo habéis entrado ahí?’. Pero en ese momento no valoras las consecuencias. Es tan rápido que no te da tiempo”.

El médico del 112 también tuvo que saltar al patio para asistir a la mujer y suministrarle oxígeno antes de organizar su evacuación definitiva. Posteriormente sería trasladada al Hospital Virgen de la Concha y dada de alta horas después.

Los tres agentes fueron atendidos por inhalación de humo. “Al principio no notas nada por la adrenalina. Luego sí: dolor de cabeza, carraspera… Nos pusieron oxígeno y para casa”.

25 años de servicio: “Si pensáramos en el riesgo, no seríamos policías”

Raúl lleva un cuarto de siglo en el cuerpo. Ha pasado por la Unidad de Intervención, ha trabajado en Palma de Mallorca en labores de protección a Casa Real y ha vivido disturbios y situaciones de violencia extrema.

Recuerda atentados, disturbios con lanzamiento de objetos metálicos que atravesaban vehículos policiales y compañeros heridos en acto de servicio.

“Casi te impacta más eso que entrar en un incendio. Cuando ves que algo podría haber sido para ti o para un compañero… Eso se te queda”. Y, aun así, relativiza lo sucedido aquella madrugada del 27 de febrero. “Si pensáramos en el riesgo constantemente, no seríamos policías”.

El silencio después del fuego

No han vuelto a hablar con la mujer rescatada. Supieron por el hospital que había recibido el alta esa misma tarde. Una hija se acercó al lugar del incendio y les dio las gracias.

“Muchas veces intervienes y no sabes más. La familia se hace cargo y tú sigues con tu trabajo”. En Zamora, donde los grandes sucesos no son habituales, la imagen de tres agentes trepando un muro al amanecer para sacar a una anciana de entre las llamas quedará en la memoria del barrio. Ellos lo resumen con una frase sencilla: “Escuchas auxilio. Y entras”.

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