Las mascaradas vuelven por carnaval
Villanueva del Valrojo, Pereruela, Palacios del Pan, Carbellino y Almeida de Sayago son algunas de las localidades que festejarán esta tradición ancestral durante los días 25, 26, 27 o 28 de febrero.
Las mascaradas siguen siendo una de las señas de identidad de la provincia de Zamora. Tanto es así que en la última edición de Intur, la Diputación de Zamora apostó por la creación de tres rutas turísticas en torno a esta tradición. La primera comprende las mascaradas de invierno que se celebran en Navidad, la tercera abarca las que se festejan durante el periodo estival y, la segunda, la que corresponde con estas fechas de carnaval.
En este artículo recogemos la información facilitada por el Patronato de Turismo en relación a las mascaradas que podremos disfrutar en los próximos días en Villanueva de Valrojo, Carbellino y Almeida de Sayago, Pereruela y Palacios del Pan.
Los carnavales de Villanueva de Valrojo. ¿Cuándo? Sale el sábado, el domingo, el lunes y el martes de Carnaval.
En este festejo participa todo el pueblo. Trajes y “barajas” de cencerros están depositados en un pajar al que acuden los vecinos y se ponen el que desean, pues los hay de todos los tamaños.
Se viste de ‘Cencerro’ quien quiere, por lo que su identidad es desconocida incluso para los más allegados. Solo tiene que ir a ese pajar, cambiar su vestimenta, atarse los cencerros a la cintura, coger las tenazas o las tornaderas, ponerse la careta, correr y hacer a su albedrío lo que le apetezca.
En cuanto a las máscaras, están realizadas por tres lugareños, que las elaboran en cera, cuero y papel prensado, todas de gran colorido y brillantez. Durante todos los días de Carnaval se suceden los paseos y carreras por todo el pueblo, aunque lo más llamativo son los ‘números’, donde, dependiendo de los disfraces, se organizan distintas acciones. Los Cencerros tienen la misión de impedir que la gente interrumpa a los realizadores de esos números.
El lunes de carnaval se hace la cuestación o aguinaldo por parte de la juventud, pidiendo casa por casa. Aún sigue siendo habitual que se les dé chorizos y huevos, con algo de dinero. Con todo ello organizan esa noche la llamada ‘cena de carnaval’-
Por su parte, los ‘Diablos’, vestidos con capas pardas y máscaras de corcho con cuernos, tienen una única y efímera actuación solo el martes de carnaval, al anochecer. Su tarea consiste en poner punto final al baile, al que llegan con alguna lata con azufre ardiendo. La cuaresma y el infierno ya están ahí.
La vaca bayona en Carbellino de Sayago. ¿Cuándo? El sábado de carnaval, desde las 17.00 hasta las 19.00 horas aproximadamente.
El ritual es muy sencillo. En torno a las cinco de la tarde del sábado de carnaval, la vaca bayona y el gañán salen de los locales del Ayuntamiento y recorren todo el pueblo. Durante este recorrido, la vaca se dedica a perseguir a chiquillos y a mayores, que se suelen disfrazar con trajes comprados, simulando cornearlos. Como hay tradición de tirarle del rabo, ella suelta coces. El gañán la “arrea”, por lo que siempre va detrás de ella, aunque, a veces, no es capaz de controlarla e, incluso, se revuelve contra él. Cuando terminan el recorrido, se acaba la fiesta, generalmente con una chocolatada para todos.
La vaca bayona está formada por armazón de perfil triangular de aluminio, que en su parte delantera lleva chapa metálica con el perfil de la cabeza de una vaca, pintada en negro, con ojos y agujeros nasales en rojo y blanco, mirilla para el que la porta, cuernos de vaca y cencerro en la parte inferior. Por la parte posterior, rabo hecho de cuerda de cáñamo y otro cencerro. Todo se cubre con una loneta negra.
Socialmente fue una fiesta muy esperada dentro del calendario festivo local. Los carnavales eran una época de excesos en una sociedad bastante austera y constreñida por normas muy rígidas.
Cuentan que el origen de esta fiesta en todo Sayago reside en que el guarda de los sembrados solía encontrar vacas pastando en terreno acotado, por lo que las recogía y las encerraba en un corral hasta que el dueño pagara una fuerte multa. Dada la escasez de dinero, muchas quedaban por rescatar, por lo que se subastaban todas, excepto una, que pastaba libremente hasta el 1 de enero del año siguiente, fecha en la que era sacrificada y consumida por todos los vecinos. Pero, para sacar dinero para componer la carne y comprar pan y vino, uno se vestía de vaca vayona y pedía el aguinaldo.
La vaca bayona en Almeida de Sayago. ¿Cuándo? El domingo de carnaval, desde las 17.00 hasta las 19.00 horas aproximadamente.
Aquí sobrevive una de las tres vacas bayonas que fueron características de todos los pueblos de Sayago hasta muy avanzado el siglo XX. La vaca vayona siempre la representaron los mozos. Por lo general, se vestía de vaca uno solo (Abelón, Argañín, Cabañas de Sayago, Cozcurrita...) o, más excepcio- nalmente, tres (Pereruela, Moraleja de Sayago y Tamame). Dependiendo de los pueblos, salía el domingo de carnaval, el martes o ambos días.
Su presencia antiguamente era efímera, pues en muchos pueblos solo aparecía a la hora del baile simulando cornear a los niños, persiguiendo a los jóvenes, atacando a los vecinos para que le den el aguinaldo y levantando las faldas de las mujeres. El desenlace siempre era el mismo: es toreada y muerta.
