VÍDEO | Cuando el Duero se adueñó de Zamora: de 1948 a 2026, más de siete décadas de crecidas históricas

M.L
18 feb 2026 - 07:02
Imagen de la gran crecida 1948
Imagen de la gran crecida 1948

Zamora y el Duero mantienen una relación tan antigua como su propia historia. El río que atraviesa la ciudad no es solo un elemento del paisaje; en momentos extraordinarios ha sido un protagonista activo de la vida urbana, un factor que ha puesto a prueba la infraestructura, la planificación y la memoria colectiva de sus habitantes.

El testimonio audiovisual más antiguo y dramático que hoy conserva la memoria popular es el vídeo del NO-DO de 1948. En febrero de ese año, el Duero se desbordó con tal energía que zonas bajas de la ciudad quedaron sumergidas, accesos y huertas fueron arrasados por la corriente y los paseos ribereños desaparecieron bajo el agua. El documento audiovisual muestra calles convertidas en canales, casas cercanas al cauce rodeadas por el agua y vecinos observando la ciudad transformada por la crecida.

Desde aquel episodio histórico, marcado en la retina de generaciones mayores, Zamora ha vivido otros momentos importantes en el pulso de sus aguas.

En los años posteriores, distintas avenidas reclamaron la atención de quienes vivían cerca del Duero y de sus afluentes. La segunda mitad del siglo XX se caracterizó por varios picos de caudal significativos en toda la cuenca, con una frecuencia de crecidas extraordinarias particularmente notable entre los años 1935 y 1966, según análisis de registros históricos ampliados por hidrólogos. Aunque muchas de estas crecidas quedaron fuera de la esfera mediática, su impacto quedó recogido en marcas, crónicas locales y en la memoria de quienes vivieron los días en que las aguas rodeaban el casco urbano.

En 2001, el río alcanzó uno de los caudales más altos de las últimas décadas, con registros que superaron ampliamente los 1 800 m³/s, cifras que obligaron a monitorizar de cerca las márgenes y a cerrar paseos ribereños por precaución. La crecida de 2001 se convirtió en referencia para las administraciones y para los técnicos que vigilan el riesgo de inundación en la capital.

Imagen del restaurante Las Aceñas inundando por la crecida del Duero el pasado 2013
Imagen del restaurante Las Aceñas inundando por la crecida del Duero el pasado 2013 | J. L. Leal

Más adelante, en 2013, otro episodio importante volvió a elevar el caudal del Duero, con mediciones que rondaron los 1 650 m³/s en zonas cercanas a la ciudad, obligando a activar avisos de vigilancia continua y a mantener cerrados algunos parques ribereños ante la posibilidad de que el agua se desbordara.

Tras estos eventos, la década de 2010 y 2020 ha visto crecidas menos extremas comparadas con los máximos históricos, pero relevantes y recurrentes. En marzo de 2025, el caudal del Duero casi cuadruplicó su volumen en solo una semana debido a precipitaciones persistentes, pasando de cifras moderadas a más de 470 m³/s, lo que provocó el cierre de paseos y caminos ribereños y aumentó la vigilancia en zonas bajas de la capital.

Ya en la primera parte del año hidrológico 2025‑2026, el Duero volvió a atraer la atención de las autoridades y de los ciudadanos. Las fuertes lluvias y el deshielo elevaron el caudal hasta niveles de alerta, con mediciones que alcanzaron los 1 100 m³/s en torno al 13 de febrero de 2026, un volumen de agua equivalente a 1,1 millones de litros por segundo cruzando el corazón de la ciudad. Esa cifra superó los umbrales observados a principios de semana y se situó como uno de los picos más importantes en lo que va de temporada.

Después de ese máximo, el río no ha dado tregua. En días recientes, el Duero ha continuado con niveles elevados, superando los 1 300 m³/s en algunos tramos urbanos y manteniendo alertas hidrográficas activas en la capital y en localidades aguas abajo como Toro, donde incluso se han registrado cortes de carreteras y restricciones de accesos por precaución.

La presencia continua de caudales altos ha dejado consecuencias visibles: paseos fluviales inundados, caminos cortados y terrenos agrícolas próximos al cauce anegados. Tanto el ayuntamiento como la Confederación Hidrográfica del Duero han intensificado el monitoreo y la comunicación con la población para evitar sorpresas.

Crecida del Río Duero a su paso por la ciudad de Zamora en 2010
Crecida del Río Duero a su paso por la ciudad de Zamora en 2010 | J. L. Leal

Desde el plano científico, los registros de crecidas del Duero muestran que, aunque los eventos extremos han sido más comunes en épocas históricas antiguas, en el último siglo y medio los episodios con caudales muy altos siguen apareciendo de forma irregular, vinculados a episodios meteorológicos intensos o lluvias prolongadas en la cuenca.

Lo que queda claro al revisar los datos y los testimonios es que el Duero, incluso ahora con sistemas de control más avanzados, no ha dejado de sorprender. Las crecidas de 1948, 2001, 2013, 2025 y 2026 son capítulos de una misma historia que conecta pasado y presente. No son sucesos aislados, sino pulsos recurrentes de agua que recuerdan a la ciudad que vive en un territorio en el que los ríos son protagonistas y deben ser vigilados con rigor constante.

El geólogo del CSIC, Gerardo Benito, cuenta con varios estudios sobre las crecidas del Duero en Zamora. El experto, reconocido también por otros estudios como la crecida del Ebro en Zaragoza, aboga por hacer uso del pasado para aprender y enfrentarse a los nuevos retos.

"Existe capacidad de mejora en los estudios de delimitación de la peligrosidad con la reconstrucción de inundaciones extremas del pasado", concluyen los autores del estudio 'Cuantificación de series centenarias de inundaciones extremas del río Duero', que lidera Benito. Su trabajo refuerza la idea de que la ciudad puede anticiparse a los riesgos si combina memoria histórica, ciencia moderna y planificación urbana rigurosa.

Estado del río Duero a su paso por la capital el pasado 17 de febrero
Estado del río Duero a su paso por la capital el pasado 17 de febrero
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