Miles de personas participan hoy en la Romería a La Hiniesta, que marca uno de los momentos más netamente zamoranos del año. Desde las seis de la mañana, integrantes de la Cofradía de Nuestra Señora de San Antolín o de la Concha echan por las calles de sus respectivas zonas tomillo y romero que luego pisarán los participantes en la Romería. “Desde muy temprano, echado tomillo y romero por San Antolín y alrededores; los vecinos de la Lobata, lo han echado por su zona; los de San Lázaro, por San Lázaro; los del bar de Valorio, por los alrededores de Valorio, para que lo pisemos los demás”, explica el presidente de la Hermandad, Florián Ferrero

Después de la misa de romeros, la procesión se pone en marcha “con la alegría de siempre y con alguna petalada a la Virgen” bajando de San Antolín.

La comitiva entra a visitar a la Virgen del Yermo en la iglesia de San Lázaro, una tradición que se remonta al XIII, de pasar por el antiguo hospital de leprosos y, ahora, barrio próspero y floreciente.

Los vecinos de la zona entregan ramos de flores variadas que se amontonan uno sobre otro “hasta formar una verdadera montaña que tapa al Niño”, según comenta Ferrero. “Paramos en la Cruz del Rey Don Sancho para rezar el responso por el alma de Sancho II. Ya que lo matamos, pues bueno, vamos a rezar por él. También hemos perdido al Niño, siguiendo la tradición casi medieval, por rebeldía de la Cofradía, que no se vería seguir desde la Cruz del Rey Don Sancho por el mal tiempo decidió ir solo y la Cofradía no tuvo más remedio que seguirla”, explica el presidente de la Cofradía.

A la altura de la Lobata, los romeros reponen fuerzas, antes de llegar al teso de la Salve, donde el Niño se ha vuelto a poner, con unas cerezas en la mano.

Todo el pueblo de La Hiniesta espera desde hace tiempo, se saludan los pendones según el rito medieval y los alcaldes de Zamora y La Hiniesta intercambian sus bastones y se abrazan. “Los niños de primera comunión le recitan a la Virgen, los mozos hacen sus relaciones, los de la Conchita echan sus versos y dan el ramo de tomillo”, relata. “Los de la Casa de Zamora en Valladolid nos cantan himno, en el que hablan de que la Virgen de la Concha pasea por Valorio verde, y damos la vuelta en sentido contrario a las agujas del reloj, rememorando la consagración de la iglesia de La Hiniesta”, añade.

Después, tras las venias de la puerta de la Iglesia, llega el que los romeros consideran “uno de los momentos más emocionantes” de la jornada. “Solo se puede vivir desde dentro del templo: Desde el momento en el que la Virgen de la Concha asoma la nariz por la puerta de la iglesia, se oye el aplauso más sincero y más fuerte que se escucha en toda Zamora”, concluye Florián Ferrero.

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