La noche que nunca terminó: se cumplen 67 años de la tragedia de Ribadelago

Se cumplen 67 años de la rotura de la presa de Vega de Tera, una tragedia que arrasó Ribadelago y causó la muerte de 144 personas. El recuerdo de aquella madrugada sigue vivo en la memoria de Sanabria y de toda la provincia

Supervivientes de la catástrofe de Ribadelago, en Zamora. (RTVE)
Supervivientes de la catástrofe de Ribadelago, en Zamora. (RTVE)

El 9 de enero de 1959 había comenzado como un día cualquiera en Ribadelago, un pequeño pueblo de la comarca de Sanabria, en la provincia de Zamora. Sin embargo, a las 3:00 de la madrugada, un fallo catastrófico en la presa de Vega de Tera cambió para siempre el destino de la localidad.

La infraestructura, situada aguas arriba y encargada de contener el embalse del río Tera, cedió de forma repentina. Una enorme masa de agua se liberó sin control y se dirigió directamente hacia el pueblo, alcanzándolo apenas media hora después.

A las 3:30, la avalancha cayó sobre Ribadelago con una fuerza devastadora. Casas, calles, cultivos y edificios fueron arrasados en cuestión de minutos. La mayoría de los vecinos dormían y no tuvieron tiempo de huir. Muchas viviendas desaparecieron por completo, dejando a los supervivientes sumidos en una escena de destrucción absoluta.

El balance humano fue dramático: 144 personas perdieron la vida, entre ellas hombres, mujeres y niños que quedaron atrapados por el agua o sepultados bajo los escombros. Algunos cuerpos fueron encontrados a kilómetros de distancia, en las orillas del embalse o entre los restos del pueblo. Las labores de rescate se prolongaron durante días, marcadas por el dolor, la impotencia y la búsqueda incansable de desaparecidos.

Las investigaciones posteriores señalaron una combinación de intensas lluvias durante el invierno de 1958 y deficiencias en el mantenimiento de la presa como posibles causas del colapso. Los informes pusieron de relieve la falta de medidas de seguridad y de control en una infraestructura clave, que no soportó la presión acumulada del embalse.

Ribadelago quedó prácticamente destruido. Años después, el pueblo fue reconstruido en una nueva ubicación, pero la memoria de las víctimas permanece intacta. Cada 9 de enero, familiares, descendientes y vecinos de la comarca se reúnen para rendir homenaje a los fallecidos, depositando flores junto al monumento que recuerda a quienes perdieron la vida aquella noche.

La tragedia de Ribadelago se ha convertido en una lección histórica sobre la importancia de la seguridad en las grandes infraestructuras y la necesidad de una vigilancia rigurosa para evitar desastres similares. Aunque las responsabilidades nunca fueron completamente esclarecidas, el suceso sigue siendo objeto de reflexión y estudio.

Hoy, más de seis décadas después, Ribadelago continúa siendo un símbolo de memoria, dolor y resistencia. El recuerdo de los 144 vecinos que murieron bajo las aguas sigue vivo en Zamora y en toda España como advertencia de una tragedia que nunca debe repetirse.

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