domingo. 24.06.2018 |
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Taller de Solidaridad reivindica la visibilidad de las mujeres en la transformación social

Taller de Solidaridad reivindica la visibilidad de las mujeres en la transformación social

Campesinas, costureras, coordinadoras de proyectos, voluntarias internacionales, religiosas y otras muchas que, como la zamorana Diana Crespo, ceden su tiempo para sensibilizar en su entorno… Todas ellas mujeres que día a día trabajan por transformar la sociedad desde la base, y con las que Talles de Solidaridad colabora desde su compromiso por impulsar la justicia social, proteger la dignidad y mejorar las condiciones de vida de las mujeres y de los colectivos más vulnerables en los países en desarrollo.

Desde 2001, la ONGD promovida por las Siervas de San José trabaja en 13 países diferentes, apoyando más de 200 proyectos que han beneficiado a unas 220.000 personas. En este sentido, desde la organización reivindican la visibilidad de las mujeres en la transformación social y aseguran que “las mujeres que mueven el mundo son las que mantienen a sus familias, y siguen trabajando por tener un papel en la sociedad”.

Mujeres como Ngomba Ngoy Anastasie que, desde el barrio de Lubumbashi, en la R.D. del Congo, a sus 44 años cuida de sus 12 hijos y vende verduras en el mercado para poder subsistir. Su marido está enfermo y desempleado, y solo 5 de sus hijos han podido terminar la enseñanza secundaria. Ella nunca había tenido la posibilidad de estudiar, pero ahora, a pesar de todas sus ocupaciones y responsabilidades, “soy capaz de leer y escribir en swahili y comienzo a poder expresar algunos pensamientos en francés. Toda mi familia me apoya y se siente muy feliz al oírme hablar en francés. Siento que me valoran”, comenta.

Después de varios meses asistiendo a las clases del Proyecto de Alfabetización que Taller de Solidaridad (TdS) y las Siervas de San José tienen en su ciudad, Anastasie ha podido superar sus miedos y obstáculos para potenciar su autoestima, y ahora está dispuesta a ayudar a otras mujeres a mejorar su situación y tener un papel más activo en la sociedad.

“En mi iglesia me han pedido la colaboración para orientar y ayudar a un grupo de mamás, para ayudarlas y animarlas. Hasta ahora no me he atrevido, pero al final de este curso creo que seré capaz de orientar y aconsejar sin vergüenza dentro de este grupo. Este proyecto me ayuda a vivir más feliz y expandir mi corazón”.

Las mujeres que mueven el mundo son las que deciden que es necesario sensibilizar a los de aquí y a los de allá para que no haya más aquí y allá. Ellas, con sus acciones, conectan las realidades de todas las mujeres en todos los rincones del planeta. Mueven conciencias a su alrededor con cada palabra, con cada discurso o con cada actividad que realizan en los colegios, en los centros de adultos, en los ayuntamientos… “Ellas son nuestras voluntarias que, como Diana Crespo, desde Zamora, se muestra incansable y tenaz”, exponen desde esta ONGD. “A través de las actividades que desarrollamos queremos sensibilizar sobre la situación de violencia que sufren las mujeres en Medellín (Colombia) para intentar apoyarlas a ellas y a sus familias ante la complicada realidad a la que se enfrentan”, siguen explicando.

En este sentido, añaden que “las mujeres que mueven el mundo son las voluntarias internacionales que desinteresadamente regalan su tiempo de ocio a los demás”. Ellas, como Josefina Nieto, entienden que el voluntariado consiste en “dejarse inundar hasta la última fibra de nosotros mismos de solidaridad, comprensión y ganas de cambiar el mundo”. Miembro del Comité de Linares de TdS y maestra del Aula Hospitalaria del San Agustín de esta misma ciudad, Josefina cambió su forma de entender las vacaciones en agosto de 2013. “Para mí no hay mejor forma de darle sentido a mi tiempo y a mis vacaciones que haciéndome permeable y darle cada día más sentido a mi vida bebiendo los 365 días del año de la riqueza que aporta ser voluntaria”, argumenta.

Las mujeres que mueven el mundo son las profesionales que desde su puesto de trabajo deciden secundar la huelga, porque esto “supone parar la mitad del mundo para que la otra parte sea consciente de que este engranaje no funciona sin nosotras. Las mujeres seguimos moviendo el mundo, aquí y allá, pero hoy, 8 de marzo, nos paramos. Hoy queremos que nuestro paro sea el motor del cambio”, como asegura Rocío Fernández, técnica de Proyectos en TdS.

Desde su situación como trabajadora en una Fundación social, madre, amiga y compañera, Rocío considera que esta huelga pone en el “discurso central y el global el papel de todas las mujeres que son a la vez destinatarias de la pobreza, de la discriminación, de la violencia, de la injusticia y en definitiva, de la desigualdad”.

Las mujeres que mueven el mundo son las que dedican su vida a mejorar la vida de los otros, como la Hermana María Flora, que dedicó más de 50 años a ayudar a las mujeres filipinas a salir de la prostitución y darles otra oportunidad. “Nos disfrazábamos con ropa de calle (se quitaban el hábito) e íbamos a los barrios famosos por sus casas de alterne. Queríamos hablar con las chicas y preguntarles por qué estaban allí”, testimonios como este dejó María Flora, que murió a los 80 años trabajando por estas mujeres.

La mayoría eran niñas jóvenes, a las que las Hermanas de las Siervas de San José les ofrecieron una alternativa a través del proyecto conocido como “Talleres de Nazaret”, donde trabajan más de 200 mujeres rescatadas de la explotación sexual y laboral. Ellas confeccionan la ropa deportiva que después se vende como parte del proyecto de comercio justo “Ropa hecha con Amor”, de Taller de Solidaridad. “Las mujeres siguen moviendo el mundo con la solidaridad como firma y la lucha como medio. Démosle visibilidad”, finalizan desde esta ONGD.


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