En Almeida, el armazón de madera es un prisma triangular alargado, para ser llevado sobre los hombros, mostrando en uno de sus extremos los cuernos y una máscara de corcho negro simulando la cabeza del animal, resaltando en blanco ojos y boca y, al cuello, un cencerro. Lo lleva una sola persona, que se cubre con manta negra, rematada en su parte posterior por un alargado rabo. Sale tan solo un rato en torno a las cinco de la tarde el domingo de carnaval para divertir a la chiquillería. La vaca está considerada como un animal que propicia la agricultura, por eso sale acompañada de un gañán o pastor, de un sembrador y de un pelele al que denominan Pedro Pajas, que es objeto de los ataques de la vaca.
La vaca, como productora de leche, es símbolo de la tierra nutricia y en el Tao es principio pasivo, es decir, la Tierra. Es símbolo de la fertilidad, ligada al ciclo agrario más que al ganadero, pues, como en el folklore germánico, “es la nube hinchada de lluvia fertilizadora que cae sobre la tierra”. Esta característica se ve refrendada por esa figura del sembrador que siembra de paja o de ceniza calles y personas por donde pasará la vaca para que la fertilice.
La vaca antrueja de Pereruela. ¿Cuándo? El domingo de carnaval, desde las 5 hasta las 7 de la tarde.
Comienza la celebración el domingo de carnaval, a las cinco de la tarde, con la llegada de los personajes. Abre la comitiva un obispo, acompañado de un monaguillo con calderín con agua a modo de acetre, que no para de echar bendiciones y asperger a la gente. Le siguen dos vacas antruejas, una más pequeña que la otra, portadas siempre por dos niños cada una para hacer referencia a las dos vacas que salían antiguamente en el pueblo: la de los niños, que aparecía el domingo de antruejo, y la de los mozos, que lo hacía el martes de carnaval.
Ambas van acompañadas delante por un sembrador, que, con alforja al hombro, va arrojando paja por la calle. Las siguen los Gañanes, que, armados con un palo, procuran dominarlas. Asimismo, correteando de un lado para otro, un niño porta a su espalda un pelele semiabrazado a su cuello. Cierran la comitiva un grupo de mujeres ataviadas con el traje tradicional, cantando al ritmo del tamborilero, que toca flauta y tamboril.
Una vez en la plaza, el obispo echa una predicación en coplas, pareados de rima consonante, con referencia a temas de actualidad nacional y provincial, pero donde no faltan jamás las referencias de carácter sexual y frases con doble sentido.
Terminado el mismo, se hace un recorrido por el pueblo y se vuelve al lugar de origen, aquí comienza el ritual propiamente dicho: Es el momento en el que entra en escena el sembrador que riega de paja, a modo de semillas, el terreno. La vaca, dirigida por el gañán, simula arar el terreno para enterrar la semilla. Después, suena la música y comienzan a bailar las mujeres. Es el momento que aprovecha la vaca para crear desorden, metiéndose entre las danzantes y hacer ademán de levantar algunas faldas. En ese momento también entra en escena el pelele, portado a hombros por un niño, en referencia a lo que se realizaba a lomos de burro. La persecución entre los que bailan acaba con la caída del pelele y su corneamiento por parte de la vaca.
Ahora el gañán cambia palo por muleta y torea la vaca entre los olés del público hasta que procede a darle muerte. Sus despojos van a ser objeto de un divertido responso por parte del obispo. Termina la representación con el cortejo fúnebre formado por lloronas y el obispo, quien pone punto final a su actuación con un jocoso miserere, donde siempre pide limosna.
La vaquilla en Palacios del Pan. ¿Cuándo? El domingo de carnaval desde las 5 hasta las 7 de la tarde aproximadamente.
Los actos se celebran el domingo de carnaval, a partir de las cinco de la tarde, desde el Ayuntamiento. A esa hora los vecinos salen a la plaza y la vaquilla, bien flanqueada por los cencerreros, empieza a atacar a los allí congregados, mientras los cencerreros emplean bien el sacudidor.
A continuación, comienza el desfile encabezado por la vaquilla y sus escoltas los cencerreros. Les sigue el patriarca gitano, llevando una carretilla con ceniza, para lanzarla a los espectadores. Detrás vienen los gitanos y gitanas, algunas subidas en un carro tirado por una burra. Por último, cierran el cortejo dos gaiteros, un tamborilero y un bombo.
Se dirigen hacia un monumento en el que han instalado una deteriorada estela romana. Subido en la peana de él, el patriarca lanza un discurso en el que presenta el reto que le hace un cencerrero al cencerrero mayor. El duelo, a espada, acaba siempre con la victoria del candidato. Al vencedor le “coronan” con un sombrero de paja deshilachado y adornado con un cráneo de gato, dos pezuñas de cerdo y colas de zorro. Al vencido, tirado en el suelo, lo azotan con los zurriagos y le pinchan con la horca de madera. Finaliza el acto con el rendimiento de homenaje y pleitesía al vencedor.
Mientras tanto, los gitanos han estado adornando el armazón de la va- quilla con cintas de colores, cada una de las cuales corresponde a un pequeño obsequio. Es el momento de regresar a la plaza. El recorrido de vuelta se hace intenso, pues la chiquillería, deseosa de coger las cintas no para de correr y de azuzar a la vaquilla, que se defiende como puede con ayuda de los cencerreros.
Al llegar a la plaza del Ayuntamiento aún le quedan algunas cintas, que son ansiadas por los muchachos. La gente, distraída con los envites de los chicos al astado, no se da cuenta de que el patriarca quiere gastar toda la ceniza en ellos. La última cinta cae en manos de un muchacho y la vaquilla es sacrificada por el cencerrero mayor.
Ahora son los gitanos los que empiezan la cuestación casa por casa y también entre los espectadores ofreciendo a cambio “bollos nevados”, dulces típicos de Navidad. Termina la fiesta con una invitación a todos los presentes.
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