Las farmacias, en primera línea contra la lepra: clave para detectarla a tiempo y reducir el estigma

Con motivo del Día Mundial de la Lepra, el Consejo General de Colegios Farmacéuticos subraya el papel estratégico de las farmacias en la detección precoz de signos sospechosos

Una farmacia, fachada de farmacia
Una farmacia, fachada de farmacia

El Consejo General de Colegios Farmacéuticos ha publicado un documento informativo sobre la lepra, una “enfermedad desatendida” a nivel mundial, en el que destaca el papel clave de los farmacéuticos gracias a su proximidad, accesibilidad y relación de confianza con la población. Estas características permiten identificar de forma temprana signos de alerta y favorecer una derivación rápida al sistema sanitario.

La lepra, cuyo Día Mundial se conmemora este domingo, registró 172.717 casos en todo el mundo, lo que supone un descenso del cinco por ciento respecto al año anterior. A pesar de esta caída, los farmacéuticos advierten de que se trata de una patología “aún presente”, con un impacto muy desigual según las regiones y estrechamente ligado a las desigualdades en el acceso a la sanidad, las condiciones socioeconómicas y la vigilancia epidemiológica.

En los entornos con mayor prevalencia, los programas nacionales incluyen la notificación obligatoria de los casos y el seguimiento de contactos, medidas esenciales para frenar la transmisión. Además, recuerdan que la atención al paciente no termina con la eliminación del bacilo, sino que debe contemplar el seguimiento clínico, la prevención de discapacidades, la rehabilitación y el apoyo psicosocial.

Signos de alarma en la farmacia

Entre los principales signos que deben alertar a los profesionales sanitarios, el Consejo señala la consulta por lesiones cutáneas persistentes, la pérdida de sensibilidad en la piel o la presencia de parestesias y dolor neuropático de aparición progresiva. Ante estos síntomas, el farmacéutico puede detectar que no se trata de afecciones cutáneas comunes y recomendar una valoración médica especializada.

Este cribado informal desde la farmacia puede resultar decisivo para iniciar el tratamiento de forma temprana y evitar la aparición de lesiones irreversibles o discapacidades asociadas a la enfermedad.

Seguimiento del tratamiento y educación sanitaria

Los tratamientos habituales de la lepra —como rifampicina, dapsona y clofazimina— cuentan con perfiles de seguridad conocidos, pero pueden provocar efectos adversos relevantes, entre ellos hepatotoxicidad, hemólisis, metahemoglobinemia o alteraciones cutáneas y gastrointestinales. En este ámbito, el farmacéutico, gracias a su formación en farmacovigilancia, puede identificar precozmente estas reacciones, detectar interacciones y colaborar con el equipo sanitario para optimizar la terapia.

Asimismo, la farmacia comunitaria desempeña un papel fundamental en la adherencia al tratamiento, explicando a los pacientes la importancia de completarlo para evitar recaídas y resistencias. A ello se suma una labor educativa clave: ofrecer información veraz sobre la transmisión de la lepra y aclarar que, una vez iniciado el tratamiento, la probabilidad de contagio es mínima, contribuyendo así a reducir el estigma que todavía rodea a la enfermedad.

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