La hoguera que une generaciones en Las Candelas de Puebla de Sanabria: "Nace del esfuerzo de los vecinos"
El barrio de San Francisco se encuentra inmerso en la festividad en honor a la Virgen de la Candelaria
Cada primer fin de semana de febrero, en pleno invierno sanabrés y como viene ocurriendo desde hace décadas, el frío helador se aparta durante una noche para dar paso a un calor que abriga, reconforta y reúne. Frente a la hoguera, se celebra con los rostros de siempre, se acoge a los nuevos vecinos que llegan y se recuerda a los que ya no están. Un año más, Las Candelas de Puebla de Sanabria demuestran que la tradición sigue muy viva porque sus vecinos se empeñan en cuidarla.
La fiesta del barrio
La festividad, celebrada en honor a la Virgen de la Candelaria el día 2 de febrero, tiene sus orígenes en la historia popular del barrio de San Francisco. Tal y como explica Ariana Huertas, una de las organizadoras de la fiesta y miembro de la Asociación Las Candelas —reactivada en el año 2022—, se trata de una celebración impulsada desde sus inicios por los propios vecinos, antes de que intervinieran instituciones oficiales. “Siempre la he llamado la fiesta del barrio”, asegura.
Ubicada en la iglesia del antiguo Convento de San Francisco, la figura de la Virgen de la Candelaria data entre finales del siglo XVIII y principios del XIX y está estrechamente relacionada con el origen del barrio. A su alrededor se ha ido tejiendo una festividad que aúna lo religioso y lo pagano y que se mantiene gracias al compromiso vecinal.
Ariana Huertas, sanabresa de nacimiento y corazón, atesora recuerdos de Las Candelas desde su infancia, cuando la celebración tenía lugar en la calle Grupo 29 de octubre. “Nace del esfuerzo de los vecinos. Desde niños a mayores, buscaban leña, escobas y hacían una hoguera. Después, el baile se hacía en el garaje de algún vecino, porque el local aún no existía”, relata.
El local al que se refiere se construyó hace ya tres décadas como respuesta a la necesidad de un espacio propio. El resultado llegó gracias a un esfuerzo colectivo: el Ayuntamiento cedió el terreno y aportó una dotación económica, los negocios colaboraron con la donación de material y, una vez más, fueron los propios vecinos, de todas las edades, quienes levantaron el local “con sus propias manos”. Así, a mediados de los años 90, se inauguró el local de Las Candelas.
Un trabajo que viene de lejos
La fiesta parecía destinada a no desaparecer. Con el relevo generacional, la antigua asociación organizadora se acabó diluyendo y, hasta 2022, la celebración se mantuvo gracias a comisiones informales. La actual Asociación Las Candelas, de la que Huertas forma parte, está integrada mayoritariamente por mujeres, que asumieron la responsabilidad de organizar una de las tradiciones más queridas en Puebla.
En este punto, Ariana destaca que durante mucho tiempo el papel de las mujeres quedó relegado a un segundo plano. “Siempre han sido las grandes olvidadas”, señala. Según su testimonio, eran ellas quienes se encargaban de preparar el escabeche y la hoguera, de la limpieza de la iglesia y, en definitiva, en todo el trabajo silencioso que hacía posible la fiesta año tras año.
Para la Asociación, mantener viva la fiesta es una forma de resistencia y de identidad. “Hemos cogido el testigo de nuestras madres y nuestras abuelas”, afirma. La implicación de quienes viven y trabajan en Puebla de Sanabria y las localidades cercanas es clave para que la tradición no se apague.
Porque, con el paso del tiempo, Las Candelas han trascendido del barrio e incluso de la propia localidad, consolidándose como una cita de referencia para la comarca. Y aunque sigue siendo “la fiesta del barrio de San Francisco”, va ganando adeptos, con un mayor número de vecinos y curiosos que se acercan a participar y disfrutar de un programa pensado para todos los públicos, con juegos infantiles, verbenas o una comida popular.
La hoguera que une generaciones
Hay tres momentos clave que permanecen inalterables en el tiempo y que simbolizan la unión entre lo religioso y lo pagano. Por un lado, la novena en honor a la Virgen de la Candelaria, celebrado desde el pasado 23 de enero. Por otro, la tradicional escabechada y la quema de la hoguera. Durante esa cena y alrededor del fuego se mezclan generaciones, se conversa y se refuerzan vínculos. “Es un ambiente de mucha unión”, explica Ariana. La hoguera concentra la carga simbólica de la fiesta: para muchos representa una renovación, el comienzo de un nuevo ciclo y, de alguna forma, el regreso a la infancia, a aquellos inviernos en los que ese fuego ardía casi a la puerta de casa.
En una comarca herida por la despoblación, la continuidad de Las Candelas adquiere un significado extra. Además del valor cultural y emocional, la festividad tiene un impacto económico en una de las épocas más flojas para el turismo en la zona. Durante este fin de semana, bares y establecimientos notan la llegada de visitantes de otros puntos de la comarca e incluso la provincia. Las Candelas llenan calles, locales y alojamientos, demostrando que la tradición sirve para dinamizar el territorio.
Cuando se le pregunta a Ariana por su recuerdo más especial celebrando Las Candelas, responde con cierta emoción y entusiasmo: “Vivirlas con mi abuela, las he vivido con ella desde pequeña y es muy especial”. Un momento que tiene la fortuna de seguir disfrutando y que representa de la mejor forma posible el espíritu de la festividad: un hilo invisible que une generaciones, como si de una herencia se tratase.
Ahora, frente al calor y la luz de la hoguera, las integrantes de la Asociación sonríen, unidas por el trabajo bien hecho y por la satisfacción de saber que la tradición en Sanabria perdura y que la historia del barrio de San Francisco sigue contándose.
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