VÍDEO | Terciopelo negro, pasos que narran la historia y la emoción de una ciudad en Viernes Santo

Dice la historia sagrada que en la hora de la muerte de Jesús el día se hizo noche y los velos del templo se rasgaron. Que tras el último suspiro hubo un cataclismo y se abrió la tierra. En verdad era el Hijo de Dios.

03 abr 2026 - 19:12
Procesión del Santo Entierro
Procesión del Santo Entierro | Víctor Garrido

Zamora entierra con honores en la tarde del Viernes Santo a Cristo, muerto en la Cruz como un ladrón con el peor tormento, el peor castigo que aplicaba la ley romana. Bajo un sol radiante y un calor impropio de estas fechas, San Ildefonso era escenario a las 16 horas del Descendimiento, en el que Cristo es desenclavado de la Cruz y presentado a los brazos de su Madre, la Virgen de los Clavos.

Como si el museo, reducido hoy a una ilusión en construcción, aún estuviese en su habitual emplazamiento, la procesión arrancaba oficialmente desde la carpa temporal de San Bernabé siguiendo su recorrido habitual y con los hermanos incorporándose junto a los distintos pasos en dos largas filas de terciopelo negro, el luto elegante que viste la ciudad cada Viernes Santo en el Entierro de Cristo, con la solemnidad por las calles y cuerpos y fuerzas de seguridad escoltando a los pasos y con uniformes de gala.

Tarde de barandales, de cruces parroquiales, de los signos de la Pasión, siguiendo los últimos pasos de Cristo en la tierra, en la Cruz, hasta la tierra misma. Tarde sin la Banda de la Armada por primera vez en más de cuarenta años, pero en la que no se ha apagado el esplendor de decenas de marchas sonando fúnebres y solemnes por la Rúa camino de la Catedral tras las distintas imágenes y grupos escultóricos: La Magdalena de Ángel Marcé, con sus aceites y ungüentos, acariciando, curando; La Conversión del Centurión, de Fernando Mayoral Dorado; la Lanzada de Ramón Álvarez, el Longinos, uno de los pasos irónicos e imprescindibles; la maravilla de la madera y de la fe, el Cristo de las Injurias; el Descendimiento de Ramón Álvarez, primer paso del imaginero; San Juan y Nuestra Señora, de Ricardo Flecha; El Descendido de Mariano Benlliure, primera obra del artista para el mundo; la Piedad de Manuel Ramos Corona; la Conducción al Sepulcro, de Garrós; Retorno del Sepulcro, de Ramón Núnez; el Santo Entierro (La Urna), de Luis Álvarez Duarte, siempre horizontal, tan elegante; y la Virgen de los Clavos, última obra de Ramón Álvarez, honrada bajo palio en su camino de regreso de la tumba del Hijo Muerto.

Directivos de otras cofradías, autoridades civiles y militares y Junta pro Semana Santa han rendido honores a Cristo Muerto por la calle. Un Cristo que anunciaban los tambores de la cofradía y al que cantaban en los fondos o paradas de la procesión las voces graves del Coro San Alfonso. Tarde de solemnidad, de respeto, de luto y dolor para los creyentes en una Zamora que resucita porque es Semana Santa y está atestada de gente, de abrazos, de emociones, de vida.

Una tarde en la que esas túnicas de terciopelo negro han hecho una mala combinación con las temperaturas altas de este Viernes Santo, que han provocado desmayos y ha obligado al reparto de agua por parte de algunos miembros de la Cofradía. Al tratarse de una de las procesiones más largas, las esperas del público al sol, los hábitos y los uniformes de gala han agravado la situación, provocando que los efectivos de Cruz Roja se hayan desplegado para atender a varias personas afectadas por la exposición al sol.

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