La Junta declara Bien de Interés Cultural dos enclaves históricos de la provincia de Zamora

El Consejo de Gobierno ha aprobado la declaración del Castro y Cisternas Romanas del Teso de la Mora, en los términos municipales de Molacillos, Torres del Carrizal y Benegiles, en Zamora, como Bien de Interés Cultural con categoría de Zona Arqueológica. Con esta declaración se resuelve el expediente incoado en 1983, aunque la protección jurídica como Bien de Interés Cultural tuvo efecto desde el momento de su incoación. Esta declaración BIC se enmarca dentro del compromiso de Legislatura de la Junta de concluir todos los procesos de declaraciones pendientes.

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 Teso romano
Teso romano

La zona arqueológica del Teso de la Mora se encuentra situada al norte de la localidad de Molacillos, en su mayor parte en su término municipal, si bien una pequeña parte del mismo se encuentra en los términos municipales de Benegiles y Torres del Carrizal. La declaración de la zona arqueológica afecta a una superficie de 118 hectáreas.

El lugar fue frecuentado desde la época calcolítica a la Edad del Bronce, entre los años 2000 y 800 a. C., constituyéndose en un poblado de ocupación permanente durante la Primera Edad del Hierro, datada del siglo VIII y V a. C., y albergando, a partir de la centuria siguiente, una ocupación de las gentes vacceas. Se hallaba ya despoblado algo antes del cambio de era, tal vez debido al proceso de conquista romana en la Meseta norte.

A la época romana altoimperial corresponderían las estructuras hidráulicas romanas identificadas en el Teso de la Mora, que se ha llegado a identificar con el Vico Aquario, un nombre latino que hace referencia a un núcleo rural pequeño y con poca población, que nada tendría que ver con el del poblado anterior ya abandonado y que hace referencia al agua.

Estas cisternas son dos depósitos de agua soterrados, de planta rectangular de 10,6 m de largo por 3,70 m de ancho y una altura de 5,76 m, cubiertos con bóveda de cañón. Toda la fábrica es de opus caementitium, que se halla revestido al interior por un material impermeabilizador, el opus signinum.

La construcción se compartimenta con un muro de 70 cm de anchura que se encuentra perforado en tres arcos de medio punto de 165 cm de altura cuya función era comunicar ambos depósitos. Estos podían llegar a contener 211 m3 de un agua que llegaba a través de unas tuberías que habrán sido expoliadas tras su abandono o bien que fueran llenando con el agua de lluvia, lo que supone la existencia de un gran edificio sobre las cisternas y al que correspondería el hallazgo de numerosos restos constructivos hallados durante el proceso de excavación: pinturas murales, piedra caliza tallada, una basa de columna, ladrillo y teja y restos de pavimento realizado con opus spicatum. Todo ello hace pensar que sobre las bóvedas de los almacenes de agua se disponía un pavimento de ladrillos en espiga en el que se abría un brocal de pozo, hallado en el relleno de la cisterna norte, por el que se extraería el agua.

El edificio contaría con un atrio central, con un tejado que vertería a un compluvium donde iría cayendo el agua de lluvia. De ahí pasaría al impluvium y, mediante tuberías, llegaría a las cisternas, que conservan ciertas oquedades interpretadas como los restos de esos ingresos de agua canalizada.

Su datación e importancia

Las cisternas del Teso de la Mora de Molacillos, en la provincia de Zamora, son las únicas halladas, hasta ahora, fuera de contextos urbanos romanos, de ahí su importancia, ya que parece que son erigidas hacia el cambio de era y que se hallan abandonadas a mediados del siglo I a. C., es decir, que su vida fue efímera pero fundamental, pues se halla directamente relacionada con la presencia y movimientos del ejército romano en la zona, ya que una obra de esa envergadura en el noroeste de Hispania y en esos momentos solo podía responder al control militar de la zona. Las razones para hacerlo precisamente en este punto pueden deberse a que el río Salado, que transcurre a sus pies y nace en la Laguna de las Salinas, no es apto para el consumo precisamente por su salubridad, generando una alternativa necesaria.

Todo parece indicar que las cisternas se mantuvieron en perfecto uso solo durante unos 40 o 50 años, desapareciendo cuando lo hicieron las necesidades que motivaron su construcción, es decir, una vez controlado el noroeste peninsular por Roma y ya retirados los contingentes militares de las vías principales. De hecho, es a partir de entre el 15 y 20 d. C. cuando las unidades militares se acantonan en campamentos permanentes debido a una reorganización militar.

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