El feminismo en el medio rural de Zamora: “Ellas han luchado por sus hijas y sus nietas sin saber que eso tenía nombre”

Muchas de ellas nunca se han definido como feministas. Sin embargo, llevan toda la vida luchando por una vida más justa para sus hijas y sus nietas. Este domingo Fonfría acoge la segunda edición de “Yo me planto”, un 8M rural impulsado por la asociación RuralZa para visibilizar la realidad de las mujeres en los pueblos zamoranos.

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El municipio zamorano de Fonfría acoge este domingo una celebración del Día Internacional de la Mujer diferente. Bajo el lema “Yo me planto”, la asociación RuralZa organiza una jornada pensada para visibilizar y poner en valor a la mujer rural.

La iniciativa nace del trabajo que la asociación desarrolla en varios municipios de la provincia —Valdeperdices, Almaraz de Duero, Bermillo de Alba, Pino del Oro, Fonfría, Fornillos de Aliste, Samir de los Caños y Ceadea— donde cerca de 80 personas participan en sus talleres, más del 90% de ellas mujeres.

Creemos que es de máxima importancia traer la celebración a la zona para que ellas puedan ser partícipes de este día”, explica Laura García, una de las impulsoras deRuralZa.

Una fiesta que ya está en el calendario de los pueblos

La primera edición, celebrada el año pasado, reunió a cerca de 200 personas y superó todas las expectativas de la organización. Sin embargo, más allá de los números, lo que ha impulsado repetir la experiencia ha sido la propia respuesta de las participantes.

Las señoras ya lo daban por sentado. Para ellas el 8M ya es fiesta”, cuentan entre risas Laura García y Laura Méndez. Muchas de estas mujeres no utilizan términos como feminismo para describir lo que sienten o defienden. Pero su forma de entender la vida y las oportunidades para las generaciones más jóvenes está profundamente marcada por esa reivindicación.

Ellas han luchado por el feminismo sin conocer el término. Simplemente querían una vida más justa para sus hijas y sus nietas”, explica Méndez.

El feminismo cotidiano del mundo rural

El trabajo de RuralZa en los talleres semanales ha permitido abrir espacios de conversación donde las mujeres comparten experiencias que durante décadas habían permanecido en silencio.

Si alguien pudiera escuchar por un agujerito lo que se dice en esos espacios de confianza… mucha gente se sorprendería”, comentan. “Nunca lo han dicho en voz alta y cuando lo hacen, lo dicen todo”.

En el mundo rural, las reivindicaciones feministas siguen teniendo un enfoque distinto al de las grandes ciudades. Mientras en entornos urbanos el debate suele centrarse en el acceso a puestos de poder o en la brecha salarial, en los pueblos la desigualdad sigue apareciendo sobre todo en los cuidados y las tareas domésticas.

“Muchas de ellas han trabajado toda su vida fuera, con el ganado o en el campo, y al volver a casa seguían siendo las responsables de todo lo demás”, explica García. “El marido se sentaba a la mesa y ellas seguían trabajando”.

Pequeños cambios, grandes pasos

Aun así, las organizadoras detectan cambios generacionales importantes. Las mujeres mayores observan cómo sus hijos e hijas gestionan ahora las tareas del hogar de manera distinta. “Antes no eran capaces de salir de casa sin dejar la comida preparada. Ahora algunas dicen: si tiene hambre, que abra una lata”, explican.

Son transformaciones pequeñas pero muy significativas, que reflejan una evolución en la forma de entender los roles dentro del hogar. Ese proceso también se nota en cuestiones como el cuidado de los nietos. Muchas mujeres disfrutan de ese papel, pero también empiezan a reclamar algo de tiempo propio. “Quieren estar con sus nietos, claro, pero también quieren tener su tiempo”.

Un manifiesto construido desde la experiencia

La jornada del 8M incluirá la lectura de un manifiesto elaborado colectivamente por las propias participantes en los talleres. El texto parte de un recuerdo común de su infancia: “Cuando un niño hacía tareas que se consideraban de mujeres, le decían que se le iba a caer el pito’”. A partir de ahí, las mujeres reflexionan sobre cómo han cambiado —y cómo siguen cambiando— los roles de género en sus pueblos.

Para RuralZa, ese proceso de reflexión compartida es uno de los mayores logros del proyecto: crear espacios donde las mujeres puedan hablar con libertad y reconocerse en las experiencias de otras.

De hecho, cuando los talleres no se celebran, muchas de ellas siguen reuniéndose igualmente. “La semana que no estamos, ellas quedan igual a la misma hora”, explican desde la asociación.

Baile, mural colectivo y DJ para celebrar el 8M

La jornada del domingo comenzará a primera hora con autobuses gratuitos que recogerán a las participantes en distintos municipios para facilitar su asistencia. Las actividades arrancarán en el Centro Cívico de Fonfría con café y pastas, y continuarán con una clase de baile a cargo de Salsón Dance.

Después se leerá el manifiesto —dividido entre mujeres de cada pueblo participante— y se realizará un mural colectivo donde las asistentes podrán dejar mensajes y reflexiones.

Durante toda la mañana la música correrá a cargo de DJ Fausto, y la jornada terminará con un picoteo para todas las personas asistentes, financiado gracias a la colaboración de la Diputación de Zamora. Desde la asociación RuralZa esperan que la iniciativa siga creciendo y llegue a más municipios de la provincia.

Nos gustaría que el movimiento feminista calase también en el mundo rural”, señalan. Porque, como demuestran las historias compartidas en sus talleres, la reivindicación también se construye desde los pueblos.

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