El médico zamorano Enrique Crespo pregona el conocido Carnaval del Toro de Ciudad Rodrigo

 El médico zamorano Enrique Crespo pregona el conocido Carnaval del Toro de Ciudad Rodrigo
El médico zamorano Enrique Crespo pregona el conocido Carnaval del Toro de Ciudad Rodrigo

Después de 30 años, a Enrique Crespo se le agolpaban este viernes sobre el escenario del Teatro Fernando Arrabal amigos, sentimientos, experiencias y mucho agradecimiento.

Partiendo desde la humildad y el recuerdo hacia quienes como Ignacio Corvo, Adolfo Vidal o su padre Antonio Crespo-Neches han hecho de él el medico en el que se ha convertido, Crespo fue poco a poco enhebrando un discurso dedicado a José Antonio Domínguez y su familia en el que hubo lugar, lógicamente, para su historia personal con el Carnaval del Toro aunque para reivindicar, sobre todo, el trabajo que año tras año realiza junto a su equipo en la Plaza mirobrigense y que le ha valido la admiración tanto dentro como fuera de España además del cariño de los farinatos, agradecido por el doctor desde el atril de un entregado Teatro Fernando Arrabal.

Orgulloso, y sin olvidarse de algunos de los casos más complicados de su carrera como ‘salvavidas’, el pregonero puso de manifiesto que “por el historial de heridos y lesionados de enorme gravedad que cada año se cobra el Carnaval del Toro y por el compromiso ético que nuestra conciencia profesional nos dicta, hemos conseguido hacer del equipo médico y de la Enfermería del Carnaval  una referencia en la cirugía taurina mundial hasta el punto que, al menos para mí y para muchos profesionales sanitarios, este equipo médico del Carnaval sea considerado el mejor del mundo”. 

La repercusión que, entre los profesionales médicos de diversas Plazas de Toros españolas, francesas, americanas tiene el trabajo que se realiza en Miróbriga, “son muchos los médicos que acuden a Ciudad Rodrigo estos días para compartir nuestra actividad y a quienes agradecemos su presencia, apoyo y respeto durante el Carnaval y en diversos foros científicos nacionales e internacionales donde acuden”. 

La cirugía taurina, prosiguió el pregonero, “se aprende en los burladeros observando las cogidas, en las enfermerías reconociendo a los pacientes, en el hule operando las cornadas y en el callejón compartiendo las angustias con los toreros o detrás de las talanqueras viendo pasar los miedos a la carrera”.

En su evocación del pasado, Crespo recordó que en los bajos del Ayuntamiento de Ciudad Rodrigo se formó como médico taurino. “Ahí aprendí a soportar la tensión que envuelve a la Enfermería cuando el drama del percance transforma el bullicioso y burlesco escenario de la plaza y las calles de esta milenaria ciudad en momentos de angustiosa incertidumbre entre sus gentes”. “En aquella Enfermería, arcaica para la que hoy disponemos, comprendí que las heridas por asta de toro exigían, sobre todo,  serenidad, decisión y audacia en los cirujanos y anestesistas más que medios materiales y aparataje técnico. Entre las paredes de aquel primer quirófano del Carnaval muchos jóvenes médicos y estudiantes perdimos el miedo a la sangre de las cornadas”. 

El doctor Enrique Crespo descubrió otras de esas lecciones que le ha dado su profesión, brillantemente ejercida en tierra farinata, la de la serenidad. “En los viejos soportales del Ayuntamiento entendí lo crucial que es ofrecer consuelo y serenidad a familiares afligidos mientras les explicaban la gravedad de las heridas.  ¡Qué importante es dar cuenta del percance al herido, a sus familiares, a sus amigos, a sus compañeros! y cómo se agradece una información que devuelva la tranquilidad a ese ambiente, cargado de dudas, que se forma fuera de la enfermería”. 

Así, “lejos, muy lejos de los hospitales”, se forja una carrera con la que hoy en día se siguen familiarizando, como hizo el propio Crespo, jóvenes médicos que aprenden en Miróbriga “a perderle el miedo a la sangre de las cornadas y salvar las vidas de quienes resultan mortalmente heridos”. El pregonero confesó finalmente que continúa viéndose reflejado en ellos “como era yo hace más de treinta años, cuando vine a Ciudad Rodrigo por primera vez para hermanarme con ella, con sus vecinos  y con su Carnaval del Toro para siempre”. 

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