Carbajales de Alba recuerda con dolor en su cabo de año a la secretaria de José María Aznar

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 Carbajales de Alba recuerda con dolor en su cabo de año a la secretaria de José María Aznar
Carbajales de Alba recuerda con dolor en su cabo de año a la secretaria de José María Aznar
Mila Rodríguez marcó de cerca esa etapa y dejó huella en quienes trabajaron con ella y la conocieron, hasta que murió tras una larga enfermedad. Hoy se cumple un año desde su fallecimiento y Carbajales de Alba la recuerda. En la parroquia de San Pedro Apóstol, en Carbajales de Alba, se celebra hoy, a las 20.00 horas, la misa del cabo de año, después de la eucaristía oficiada ayer en la parroquia de San Lorenzo, en Zamora.

Lo primero ¿Cómo están sus padres?

Mis padres, pues muy mal. La pérdida de un hijo es algo que no se supera nunca y más cuando los ha cogido con 93 años, a mi padre, y mi madre, con 86 años. Entonces, no levantan cabeza y en estas fechas, por supuesto, todo se vuelve a revivir pero no de una manera positiva, que tienen muchas cosas para revivirlas, sino que parece que siempre lo negativo es lo que se hace más palpable.

Aparte de la molestia que suponemos los medios de comunicación, el hecho de ese reconocimiento que recibe su hermana servirá para enjugar alguna lágrima.

Para nosotros es una satisfacción, no porque se recuerde solamente el personaje que estuvo ahí, sino la persona. Porque el personaje, en algún momento muere, aunque deje su semilla sembrada pero la persona sigue viva siempre y el volver a recordarla es bueno porque eso quiere decir que nunca queda en el olvido. Siempre hay un recuerdo para esa persona, un recuerdo de amabilidad, de gratitud y de reconocimiento y eso, a la familia, nos satisface muchísimo.

¿Cómo era su hermana?

Mi hermana era una persona sencilla. Yo creo que vivió una vida feliz, con sus luces y con sus sombras, como todos en la vida, con sus satisfacciones, que las tuvo y grandes, pero también alguna desilusión, cómo no. Y fue una persona que se entregó absolutamente a su trabajo, desde niña. Desde niña fue una persona que fue marcada ella misma por ella misma por la exigencia del bien hacer. Incluso cuando iba aquí a la escuela, en Carbajales, era tan puntual que la maestra la reñía: “Pero Mila, ¿por qué vienes tan temprano?”. Por ella no tenían que esperar nunca y así siguió. Cuando marchó para Madrid siguió exactamente igual. Fue una persona exigente en su trabajo, que empezó a trabajar en el Partido Popular hasta que, después, llegó como secretaría particular de don José María Aznar a la Moncloa. Ella nunca tenía horas de entrada ni de salida al trabajo. Las que fuesen necesarias. Todo su equipo de secretariado se marchaba a su hora pero ella no, hasta que el jefe no cerraba su oficina, fueran las once, las doce de la noche, la una de la madrugada. Muchas veces, doña Ana Botella le decía: “Milagros, es mejor que no te marches ya a tu casa, que te quedes aquí y ya te evitas, por lo menos, el tener que marcharte”. Yo creo que fue una mujer, lo decía el expresidente Aznar cuando vino a celebrar el funeral, después del entierro, que no pudo venir, vino y sus palabras textuales fueron: “Fue una mujer de una extraordinaria bondad y una extraordinaria lealtad a la cual siempre le estaré profundamente agradecido. La recordaré siempre”. Su carácter pues fue un carácter particular: Era un carácter castellano, una mujer que no perdió nunca las raíces de su tierra. Doña Ana Botella, en una entrevista que le hicieron, dijo: “Mila era distinta a las demás personas. Estaba muy poco contaminada por las cosas del mundo en que vivimos hoy”. Y es verdad. Yo creo que la pureza del aire que respiramos aquí en esta Castilla, en un pueblo pequeño, que no tiene contaminación, ella lo llevó siempre en sus pulmones y ni la contaminación de Madrid le pudo dejar de oxigenar sus pulmones con el aire de Carbajales.

A sus cualidades, Milagros añadía una absoluta discreción.

Absoluta. Su trabajo para ella era sagrado. Sabemos seguro que con ella fueron a la tumba muchos secretos que no compartió ni con su familia. Yo, ahora, he recogido sus cosas de su casa de Madrid y poner al día todo y tenía las agendas desde que entró en la Moncloa hasta que salió. Unas agendas que yo, cuando las he visto, he pensado cómo una cabeza humana puede dar de sí tanto trabajo y tan exigente. Pero cuando había que reseñar alguna cosa importante, ponía interrogantes sin puntos suspensivos y ahí no sabía nadie lo que quería decir.

Ahí tiene parte de la historia de España.

Sí, ahí tengo historia. Y grande. Ahí queda conservada y guardada en un lugar seguro.

¿Cuánta gente le ha ofrecido algo por echarle un vistazo a esas agendas?

Mucha gente. Pero no lo va a conseguir nadie. Eso queda ahí, a buen recaudo, en una caja de seguridad en un banco.

¿Se da cuenta de que si a mucha gente ajena a Zamora se le habla de Carbajales de Alba va a pensar de inmediato en el pan y en su hermana?

Puede que sí. Yo digo una cosa: Ha habido muchas manifestaciones de cercanía, de valorarla, de agradecimiento pero también ha habido, como en todos los sitios, no es una cosa excepcional, incluso cuando empezó a trabajar en la Moncloa, hubo gente que dijo: “Bueno, trabajando en la Moncloa. Estará haciendo limpieza”, que es tan digno como cualquier trabajo. Así que habrá gente que sí lo reconoce y habrá gente que no lo reconoce. Habrá gente que la recordará siempre, habrá gente que lo agradecerá siempre; siempre estuvo muy unida a su pueblo, por supuesto. Ella, eran las vacaciones que tenía. El tiempo que cogía de vacaciones nunca lo dedicaba para marcharse con quien fuera, con sus amigas adonde fuera, sino para venirse a su pueblo. Mi madre la reñía muchas veces. Le decía: “Pero hija, cámbiate” y ella le contestaba: “Mira, déjame, madre. Déjame estar tranquila, estar a gusto y sentarme”. Nunca se sentó en una silla, siempre se sentaba en el suelo. Enfrente de la casa donde vivimos, hay una acera y allí se sentaba a tomar el sol. “Pero Mila, saca una butaca y te sientas”, le decía mi madre. “Déjame sentarme en suelo, que me gusta sentarme en el suelo”, le respondía ella. Ha habido muchas personas. Tenemos personas muy cercanas pero también ha habido muchas ausencias y eso también duele.

Pero la esencia de un cabo de año es procurar recordar lo bueno.

Un cabo de año, es verdad pero para mis padres, por ejemplo… En la vida, cuando te sonríe, cuando todo transcurre sobre ruedas, un año se pasa rápido. Pero un año viviendo la ausencia física y digo física, porque mi hermana era creyente y nosotros también y sabemos que mi hermana, como ella dijo: “Yo me voy, Mari, pero Marina -que era mi hija, que también falleció, con 37 años- y yo nunca os dejaremos solos. Siempre estaremos con vosotros”. Y es verdad.

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