VÍDEO | Una ciudad en obras, una Pasión en pie

La Cofradía del Vía Crucis protagonizó este Martes Santo en Zamora una despedida cargada de emoción, entre Nazareno, Esperanza y silencio, en un recorrido que unió tradición, dolor y fervor por las calles del casco antiguo.

Procesión de Jesús del Vía Crucis
Procesión de Jesús del Vía Crucis | Víctor Garrido

La Semana Santa de Zamora vivió este Martes Santo una despedida distinta, lejos de la Catedral, pero igual de intensa. La Cofradía del Vía Crucis regresó a San Atilano, y la ciudad se transformó a su paso: la Pasión, como siempre, en constante metamorfosis.

El verde de los andamios del Seminario se convirtió en telón de fondo, y aun así la estameña blanca y morada de los hermanos cubrió las calles con devoción. El Nazareno de San Frontis abrió el cortejo, seguido por la mirada eterna de la Esperanza, que aún lo contemplaba desde el interior del templo. Cada paso resonaba en el adoquín, un dolor compartido, un latido de madre que ve partir a su hijo camino de la muerte.

El Puente de Piedra se volvió testigo de emociones suspendidas: la Virgen de la Esperanza avanzaba con la mirada encendida, mientras las aguas que inspiraron a tantos poetas reflejaban la luz de un momento irrepetible. Entre reverencias y susurros, el barrio de San Frontis recibió al Nazareno, que encontraba consuelo en su tierra, y las dominicas acogieron a la Virgen bajo sus muros, como un abrazo silencioso de siglos.

Pero hoy la Pasión también llevaba un luto silencioso. José Manuel Martín Lostau, hermano número uno, emprendía su último camino, acompañado por la oración de quienes lo amaron. En cada paso del Nazareno, en cada reverencia de la Esperanza, resonaba el recuerdo de su vida entregada a la devoción. La ciudad se inclinaba ante su memoria, y un manto invisible de consuelo cubría a los suyos.

Así, entre morado y verde, entre dolor y esperanza, Zamora despidió su Martes Santo: la Pasión sigue viva, y con ella, la memoria de los que la honraron hasta el final.

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