Si hay un poeta tocado por la genialidad en la literatura española de la segunda mitad del siglo XX, es Claudio Rodríguez. "Claudio Rodríguez nunca publicó, quizás ni siquiera escribió, o más bien nunca terminó, un solo poema que no fuese la perfección misma", lo dice Philip W. Silver, hispanista estadounidense de la Universidad de Columbia, en una de sus recientes obras: 'Rumoroso cauce'; un volúmen en el que reúne ensayos sobre el escritor zamorano, así como cartas inéditas escritas por el mismo Rodríguez y una particular antología comentada por poetas de renombre como Carlos Marzal o Miguel Casado. 

Este escritor, que comenzó su andadura literaria en la ciudad de Zamora, donde nació y creció, posee un "don que lo convierte en un poeta innato", matizó José Ignacio Primo, amigo del autor. La poesía a medio camino entre lo racional e irracional de Claudio Rodríguez, encuentró hace unos meses su lugar en la capital del Duero donde, en forma de homenaje, se ha establecido una ruta literaria que lleva su nombre. 

Claudio Rodríguez, explica Primo, fue un "observador de la realidad" y lo hacía paseando. Zamora era sinónimo de paz, "de un sosiego que la vida a veces le negaba", continuó el amigo del poeta. En sus paseos "buscaba el encuentro con su gente y con su ciudad". Por este motivo, el Seminario Permanente de Claudio Rodríguez fija esa mirada sin tiempo en la ruta literaria en los que el poeta vivió intensamente y que están reflejados y han dejado una huella profunda en su vida y obra. 

"Vengo a saber qué hazaña vibra en la luz , qué rebelión oscura nos arrasa hoy la vida". Cuánto nos dijo Claudio sin decir. Y cuánto podemos disfrutar hoy de su recuerdo gracias a la ruta literaria que recorre hoy, y desde hace unos meses, la ciudad de Zamora, refugio de todos los que se ganaron a pulso ser recordados. 

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