Recuperar la mirada, recuperar la vida: la historia de superación de una paciente zamorana

María José Moro, vecina de Zamora, recuperó su estabilidad visual y confianza en actividades cotidianas gracias a un programa de terapia visual individualizado

Imagen de una de las sesiones con la paciente
Imagen de una de las sesiones con la paciente

María José Moro Fraile, diagnosticada con miastenia gravis, una enfermedad neuromuscular autoinmune que provoca debilidad muscular, enfrentaba graves dificultades en su vida diaria. La diplopía, la visión inestable y la inseguridad al conducir, trabajar frente al ordenador o incluso bajar escaleras habían limitado significativamente su autonomía. “Yo veía, pero no asimilaba lo que veía. Me sentía insegura. Llegó un momento en que pensaba que tendría que dejar de conducir o incluso de leer, con lo que me gusta”, recuerda.

A finales de 2024, comenzó su tratamiento con José M. Gómez González, óptico-optometrista en Zamora. Desde el primer día, los retos eran evidentes: “Prácticamente no pude valorar parámetros como la convergencia o el cover test porque veía doble constantemente. La graduación estaba correcta; el problema no era refractivo, era binocular”, explica Gómez González.

Tras una evaluación detallada, se diseñó un plan de terapia visual totalmente individualizado, que incluyó 24 sesiones semanales durante seis meses, combinadas con ejercicios en casa. La terapia se centró en mejorar la localización espacial, la fusión binocular, la coordinación visuo-vestibular y la propiocepción del sistema visual. “Empezamos trabajando para que fuese capaz de identificar cuándo veía doble y por qué. A las ocho sesiones ya notaba mejoras importantes”, asegura el optometrista.

Los resultados fueron notables. Al finalizar el tratamiento, la visión doble desapareció en condiciones normales y, para momentos de fatiga, se prescribieron prismas gemelos base inferior que la paciente usa de forma puntual para conducir trayectos largos o cuando necesita mayor descanso visual. María José describe la experiencia como un cambio radical: “Para mí fue como respirar de nuevo. Pasé de no poder ir tranquila ni siquiera de copiloto a conducir de Zamora a Gijón con normalidad. Volví a sentirme capaz”.

Más allá de la recuperación visual, la paciente destaca la importancia de la atención personalizada y el acompañamiento durante todo el proceso. “Aquí no solo me decían si iba mejor o peor como en las consultas médicas, aquí trabajaba para mejorar. Y yo veía mis avances. Recuperar esa seguridad no tiene precio”, afirma.

Desde COOCYL se subraya que esta historia demuestra cómo la intervención del óptico-optometrista va más allá de la graduación de la vista, ofreciendo soluciones individualizadas en patologías neuromusculares y otras alteraciones que afectan al rendimiento visual. “La terapia visual no es un conjunto estándar de ejercicios; cada tratamiento se adapta al paciente y a cómo la enfermedad impacta en su vida diaria”, explica Gómez González.

María José Moro anima a quienes sufren problemas similares a buscar ayuda especializada: “No se conformen, pregunten, acudan a un óptico-optometrista formado en terapia visual. A veces creemos que solo hay una solución y no es verdad”. Su caso evidencia que, incluso en patologías crónicas, intervenciones personalizadas pueden transformar la vida de los pacientes, devolviendo autonomía, confianza y seguridad.

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