La Romería a La Hiniesta es “la historia viva de una ciudad”

0 Comentarios

 La Romería a La Hiniesta es “la historia viva de una ciudad”
La Romería a La Hiniesta es “la historia viva de una ciudad”
Cofradía de Nuestra Señora de San Antolín o de la Concha. ¿Cómo prefieren llamarla?

De todas las maneras. En los documentos oficiales siempre ponemos Nuestra Señora de San Antolín vulgo de la Concha pero nosotros siempre hablamos de la Concha; es nuestra Virgen. Es la patrona de Zamora, es una cofradía abierta a todo tipo de gente, hasta a los que no son de ella. Allí nadie pregunta si eres, si no eres y, al final, es una forma de expresar nuestros sentimientos, nuestra historia, nuestra religiosidad, el pueblo de Zamora. Y ¿cómo se llama a una madre?

Son muchas romerías y muchos siglos.

Son 724 y, además, podemos decir con satisfacción que, incluso, la que se decía más antigua, que era la Virgen de la Cabeza, de Andujar, ya nos reconoce nuestra antigüedad. Somos la romería viva más antigua de España.

¿Cuánta gente está vinculada estrechamente a la cofradía, es decir, con carné?

A falta de contabilizar las últimas altas, unas 2.500 personas.

¿Qué recuerdos tiene de la romería de cuando era niño?

Es toda mi vida. Yo soy del barrio de la Lana y, por tanto, mi familia ha estado muy ligada y yo la he vivido desde niño. Pero hay unos años muy hermosos, aparte de ser las primeras salidas con la Virgen, hasta la Cruz del Rey Don Sancho, porque no me dejaban ir más allá. Después, mis primeros años de cofrade, cuado tenía 16 años, que era la edad mínima para entrar y unos años de tristeza, que fue el paso de los años 68 o 69 al setenta y tantos, en los que la romería se perdía. Exactamente, en el 73 fuimos trece personas y me parece que ocho de ellos no eran cofrades. Así, que ha evolucionado para muy bien.

¿Cómo define la Romería?

Primero, es la historia viva de una ciudad. Nosotros tenemos la fortuna de tener documentación, sobre todo desde el siglo XV, las famosas provisiones de los Reyes Católicos, donde nos relatan la cofradía, es igual, no ha variado nada en la esencia. Es la forma de tener nuestra historia metida en una procesión. Pero, sobre todo, es la historia de los momentos. A mí me entusiasma parar en San Lázaro y pensar en lo que estamos haciendo. San Lázaro era el lazareto, era el lugar prohibido de la ciudad; allí nadie paraba. La gente se iba por Valorio y subía por las Peñas de Santa Susana para ir hacia Benavente o hacia León. La Cofradía de la Virgen de la Concha no solo pasaba por medio de los leprosos sino que hacía estación entre ellos. Cuando tú piensas eso, dices: ¡Ole! Es decir, hacer eso en el siglo XIII y en el siglo XIV… hay que tener valor. Y después me entusiasma la reacción del barrio. Esa reacción de que aunque sea el peor año para flores, al final, siempre en San Lázaro te salen 100 ramos de flores bien seguro. Además, es una tradición femenina muy bonita, que salga la madre, la hija, la abuela, todas juntas a entregar el ramo de flores. Esa tradición de gente anónima, como la de la Cruz del Rey Don Sancho, en la que la cofradía no interviene para nada. La hacen vecinos de allí. El año pasado pudimos enterarnos, y este año le tenemos una pequeña sorpresa, de que una de las vecinas lleva 25 años adornando la Cruz del Rey Don Sancho pero no sabíamos ni su nombre. Fue algo casual; una vecina que dijo: Pues mira, esa para otro año hace 25 años que lo está haciendo y le tomamos el nombre casi a traición. (Sonríe). Esa sensación del anónimo que lo sigue haciendo con todo el amor del mundo y muchas veces su madre lo hacía, su abuela lo hacía y, a veces, esa señora o ese señor que lo hace lleva seis o siete años viviendo en el barrio y es del otro extremo del país y, sin embargo, lo ha considerado suyo. Esos aspectos son los realmente positivos y hermosos.

Esta virgen genera una devoción que recuerda a la de la Semana Santa andaluza.

Claro, porque, en el fondo, las devociones siempre han sido externas. Hay una devoción interna y una forma de plasmación externa. Durante unos años, nosotros parece como si nos hubiéramos querido flagelar y hubiésemos dicho que somos los más austeros y que no podemos expresar los sentimientos. Nosotros hemos expresado los sentimientos toda la vida; unos de una forma y otros, de otra. Unos llamando guapa a la Virgen y otros, rezándole un Padre Nuestro. Pero es una forma de expresión popular de los sentimientos. La gente tiene confianza en la Virgen. Yo ahora lo veo desde otro punto de vista, aunque me gustaba más ir donde iba antes, pero ahora, que voy detrás de las andas todo el rato, veo a esa persona que, de repente, se aproxima a las andas, se pone en paralelo, extiende su mano sobre el manto de la Virgen y va un ratito con la mano en el manto, mientras le da tiempo a rezar una oración o a hacerle una petición a la Virgen. O esa que le tira un beso, el niño que se aproxima. Esas expresiones son tan nuestras como las demás; lo que pasa es que, a veces, nos ha dado la sensación de tener que ser los más duros del barrio y no, no tenemos por qué serlo.

¿El verbo que mejor define a esta romería es compartir?

Claro. Es que para ir a la romería no necesitas tener medalla ni necesitas haber pasado por nada, sino que tú te pones allí, vas donde te da la gana, llevas las andas si quieres, vas delante o vas detrás. Es mucho más fácil expresar sentimientos porque vas en familia. Además, es un día para compartir. Es buenísimo cuando haces las paradas para tomarte el bocadillo y resulta que tú, al final, estás comiendo el bocadillo del vecino y el vecino está comiendo el tuyo. Y, de repente, dices si yo, cuando hemos salido de San Antolín, no tenía ni la más remota idea de este señor y ahora estamos charlando y me está diciendo: Mira que chorizo más bueno tengo y tú le dices: Pues prueba el mío. Esto viene de un día que nos liberamos de todos nuestros clichés y nos dejamos llevar. Yo pienso que ese día somos más personas, expresamos más libremente los sentimientos y, al final, compartes la bota o compartes el chorizo.

¿Cómo han sido los días previos a la romería?

Desde la tarde del viernes ha estado abierta San Antolín para que los niños puedan besar a la Virgen. Y también desde la tarde del viernes y todo el sábado, la Virgen está en besapiés. Yo, además, diría que quien no haya ido a darle un beso a la Virgen se ha perdido algo excepcional. Está la Virgen preciosa. Se le ha hecho un altar de besamanos espectacular. Después, el sábado, se produjo la entrada de nuevos cofrades y la entrega de la medalla de honor a un cofrade que se lo merecía porque mientras estuvo en puestos de responsabilidad hizo todo lo que pudo y mucho más, que es Antolín Martín.

Tienes que iniciar sesión para ver los comentarios

Lo más leído