Con todo en juego, Carlos Calle reconocía en la previa que esperaba un Ángel Nieto a rebosar apoyando al equipo. Y así fue. Sin llegar a ser la mejor entrada de la temporada, el pabellón presentaba un gran ambiente en un choque decisivo.

Rápidamente, la afición se enchufaba con cada gol que metían los suyos y con cada buena defensa que servía para recuperar el balón. Los goles de Ceballos, Octavio, Ander, Gastón o Cangiani levantaban a la afición de sus asientos cuando el equipo se ponía con cuatro goles de ventaja.

El equipo creía y la afición creía. Una creencia que se iría disipando cuando Granollers apretó las tuercas en defensa y el acelerador en ataque para remontar la desventaja y matar el encuentro en el inicio de la segunda parte.

De nuevo, cuando el equipo hacía atisbos de acercarse en el marcador, la afición enfervorecía. En el último minuto, conocedores del desenlace final, se iban levantando los aficionados a la par que ovacionaban y animaban a su equipo reconociendo el esfuerzo realizado no solo en este partido, sino durante toda la temporada.

Una ovación que se prolongaría durante varios minutos mientras jugadores y cuerpo técnico desolados en el centro de la pista, secándose las lágrimas agradecían a una afición que se ha volcado con el equipo en cada partido, en los buenos y en los malos momentos.

Por delante, al público zamorano le queda disfrutar de un último partido en la elite zamorana frente a Anaitasuna la próxima semana. 

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