Patrimonio de fe: la Congregación a lo largo de los siglos
Más de 12.000 hermanos recorren la ciudad en silencio cada Viernes Santo en una de las procesiones más multitudinarias y sobrecogedoras de España.
La Cofradía de Jesús Nazareno, conocida como la Congregación, fue fundada en 1651 para procesionar en la madrugada del Viernes Santo desde la iglesia de San Juan. Su origen, sin embargo, se remonta a una tradición aún más antigua: la Santa Congregación de Nazarenos de 1610, que ya recorría de noche los caminos hasta el Calvario.
Desde sus inicios, la procesión estuvo marcada por la dureza y el simbolismo. El recorrido original llegaba hasta las Tres Cruces, en las afueras de la ciudad, en un camino largo y exigente que evocaba el sufrimiento de Cristo. Allí tenía lugar uno de los momentos más emotivos: el encuentro entre Jesús Nazareno y la Virgen de la Soledad, origen de las actuales reverencias que siguen emocionando cada año.
La cofradía fue creciendo con el paso de los siglos. A sus dos imágenes iniciales —Jesús Nazareno y la Virgen de la Soledad— se sumaron nuevas escenas de la Pasión como La Verónica, La Desnudez o La Crucifixión, además de elementos tan característicos como el Merlú, con sus sordinas y tambores, que marca el pulso de la madrugada zamorana.
Durante años, los congregantes desfilaban en una sola fila, en silencio y con largas colas en sus hábitos. En los años 60 se adopta la formación en dos filas, dando forma a la imagen actual de la procesión. La devoción a la Virgen de la Soledad llevó también a la creación de una Sección de Damas en 1946, que con el tiempo se integró plenamente en la cofradía, convirtiéndola en una hermandad mixta.
Hoy, con más de 12.000 hermanos, la Congregación es la mayor asociación de Castilla y León y una de las más numerosas de España. Su desfile recorre, paso a paso, todo el camino de Cristo hacia el Calvario, representado en once escenas que convierten la madrugada del Viernes Santo en una experiencia única.
Cuando la Congregación sale, Zamora no duerme: la ciudad entera se detiene para escuchar el sonido del Merlú, ver avanzar los pasos y sentir una tradición que, desde hace siglos, sigue latiendo en la noche más intensa de la Semana Santa.
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