Entre caperuces blancos y el canto del Miserere: la historia de Jesús Yacente

Fundada en 1941, la Hermandad de Jesús Yacente recorre cada Jueves Santo las calles de Zamora con un silencio sobrecogedor, combinando penitencia, belleza artística y tradición en una de las noches más emblemáticas de la Semana Santa

Procesión de Jesús Yacente 2022
Procesión de Jesús Yacente 2022 | María Lorenzo

La Penitente Hermandad de Jesús Yacente se define por su carácter penitencial y su cuidada estética. Surge en la posguerra española para cubrir un espacio entre las cofradías históricas, entre la Vera Cruz, en la tarde del Jueves Santo, y la Congregación de Jesús Nazareno, en la madrugada del Viernes Santo.

Su historia comienza a principios de 1941 con el hallazgo fortuito de la impresionante imagen de un Cristo Yacente, atribuida a la escuela de Gregorio Fernández, en la Iglesia de la Concepción. El impacto de la talla entre la juventud zamorana fue inmediato: en apenas 36 días se inscribieron 111 personas y se celebró el primer Cabildo Mayor. La hermandad queda canónicamente erigida y sus primeros estatutos aprobados el 11 de marzo de 1941, alcanzando antes de finalizar el año 117 hermanos fundadores.

La primera salida procesional se celebra semanas después, el Jueves Santo 10 de abril de 1941. La austeridad y el recogimiento de los cofrades, con altos caperuces blancos, y la solemnidad de la talla del Yacente, calaron hondo en la ciudad, convirtiéndose en un referente inmediato dentro del calendario de la Semana Santa zamorana.

Impulsada por Dionisio Alba Marcos y Antonio Alonso, primer Hermano Mayor, la hermandad nació con una media de edad de apenas 23 años. Sus jóvenes miembros procedían principalmente de la Acción Católica y residían en el casco antiguo, por donde discurre la procesión. Sus fines fundacionales eran claros: fomentar el culto a Jesús Yacente, promover el ejercicio del Vía Crucis y contribuir con recogimiento y penitencia al esplendor de la Pasión zamorana.

A la sobriedad y la belleza plástica del desfile se sumó, a principios de los años 50, uno de los momentos más sobrecogedores de la Semana Santa: el Canto del Miserere. Inicialmente interpretado por 14 cantores del coro del Seminario, hoy reúne a más de 200 voces masculinas en la Plaza de Viriato, consolidándose como el clímax de la noche del Jueves Santo.

Con cambios mínimos desde sus inicios, el espíritu de 1941 permanece intacto: lo que comenzó como un arrebato de fe juvenil ante una imagen prácticamente desconocida se ha convertido en una de las señas de identidad más profundas de Zamora, uniendo arte, silencio y devoción.

Aunque originalmente solo contemplaba hermanos varones, en 2018 se modificaron los estatutos para permitir la incorporación de mujeres como hermanas de pleno derecho, adaptándose al Estatuto Marco del Obispado. Esta decisión permitió a las mujeres acceder a la lista de espera y formar parte activa de la cofradía, consolidando la vocación de inclusión y continuidad de la hermandad.

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