“Pude ayudar a gente que de verdad me necesitaba y repetiría encantado”. El zamorano Alejandro Hernández ha narrado este martes cómo ha sido su experiencia como miembro de la Cruz Roja en una de las zonas donde más necesaria es hoy en día la ayuda humanitaria que presta la organización. En Samos, una de las islas situadas al sur de Grecia, cerca de la frontera con Asia, este ingeniero informático de 34 años dio rienda suelta a su solidaridad entre el 9 de diciembre y el 12 de enero pasados para ayudar a los refugiados sirios: “Emigran buscando defender su vida”, asegura

En esta zona a la que llegan los refugiados en “objetos flotantes” – “llamarlos barcos sería una falta de respeto a los navieros”- Hernández aprovechó sus conocimientos para participar en la instalación de una red wifi para que los sirios pudieran comunicarse con sus familias. Además, contribuyó en la creación de una base anonimizada de datos médicos a través de un código de barras que también permite el reparto equitativo de prendas de abrigo o alimentos.

Durante el mes que permaneció en la zona, Hernández fue testigo del paso de cerca de 3.000 refugiados y pudo llevarse, como regalo, “sus sonrosas y sus abrazos”. En Samos, embarcado en su primera misión humanitaria, este trabajador de la Cruz Roja en Zamora pudo darse cuenta de lo “privilegiado” que era al poder trabajar en unas condiciones como las que tiene en su oficina y de la situación en la que se ven obligados a vivir muchos seres humanos cuyas residencias están en una zona de conflicto.

En ese sentido, Hernández ha explicado que “sorprende la fortaleza” de aquellos que dejan atrás una vida: “No es gente pidiendo limosna, participan de su propia ayuda”, ha asegurado el miembro de Cruz Roja, que desde su posición no ha vivido las llegadas de los refugiados a pie de playa: “Veíamos todo lo de después; personas cansadas, preocupadas y ateridas de frío al estar mojadas”, ha rememorado.

UNA NAVIDAD DIFERENTE

Por las fechas en las que desempeñó su labor en Samos, Alejandro Hernández tuvo que pasar unas Navidades diferentes, lejos de sus seres queridos: “La Nochebuena la hicimos muy a la española, porque allí no se celebra tanto. En Navidad sí fuimos a un restaurante y en nochevieja brindamos y poco más. No era un momento de relax total, porque había que estar alerta”, ha concluido.

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