Como toda fiesta zamorana que se precie, la dulzaina y el tamboril marcaban el inicio de la romería con rumbo a la calle de los Herreros para honrar a la Virgen. La comitiva, que inició su marcha en la Plaza de la Marina, fue ganando adeptos a medida que recorría las calles de la capital. La banda de Gigante y cabezudos puso ritmo a la marcha acompañados de una charanga que, como si del Merlú se tratase, llamó a los zamoranos a peregrinar en honor a la imagen de la festiva calle zamorana.

La procesión hizo su entrada en una calle de los Herreros ya concurrida de devotos, a la Virgen y la fiesta, que esperaban la ofrenda floral. La música cesó y el silencio lo rompió José Luis Cabello con su pregón. “Un homenaje a la Virgen, a los hosteleros, a nuestra calle y a nuestra ciudad”, con esta frase finalizó el manifiesto y dio comienzo la ofrenda floral. Fue el mismo José Luis quien, trepando por la valla del bar Amordiskos, colocó las flores al lado de la Virgen que ya luce más bonita que nunca.

Terminados los actos oficiales, la música volvió a ser la principal protagonista al tiempo que Herreros se convirtió en una marea de pañoletas rosas. La fiesta daba comienzo y  Zamora olía a fiesta.  Veintiún bares colaboradores ofrecían consumición y tapa a solo 1.5€, aspecto que agradecieron los asistentes que intercalaban tragos y tapas al grito de: “¡Viva la Virgen de los Herreros! “. Pequeños y mayores disfrutaron de una fiesta que comenzó como una incitativa de Eusebio Rodríguez y año a año se consolida como tradición.


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